La campaña publicitaria, sabiamente unida a factores
socio-psicológicos, ha generado la aparente “necesidad” de tener un
teléfono móvil. Es habitual escuchar los pitidos de los teléfonos en
cualquier lugar, desde el supermercado hasta los bares, aunque la
falta de respeto hacía los demás llega a cotas inquietantes cuando
en una conferencia, concierto, hospital o en la biblioteca se
escucha el timbre de llamada e incluso la conversación del usuario.
Estar permanentemente “conectados al mundo” genera una dependencia
casi patológica en algunas personas. Aunque actualmente ya existen
más de 100 millones de abonados en el mundo, esto es sólo el
comienzo, las previsiones para los próximos años de nuevos abonados
dispararán esta cifra.La colocación de
antenas para dar mejor y mayor cobertura a los teléfonos móviles,
comienzan a inundar nuestros tejados , originando nuevos y serios
problemas de salud a los vecinos de la zona. Se ha comprobado, que
ante la instalación de una red de antenas de este tipo en el tejado
de un bloque, sus moradores comienzan a mostrar ciertos síntomas
característicos de la exposición a campos electromagnéticos que
curiosamente, desaparecen cuando se alejan de ellas. Los problemas
más habituales son el insomnio, las migrañas, cansancio y percepción
de zumbidos. Las compañías ofrecen a los vecinos elevadas sumas de
dinero por permitir la colocación de las antenas y la servidumbre de
paso a la azotea. Un reclamo que muy pocos se paran a pensar en las
consecuencias. Ya existen algunas Asociaciones de vecinos que han
comenzado a preocuparse por la posible repercusión sobre la salud.
Incluso algunos hoteles y hospitales, se han negado a la colocación
de la antena cerca de su edificio.
Por otro lado, los móviles, al transmitir o
recibir, emiten la radiación directamente al aire sin ningún tipo de
blindaje, ni protección, y es obvio que lo más cercano al teléfono
es la cabeza del usuario que esta en contacto directo con él. El
móvil no emite la misma dosis de radiación cuando están a la espera,
sino que llega a sus máximos picos cuando reciben o efectúan una
llamada. Es de señalar, que al encontrarse en un lugar cerrado, la
señal entra o sale con más fuerza. La radiación de microondas, entre
otros fenómenos térmicos, calienta las células de la piel y del
cerebro situadas en la proximidad del foco emisor. Algunas
investigaciones apuntan que pueden ser responsables de cánceres de
piel y de cerebro, enfermedad de Alzheimer, cataratas, problemas
nerviosos, dolor de cabeza e insomnio. Estos últimos síntomas son
bien conocidos por muchos de los usuarios de teléfonos móviles.
En un estudio realizado en Australia con un grupo
ratones, se demostró el riesgo de desarrollar un cáncer en las
células del sistema inmunitario en el grupo expuesto a radiaciones
similares a los que se expone un usuario de teléfono móvil, que en
los ratones no expuestos a ellas. El Dr. Bruce Hockingt, consultor y
antiguo jefe médico del Telstra , con sede en Malbourne, aconseja
que se limite la exposición de los niños a la radiación de los
teléfonos móviles, dado que el estudio “ha mostrado que con la
duración se produce un marcado incremento del riesgo de cáncer”. Una
forma importante de conseguirlo, sería según Hocking, impedir que
los fabricantes pudieran vender a gente joven.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha
iniciado un estudio para establecer si el uso de los teléfonos
móviles comportan un riesgo de aumento de tumores cerebrales. Los
resultados finales se conocerán dentro de varios años, mientras
tanto, los “usuarios móviles” servirán de conejillos de indias. Por
otro lado, el médico australiano Andrew Davidson, del Hospital de
Fremantle, cerca de Perth, constató un aumento del 50% de este tipo
de afección cancerígena en los hombres y de un 62,5% en las mujeres
desde 1982 y piensa que el aumento pudo estar producido por el
desarrollo de la telefonía móvil.
En principio, mientras no se demuestre
fehacientemente su inocuidad o se aporten soluciones para evitar
esta radiación tan cercana al organismo y especialmente al cerebro,
se impone la prudencia y limitar al máximo posible el uso de los
portátiles digitales. Al menos, los niños deberían alejarse de estas
fuentes de radiación. Ya es frecuente ver a niños en los colegios e
institutos con sus móviles. Los padres no deben de incentivar este
tipo de consumo, que por otro lado puede alterar la atención que
debe de prestar en los estudios.
Recientemente y debido a una investigación
encargada por el gobierno Holandés, el Instituto de Investigación
Tecnológica del mencionado país, auspiciado por tres Ministerios
más, han comparado el impacto de la radiación desde la estación base
utilizada para transmitir la señal de los móviles convencionales con
la empleada para los celulares de tercera generación. El resultado
fue que el grupo de personas expuesto a las estaciones base de
tercera generación experimentó “sensaciones de hormigueo, dolores de
cabeza y náuseas”. Este estudio es el primero en demostrar un
impacto negativo en la utilización de los móviles denominados
tercera generación, ya que al ser digitales necesitan una mayor
potencia.
Según afirma el doctor Jaume Morera, responsable
del grupo de Trabajo de la Sociedad Española de Neurología (SEN) “en
personas predispuestas –no se sabe bien porqué- y que utilizan el
móvil más de una hora al día, se han observado algunos casos de
dolor de cabeza, quemazón en la piel, disminución de la audición y
visión borrosa en el ojo más cercano del teléfono”. Morera apunta:
“se ha visto que en algunas personas se podría relacionar el uso del
móvil con estos síntomas, pero no disponemos de estudios
epidemiológicos que nos apoyen, y el empleo de estos teléfonos es
tan común que es difícil adjudicar una causalidad”.
Seamos precavidos hasta que estudios serios e
independientes de los gobiernos nos den sus conclusiones y nunca
permitamos que nuestros hijos de menor edad tengan un móvil para uso
frecuente. Ignoramos los peligros y al menos ellos deben estar lejos
de ellos.
Tardaremos muchos años hasta que sepamos algo.
Existen muchos intereses. Basta sólo conque echemos un vistazo a
nuestro alrededor y a las grandes superficies comerciales, para
darnos cuenta de la magnitud de este problema. Seamos prudentes.
Nuestra calidad de vida esta muy vinculada con la salud y por lo
visto, nadie mira por ello.