Del encinar al pinar

Algunos barrancos húmedos presentan una exuberante vegetación, potenciada por las importantes reforestaciones realizadas. ©JJMG.Las masas forestales que actualmente se desarrollan en Sierra de Gádor se sitúan principalmente en las vertientes Norte y Oeste, estando compuestas por diferentes tipos de pinar como el carrasco, el silvestre, el negral o el laricio, que ocupa las partes más elevadas de la serranía; prácticamente en su totalidad son consecuencia directa de las intensas repoblaciones llevadas a cabo en la zona durante el último tercio del siglo y que se han visto intensificadas durante los últimos años, intentando frenar los procesos de erosión grave y desertización que afectan a la mayor parte del área, así como corrigiendo en lo posible el sistema de drenaje (correcciones hidrográficas) de la sierra en su vertiente Sur donde desembocan numerosas ramblas. La última década ha sido especialmente intensa en cuanto a la afectación por incendios forestales dentro del ámbito serrano.

En este sentido, cabe destacar que tan solo durante 1991 ardieron más de 8.000 hectáreas lo que representa un 18,8 % de la superficie de la sierra. Estas dramáticas pérdidas han llevado a las administraciones responsables a tomar medidas encaminadas, tanto a la prevención, como a la extinción de incendios forestales, entre las que se puede destacar la creación de un Centro para la Defensa Forestal en la localidad de Alhama de Almería. 

Algunas viejas encinas son testigos vivos de un pasado esplendor forestal.  © JJMG.De la vegetación forestal, que antaño debió cubrir la mayor parte de la serranía, aún se conservan pequeños rodales y pies aislados de diferentes especies de árboles y de arbustos, situados en barrancos húmedos y en lugares cuya inaccesibilidad ha permitido que hayan sobrevivido a la asolación actual que domina la mayor parte del espacio. Entre éstos destaca la encina, especie que colonizó la mayor parte de las laderas montanas constituyendo junto con otras clases de árboles, arbustos y matorrales el denominado bosque mediterráneo. Otras especies forestales de las que aún quedan vestigios son el pino salgareño o laricio, de madera muy apreciada, que soporta mayores altitudes que otras especies pertenecientes a su mismo género, creciendo bien sobre los suelos calizos de predominan en esta sierra.

También aparecen representados algunos árboles como el roble, el alcornoque, el quejigo, el serval o el nogal que se caracterizan por requerir unas condiciones de humedad significativamente mayores a las del encinar. Como en las sierras aledañas también aparece el castaño, árbol introducido desde muy antiguo por el hombre que ha sabido aprovechar, tanto sus frutos, como su madera. 

Nazareno mayor. © JJMG.El retroceso de la foresta inicial por la tala indiscriminada e ininterrumpida durante más de una centuria, que será comentado posteriormente, potenció el desarrollo de diferentes series de degradación que vinieron a sustituir al bosque primigenio y donde dominan retamas y bolinas, destacando la presencia del espino negro entre otros muchos matorrales. También abundan por estos desolados páramos atochares, tomillares y diferentes formaciones de plantas aromáticas, así como multitud de pequeñas plantas que como el nazareno mayor que transfieren colorido y diversidad dentro de la aridez predominante. 

La existencia de cumbres superiores a los 2.000 m de altitud permite el desarrollo de una flora adaptada a condiciones extremas de temperatura e insolación, que poseen un alto valor desde el punto de vista botánico.

Es en estas cotas donde aparecen diversas especies de matorrales almohadillados que resisten la nieve y el frío invernal para florecer al final de la primavera, como diversas clases de piornales entre los que destaca Vella spinosa.

Las balsas de alta montaña poseen un importante valor ecológico y antropológico. © FJAD.Uno de los hábitats más singulares de esta serranía son las pequeñas lagunas o balsas naturales, situadas en puntos estratégicos de la cuerda de la montaña, que han servido desde antaño como abrevadero de importantes rebaños ganaderos que se reguarnecían en estas alturas durante el tórrido estiaje, pasando el invierno en los llanos de Dalías y de otras zonas litorales.

Los tomillares dominan parte del tapiz vegetal. © JJMG.Además de la importancia etnológica de estos puntos, algunos constituyen refugió para especies singulares, tanto de fauna, como de flora, por lo que su conservación y protección definitiva podría constituir uno de los múltiples objetivos prioritarios que quedan por desarrollar en la zona.

La austeridad de las formaciones vegetales existentes en la actualidad contrasta su notable riqueza florística, que hacen de esta serranía una de las más singulares desde el punto de vista botánico, presentando un elevado número de especies catalogadas, así como plantas únicas o endémicas que no hacen más que aumentar su riqueza biológica. Entre estas últimas pueden destacarse Centaurea gadorense, Coronopus navasii, Lavatera oblonguifolia, Seseli intrincatum que convive con Thymus serphylloides ssp. gadorensis o Teucrium intrincatum.