De la democracia a la libertad

Ideal. 07-12-03

MARCELO MORICONI/

La vida, una extensa autovía donde las señales de tránsito se convierten en dogmas, mitos, idealizaciones y guías. Algunos viajan en sus vehículos con GPS, otros prefieren caminar sin mapas ni equipajes, muchos quisieran pertenecer al grupo contrario, opuesto, diferente mientras se preguntan cómo será, cómo se atreven. Todos buscan la libertad pregonada desde los sistemas de gobierno. Porque si algo queda claro es que la única libertad posible en el mundo institucionalizado está diseñada y constituida por normas, constituciones y leyes. Más aún, los países también marchan por la carretera de la vida: algunos hacia el norte, otros en contramano, muchos queriendo ser libres.

Una libertad que, según dicen en el siglo XXI, se resume a democracia. Abraham Lincoln, presidente de Estados Unidos en 1860, fue conocido por su fe en la democracia y la libertad del hombre. Lincoln consideraba que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. El teórico italiano Norberto Bobbio entiende que la democracia se funda en el consenso, en el respeto y el establecimiento de reglas de procedimiento para ver quién gobierna y cómo lo hace.

Conceptos. Ideas pregonadas desde el sentido común. ¿Qué es lo que busca 'el pueblo' de Lincoln? ¿Cómo se gobierna según Bobbio? Las propuestas podrían parecer contradictorias si se tiene en cuenta la proposición anarquista «la igualdad sin libertad lleva al despotismo de Estado», que determinó que los socialistas echaran a Mijail Bakunin de la Primera Internacional en Londres, en el año 1864. Pero justamente de eso se trata, de no ser dogmático. Aunque, ¿qué es la libertad?

Durante el discurso que eligió para recibir el Premio Nobel de Literatura en el año 1982, Gabriel García Márquez se dirigió a los eternos jueces del mundo; aquellos que suponen conocer racionalmente los problemas políticos estructurales de cada región y analizan las sociedades a partir de esos dogmas tan de moda que en la actualidad se podrían encuadrar bajo el título de 'parámetros occidentales'. El escritor remarcó que: «Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos...». Los comprensibles estragos a los que se refería García Márquez en Suecia eran el apoyo a dictaduras atroces y asesinas con el fin de erradicar democracias de 'baja intensidad' y movimientos guerrilleros, no por ser violentos y contradictorios sino porque viajaban a pie y dejaban los coches con GPS para sus enemigos.

Es imprescindible medir con la misma vara para que la libertad sea una convención estereotipada a base de conceptos abstractos. Democracia, igualdad, fraternidad, independencia, libertad, todo es lo mismo, todo se relaciona. Los líderes del mundo actual, y de las democracias, sostienen que todo se trata de una cuestión de 'soberanía e integridad'. El teórico norteamericano Frederick Hartmann entiende a la soberanía como «la capacidad de un Estado para decidir con independencia». La misma independencia dimensionada por los postulados de los organismos internacionales, allí donde la ONU se despierta de su sueño de convertirse en un gobierno mundial.

Con organismos mundiales, o sin ellos, el mundo sigue siendo una vorágine de violencia e injusticia. No es necesario entrar en mayores detalles. Samuel Huntington, un intelectual de las esferas de la Casa Blanca, considera que, una vez agotado el choque ideológico con el fin de la Guerra Fría, ahora lo que viene es el choque de civilizaciones. El autor cataloga a la Guerra Fría como «una guerra civil dentro de occidente». Ahora, Huntington prevé que los nuevos conflictos mundiales estarán marcados por la puja entre las civilizaciones occidentales y orientales. Y dentro de las orientales destaca a dos como las más importantes: por un lado la 'confuciana' china -adaptada a occidente- y por otro el islamismo -al que califica como 'hostil' frente al oeste del mundo-. «Así como, durante la Guerra Fría, Europa estaba dividida por una cortina de hierro, ahora está dividida por una cortina de terciopelo cultural, que es la línea divisoria más importante del continente».

Y nuevamente, veinte años después, la preocupación de García Márquez toma vigencia: la misma vara para estructuras de pensamiento totalmente distintas, diferentes objetivos, diferentes modos de vida, distintos valores, necesidades y preocupaciones. La libertad, si existe eso llamado libertad, no puede ser nada más que algo fundado en el respeto, la tolerancia y la consecuencia. Respetar, tolerar y ser consecuente con los objetivos, personales y ajenos. La libertad, si existe, se contextualiza con la paz. Aunque unos elijan viajar en coches y otros a pie, pero permitiendo que todos elijan su modo de viajar, con soberanía e independencia.