Reflexiones
sobre un incierto futuro: el
problema del agua.
Cultivar
en el desierto, además de
constituir una de las características
más singulares de la agricultura
almeriense, se ha convertido en una
de las señas de identidad más
representativas e importantes de
esta provincia. Esta auténtica
revolución agrícola ha modificado
tanto el paisaje como el paisanaje
de estas agrestes tierras, antaño
casi despobladas y actualmente
convertidas para muchos en el mítico
“El Dorado”, un lugar lleno de
infinitas riquezas que los
conquistadores españoles buscaron
con vano afán en las Américas. El
“milagro” de esta “industria
agraria” radica principalmente en
la presencia de una sencilla molécula
formada por hidrógeno y oxígeno.
El
agua ha convertido a estos
secarrales en un auténtico
vergel. Sin embargo, su
presencia en las comarcas
almerienses cercanas al
litoral cubiertas por plástico
o con una alta demanda turística
es escasa, como corresponde a
las características climatológicas
e hidrológicas de la
provincia.
En
el litoral almeriense llueve poco,
menos que en ningún otro lugar de
Europa, y además lo hace de forma
torrencial, por lo que aprovechar
este fugaz recurso es tarea ardua, a
lo que hay que sumar el
“raquitismo” de los cursos
fluviales. El embalse de Benínar,
en el poniente, y el de Cuevas, en
el levante, han permitido un aumento
sin precedentes de las superficies
dedicadas al regadío, entre las que
quedan incluidas las ocupadas por
invernaderos, así como de las
urbanizaciones costeras. Sin
embargo, el carácter deficitario de
estas cuencas hidrológicas es
insuficiente para atender, por si
solo, la creciente demanda agrícola
y urbana que tienen que abastecer.
El aprovechamiento de diferentes acuíferos
ha compensado desde hace años esta
deficiencia, permitiendo mantener un
ritmo de crecimiento de la
superficie cultivada que de otra
forma hubiera sido imposible
sostener.
La
explotación continuada de estos
recursos ha provocado un déficit en
el balance que se establece entre la
carga y la descarga de los
principales acuíferos almerienses.
Esta situación ha llevado a una
sobreexplotación de los mismos, que
puede tener consecuencias dramáticas
sino se toman las medidas adecuadas
para evitar su pérdida irreparable.
En 1984 el Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación
prohibió la construcción de más
superficie de invernaderos en el
Campo de Dalías, a partir de
estudios que alertaban sobre el
elevado ritmo de explotación al que
se veían sometidos los acuíferos
de esta comarca, aunque los
resultados de esta resolución están
a la vista de todos. Lo que en aquel
entonces eran fundadas hipótesis
constituyen, en la actualidad, una
realidad irrefutable a la que hay
que añadir la contaminación que
sufren estas aguas por la acción
continuada de biocidas los cuales,
mediante su filtración con las
aguas de riego, han llegado a
alcanzar a estos manantiales subterráneos.
La salinización y perdidas
definitivas de pozos, la profundidad
cada vez mayor a las que se realizan
los sondeos y las extracciones, la
contaminación y la disminución del
volumen de las aguas continentales
subterráneas, constituyen algunos
de los signos y síntomas que
delatan esta inquietante
situación.
La
estructura y composición geológica
de la Sierra de Gádor, que actúa a
modo de una gran esponja capaz de
retener gran parte de las aguas
procedentes de lluvias y de nevadas,
permite que los acuíferos del
poniente resistan estoicamente esta
sobreexplotación sostenida. Sin
embargo, el dilatado y seco estiaje y,
sobre todo, los prolongados períodos
de sequía que caracterizan al Sudeste
ibérico están amenazando seriamente
el mantenimiento de este recurso
fundamental a corto y medio plazo, a
pesar que, sin duda, es el lugar donde
actualmente se optimiza al máximo el
uso de este bien escaso.
La
situación es mucho más grave en los
Campos de Níjar que, a diferencia de
los acuíferos del poniente que
presentan una dinámica de carga y
descarga, dependen en exclusiva de depósitos
fósiles de agua y por lo tanto,
limitados. Actualmente, el nivel de
explotación de los mismos es
insostenible y sus consecuencias
socioeconómicas tangibles. Por lo
tanto no se está hablando de hechos
hipotéticos, sino de realidades
concretas que se pueden medir y
cuantificar. Los Campos de Níjar están
asistiendo a una explosión del
crecimiento agrícola como respuesta a
la especulación derivada del Poniente
Almeriense, cuyos precios de terreno
se multiplican por diez cada cinco años
y que promueven una migración de los
rendimientos de capital generados
hacia otras zonas cercanas. El
sinsentido es que, cuando un
agricultor hace fortuna, su carácter
patrimonialista le lleva a extender su
propiedad, busca terrenos, levanta el
invernadero, y luego reclama el agua y
los canales logísticos necesarios. El
futuro inmediato de esta comarca pasa
por no aumentar la superficie de
cultivos bajo plástico, hasta que no
queden garantizadas las actuales
demandas hídricas y se planifique la
ordenación de los recursos naturales.
Esto debe traer consigo decisiones políticas
serias y responsables, ajenas al
populismo y a la demagogia.
De
lo planteado en los anteriores párrafos
se pueden obtener varias conclusiones.
La primera y principal es que Almería
necesita más agua a fin de garantizar
el presente y el futuro de la
agricultura intensiva bajo plástico y
de las demandas urbanas. Para esto hay
que saber cual es el futuro,
atendiendo no sólo a las
posibilidades de producción, sino a
la evolución censal y la situación
del mercado internacional de destino;
en este sentido, cabe destacar que el
GAT prevé la libre circulación de
mercancías con Marruecos con fecha
fija. Como ya se ha expuesto, la
demanda actual supera con creces a los
recursos hídricos disponibles, por lo
que se deben buscar soluciones
alternativas a corto y medio plazo. En
segundo lugar destaca la ausencia de
una planificación territorial, así
como de planes coherentes para la
ordenación de los recursos naturales.
En tercer lugar, parece prudente
detener momentáneamente el
crecimiento de la superficie cultivada
en algunas comarcas antes de agotar
totalmente a los acuíferos que las
sustentan, así como el propio
crecimiento poblacional que va creando
una demanda creciente.
El
Plan Hidrológico Provincial,
actualmente está en fase de
ejecución, no está exento de grandes
y graves contradicciones. La exigencia
de los representantes políticos
almerienses de la realización
inmediata del mismo es, por un lado
una demanda lógica, pero por otro no
está exenta de una notable carga
demagógica. Es curioso que estos
planes queden en el olvido durante los
periodos de bonanza climática y se
saquen a la palestra cuando el
fantasma de la sequía amenaza o
cuando se aproximan las elecciones. La
política de trasvases precisa de
inversiones multimillonarias, de obras
de ingeniería megalíticas y, sobre
todo, de tiempo suficiente para su
realización. Traer agua de la Cuenca
del Guadalquivir o del Segura no es lo
mismo que realizar la instalación de
fontanería de un edificio, que también
se lleva su tiempo. Además, este tipo
de actuaciones suele despertar
profundos sentimientos de
insolidaridad en las cuencas
afectadas. Puede recordarse aquí lo
que ocurrió a mediados de los 90, en
un periodo de sequía extrema, cuando
la Comunidad de Castilla - La Mancha
“cerro el grifo” a la Murciana
para no quedarse sin agua, sin que la
intervención del propio Gobierno de
la Nación pudiera poner remedio a
esta drástica resolución.
Recientemente, la Comunidad de
Regantes del Bajo Guadalquivir ha
manifestado su negativa a esta política
de trasvases, amenazando con
boicotearla sino se resuelven antes
sus demandas.
A
esta insolidaridad manifiesta
debemos añadir que este tipo de
situaciones son,
lamentablemente, el caldo de
cultivo idóneo para las
diatribas, las descalificaciones
y el cruce de acusaciones entre
los representantes políticos
que, con este tipo de actitudes
pueriles lo único que consiguen
es entorpecer y retrasar la
solución, ya de por sí
compleja, de estos problemas.
A
pesar de lo expuesto, Almería contará
con trasvases de otras cuencas durante
los próximos años como la ya
iniciada con el embalse del Negratín.
Probablemente, los Pantanos de Cuevas
y de Benínar quedarán comunicados,
lo que por sí solo no aporta
soluciones como algunos creen, ya que
en la situación actual es algo así
como comunicar dos vasos: uno medio
lleno y otro medio vacío. Estas
realidades futuribles no eximen de la
responsabilidad de plantear medidas
urgentes a corto plazo. Éstas van ha
pasar por la construcción de plantas
desalinizadoras, públicas y privadas,
en diferentes puntos del litoral
almeriense, capaces de aprovechar un
recurso inagotable como es el agua
marina.

