El Desarrollo depende del tercer mundo

Portal del Medioambiente. 26-09-06

Alberto Gutiérrez
Centro de Colaboraciones Solidarias

El precio de los recursos naturales más importantes en el mundo se ha triplicado desde 1999. Así lo marca el índice Goldman Sachs, que mide el precio de las 500 materias primas más importantes en el mundo, entre los que destacan el petróleo y el gas, pero también otros como el aluminio, el cobalto o el zinc. Las mayores reservas de gran parte de estos recursos se encuentran en países del tercer mundo.

Sistemas de calefacción y aire acondicionado utilizan cobre. Una lata de coca-cola o una caja fuerte contienen manganeso. Los aviones y los automóviles se fabrican con aluminio. En definitiva, todos los avances tecnológicos dependen de una serie de recursos naturales cuyo precio se multiplica cada año.

La irrupción de China en los mercados mundiales desde hace diez años ha alterado el statu quo tanto en la demanda como en la oferta de recursos naturales. Además de ser un consumidor insaciable, China es el mayor exportador de muchos de estos recursos necesarios para el desarrollo como el carbón o el aluminio. Este cambio supone una auténtica revolución. Los altos precios del crudo han permitido, por ejemplo, que Venezuela –quinto exportador de hidrocarburos del mundo- se encuentre en una situación de poder energético que nunca había tenido en su historia. Desde que Hugo Chávez está en el poder ha invertido en América Latina más que Estados Unidos y ya prepara su gran proyecto energético: la construcción de un gaseoducto titánico hacía Brasil y Argentina, de unos 20.000 millones de dólares y otro hacia Colombia de unos 300, según el diario español El Mundo. De hecho, según la revista Times, el mandatario venezolano es una de las 100 personalidades más influyentes del mundo en 2006.

Otra de las razones fundamentales del incremento de los precios de las materias primas es la situación geográfica donde se encuentran. África es una gran fuente de recursos naturales necesarios para los países desarrollados. Esto convierte a muchos países africanos en presas fáciles de los intereses de muchas multinacionales. La República Democrática del Congo - rica en cobre, cobalto, coltan, oro o zinc-, Sudán o Guinea Ecuatorial -que ha descubierto petróleo-, sufren de manera constante guerras civiles, así como el tráfico de armas y de personas. Las multinacionales subvencionan golpes de Estado y revoluciones a cambio de un trato preferente en la venta. Pero ¿Cuántas vidas cuestan un barril de petróleo? ¿Cuántas armas se necesitan para una vacuna?

El mundo es como un ser humano que no puede caminar. Mientras el cerebro del norte piensa en la mejor forma de aprovechar todos los nutrientes de sus piernas del sur, el tronco amoratado se ahoga con el cinturón de la injusticia y del hambre. En este contexto, los países menos desarrollados, conscientes de su poder, comienzan a marcar la pauta en los precios de las materias primas que les pertenecen.

China, Rusia y Venezuela son los tres países que representan este nuevo poder. El gigante energético ruso Gazprom suministra gas a más de un cuarto de países de la Unión Europea (UE) y dentro de ésta la dependencia es casi total para ocho países de la antigua órbita soviética. Por eso, cuando José Manuel Durấo Barroso, presidente de la Comisión europea, insinuó que el monopolio ruso debía adaptarse a las reglas del juego comunitarias de competencia y a la Carta de la Energía, el primer ministro ruso Vladimir Putin comenzó a vender gas a China. Los recursos naturales y la energía se convierten así en uno de los vagones delanteros de la política internacional y para lo que se requiere un nuevo tipo de diplomacia y la búsqueda de formas alternativas de energía.

Los países en desarrollo deben tomar conciencia de su nuevo poder. Sus ciudadanos confían en los gobernantes para que erradiquen el hambre, tengan una educación básica y reciban un mínimo de asistencia sanitaria. El mundo pasa por un momento de incertidumbre: sin líderes capaces de dirigir una oposición clara al neoliberalismo occidental, con unas reglas injustas en los mercados mundiales y cuando la sombra de la guerra amenaza la propia estabilidad del mundo.

 

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