La voz de la naturaleza

IDEAL/ISABEL IBÁÑEZ /MADRID / CÁCERES. 11-06-06

Joaquín Araújo abre las puertas de su finca en Cáceres, un bello y plácido reducto donde refugiarse de su ajetreada faceta de estudioso del medio ambiente y ecologista militante.

SUMERGIRSE en 'Platero y yo' produce sensaciones similares a las que experimenta el forastero en la finca de Joaquín Araújo: verle abrazado por su sauce de nueve troncos, quedarse en silencio para distinguir el gorjeo del ruiseñor o el plumaje azul del rabilargo, disfrutar con el vuelo errático de la libélula... «Mmmaaaa, mmmaaaa», llama a sus dos caballos bretones, que salen al trote y lo golpean con el testuz, mordisqueando su sombrero de paja. Les acerca un currusco de pan duro, y entonces es más fácil acordarse de Juan Ramón Jiménez y su burrillo: «Platero (...) rozaba su cabezota peluda contra mi corazón, dándome las gracias hasta lastimarme el pecho».

Con su mono verde de trabajo, es como cualquier otro hombre de campo, que abre las puertas de su casa al visitante y comparte con él los frutos de su huerta y su granja. Pero Araújo no es sólo agricultor y ganadero. Su biografía profesional más conocida comienza en 1975, cuando Rodríguez de la Fuente le llama para colaborar en 'El hombre y la tierra', serie de la que se hizo cargo cuando el naturalista falleció en Alaska en accidente de helicóptero. De esa desgracia se han cumplido 25 años. Todo este tiempo, el nombre de Araújo ha estado unido al de Félix, aunque él, por cosas de la vida, no quiera extenderse ya sobre este asunto -«He hablado demasiado de ello»-.

Ahora le toca ser la cara visible de la defensa del medio ambiente en España. Con 58 años, sus labores como naturalista de referencia, autor de unos 2.000 artículos y de 75 libros, responsable de más de 300 documentales, divulgador y ponente en más de 2.000 conferencias le han empujado a una ajetreada existencia en la que intercala apacibles temporadas en su finca Vento, alejada de todo en la comarca cacereña de Las Villuercas. Pero él necesita de estas dos facetas y dice no distinguir entre ocio y trabajo. «Desafío a quien sea a que demuestre que se ha divertido más en esta vida que yo», reta. Para comprobarlo, le acompañamos durante dos días. Éste es el resultado.

ARAÚJO EN SOCIEDAD: VIERNES

El viernes a las dos de la tarde, después de madrugar para sonorizar uno de sus documentales y de poner verde la política medioambiental de la Comunidad de Madrid en un mitin del PSOE -al que acude como independiente, señala-, Joaquín Araújo aparece en el Jardín Botánico de la capital. Llega de traje, sin corbata, acompañando al ministro José Antonio Alonso para presentar el libro 'Espacios naturales del Ministerio de Defensa'. Escrito por el naturalista y otros once colegas, busca divulgar la riqueza ambiental de los territorios de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas, alejados durante décadas del 'progreso'. Tras el discurso del político, Araújo se dirige a las decenas de militares uniformados que abarrotan la sala: «La seguridad del país pasa por proteger las fuentes de la vida. Por favor, no abandonen estos espacios, cuiden de ellos», exhorta.

Después de la charla, toca una buena ronda de canapés: «Yo debería ser vegetariano, y algún día lo conseguiré. Claro que sería más fácil con la excepción de un buen jamón ibérico y los calamares...». La comida se alarga en un restaurante mexicano frente al responsable de la editorial Lunwerg. Tiene entre manos nueve libros y el tiempo apremia, así que deberá entregar varios capítulos a su vuelta de Siria. Allí está hoy colaborando en un programa de RNE.

En su casa del barrio de Salamanca, donde acostumbra a escribir de pie en su ordenador, recoge a Ana Clara, su compañera y esposa desde hace 35 años. Lían los bártulos y los meten en el todoterreno, cargado ya con dos bidones de biodiesel: «Es que a veces resulta difícil encontrarlo en las gasolineras». A las nueve deben estar en Navalmoral de la Mata (Cáceres) para dar una conferencia ante una agrupación de montañeros sobre la reciente incorporación de Monfragüe a la lista de Parques Nacionales. Casi tres horas de viaje después, Araújo se presenta en el lugar de la charla, pero aún no ha llegado nadie. Tan sólo hay un chico, que espera en la puerta. «Hola, ¿viene a la conferencia?», pregunta el joven. «Sí», contesta Araújo.

-¿No será el ponente?

-Pues sí.

-¿Y a qué se dedica?

-Bueno, he escrito el último libro sobre Monfragüe.

Pese a la anécdota, algunos tachan a Araújo de presumido y cosas peores. «Me llegan mensajes a mi página web (www.joaquinaraujo.com) llamándome hijo de puta y cabrón, incluso me insultan llamándome poeta. Hay mucha violencia encubierta de gente que va a por ti y ni siquiera te conoce. Quizás el vivir con coherencia, el tener una honestidad, el haber cumplido tus sueños despierta la envidia. Yo no he atacado más que a los poderes, y tienen recursos de sobra para defenderse», dice uno de los 500 hombres más influyentes de España, según un diario. «Ja, ja, eso suena muy contundente».

Durante la conferencia, Araújo aprovecha para tirar con bala contra ese emporio que es Marina D'Or y echar pestes contra los pesticidas y otra docena de historias, sin bajar la vista al papel y sin fallos. «En el mundo se emplean mil veces más herbicidas en la agricultura que los necesarios». «El desarrollo sostenible empieza por uno mismo. Deshazte de esas mil cosas innecesarias». «Es un error transferir la responsabilidad de los parques nacionales a las comunidades autónomas». «España debería apostar por el biodiesel». «Nuestro país debería estar a la cabeza de la producción de agricultura ecológica»... Hora y media más tarde, los asistentes siguen preguntándole por toda suerte de cuestiones. «He visto a gente llorar porque les has emocionado. Esos son los mejores momentos». Pero son las 22.30 y hay hora y media hasta la finca. Una cena sirve para pagar sus servicios como conferenciante en esta ocasión. Y vuelta a la carretera.

PERDIDO EN EL CAMPO: SÁBADO

Después de dejar el camino asfaltado, en medio de la noche y el bosque, la temperatura ha ido bajando. Es mejor ir despacio. La abundancia de ciervos en la zona hace que en cualquier momento pueda aparecer uno. Pero hoy no se dejan ver. «Qué lástima, no vamos a encontrar ninguno, aunque el otro día tuvimos mala suerte y chocamos con una cierva». De recuerdo, la mitad de su parachoques se sostiene gracias a varios metros de cinta aislante. En 30 años, tan sólo dos o tres personas han ido a dar por sorpresa con su casa, de tan difícil que resulta el acceso. Se encuentra en la Sierra Palomera, en la comarca de Las Villuercas. El pueblo más cercano es Navatrasierra, pero desde la finca no se ven más casas que la de su hermano.

De pronto, en el centro del túnel que crea el haz de luz de los faros proyectado sobre los árboles, surge una perrilla ratonera. Es Lu dando la bienvenida. Detrás aparece la vieja Bora, una mastín adoptada con demasiadas crianzas a sus espaldas. Lo primero que hay que hacer es colocar la batería para poder encender la luz -la casa tiene paneles solares, pero los arrancó una tormenta-, y luego a dormir, que en el campo las dos de la mañana es horario prohibitivo.

Por la mañana, y pese a la frenética actividad del día anterior, Araújo está en pie desde primera hora, embutido en su buzo verde y ansioso por comprobar cómo van los tomates. «Ya ves, ayer con el lujo y el esplendor de las autoridades, y hoy con las manos manchadas de estiércol». Junto a él, en la huerta, trabaja su mujer. Revisan las plantas de patatas en busca de escarabajos. Por supuesto, no emplean herbicidas. También tienen puerros, cebollas, lechugas... Las malas hierbas van a parar a las gallinas, que se pelean por devorarlas. «Aquí se cierra el círculo. Se comen las plantas y luego vuelven a la huerta en forma de estiércol». Su producción ronda las diez toneladas anuales. Sólo trabaja el 2% de la finca, el resto es reserva biológica. Araújo ha plantado allí 20.000 árboles, lo hace ahora a razón de unos 1.000 por año. «Mira, toda esa ladera del monte dentro de la finca produce 400.000 millones de litros de oxígeno al año. Estas cosas permiten hacer el esfuerzo de trabajar aquí ocho horas al día. La ética es el arte de convertir lo difícil en fácil». Luego se afana ordeñando a las cabras. También tiene panales.

En un paréntesis, Araújo recorre su finca. Los caballos beben del lago que él construyó y que se nutre del agua de arroyos. Allí han acudido los helicópteros decenas de veces para sofocar incendios en zonas cercanas. «Pero en 30 años, nunca hemos tenido cerca el peligro». Si le preguntan qué es lo peor que le ha pasado en su vida profesional, se acordará de que, después de nueve años escribiendo una columna en un periódico, le dijeron que cambiara de estilo, «que del medio ambiente no hay que escribir de forma poética. Así que lo dejé».

Porque él se empeña en citar a Pessoa ante la plana mayor del ejército, a Camus ante el grupo de montañeros... Y en un rincón escondido de su aún más escondida finca, en la lápida que oculta los restos de su sobrina Valeria y de su padre, puede leerse un verso de Neruda de 'Amo el trozo de tierra que tú eres': «Tú repites la multiplicación del universo». Allí quiere que le entierren también a él.

 

Página de inicio