Dura realidad

Iberica2000/ Jaime Richard. 22-08-05

Por mucho que lo disimulemos, según épocas, fases, coyunturas y momentos de nuestra vida todos tenemos que hacer más o menos esfuerzos para tenernos en pie con dignidad cada día. Mi propósito no es descargar sobre los demás mis lúgubres pero lógicos presentimientos sobre esta materia para lograrlo, pero tengo el convencimiento de que es el optimismo a prueba de cordura lo que al ser humano precisamente le está haciendo trizas. Creo que es su confianza ilimitada y torpe (eso es el optimismo infantil) lo que le provoca una instintiva y al mismo tiempo interesada ceguera -léase ambición-, que le conduce a tratar a su propia biosfera de un modo frenéticamente destructor.

Ya sé que es muy duro, descorazonador, tremendo. Pero peor es cerrar los ojos, pues cerrar los ojos es lo que nos viene extirpando toda esperanza.

Lo que quiero ahora decir es que no puede haber más indicios, si no pruebas, de que la Naturaleza, Gaia, un demiurgo, el élan vital... que inspiran vida o la quitan, han decidido barrer a la península ibérica, apéndice del continente europeo, como sitio de vida.

Será cuestión de 20, 30, 40 ó 100 años, pero estas tierras ibéricas están condenadas a convertirse en puro desierto. Capricho o no de la Naturaleza, para la que la misma gravedad o lenidad tiene una roca rodando y aplastando a un pueblo entero, que la segunda articulación de la segunda pata de una hormiga quede rota por una paja, es un hecho evidente, tangible lo que está sucediendo... Inducido o no el cataclismo de la desertificación total por el mal uso, es decir, por el abuso que el hombre occidental ha venido haciendo de la Naturaleza estos últimos cien años, lo cierto es que España y Portugal están llamadas a ser vertiginosamente pioneras de un paisaje lunar con un par de ríos de mediano caudal que poco a poco se secarán también.

Dentro de 200 ó de 500 años, cuando los pocos supervivientes que queden cuenten a sus hijos la historia del pasado, referirán que la destrucción de casi toda la vida sobre la Tierra fue causada por la inconsciencia, por la negligencia o por la malicia de estas generaciones. Dirán que no se sabe a ciencia cierta cuál fue la verdadera causa, el grado de intervención de la voluntad humana en ese avatar: como tantas conjeturas hacemos ahora sobre los tiempos pasados... Pero reconozcamos nosotros, los que todavía manoteamos aquí, que entonces será indiferente que los bosques peninsulares, los de Indonesia y Brasil, los de numerosos puntos del globo donde el capitalismo atroz se ha enseñoreado de las conciencias podridas, fueran quemados por el descuido de barbacoas y fumadores, por pirómanos más o menos fingidos o por el siniestro y necio propósito acaparador de constructoras, papeleras y madereras con sede local o con sede en los centros neurálgicos del poder financiero mundial.

Y será indiferente, como ahora lo es, respecto al hecho puntual y preciso de que los dinosaurios no existen, que un meteorito fuera la causa de la desaparición de los dinosaurios, que los dinosaurios dejasen de procrear por las buenas o que se los tragase la Tierra...

 

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