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Decisiones en el medioambiente El Caribe – República Dominicana-. 17-08-04 Fran Araujo Sólo la unión de ciudadanos, funcionarios y empresarios puede fomentar una mejor toma decisiones sobre el medio ambiente y así satisfacer las necesidades de los ecosistemas y la población con equidad y equilibrio Trescientos cincuenta millones de personas dependen directamente de los bosques para su supervivencia, el 65% de las tierras agrícolas mundiales presentan degradación del suelo; la alimentación proteínica de 1.000 millones de personas depende del pescado, mientras que el 75% de los bancos de pesca están explotados en el límite biológico y el 41% de la población vive en cuencas fluviales con aguas degradadas. Estos problemas medioambientales ya no son peligros que debemos resolver a largo plazo. Las decisiones han de tomarse con urgencia porque cada día que pasa la situación se agrava. Como decía la película francesa “El odio”, estamos cayendo desde una ventana y nos preguntamos insistentemente cuándo llegaremos abajo, cuándo llegaremos abajo... La Tierra no tiene un director general, ni un consejo de administración. Tampoco un equipo directivo encargado de gestionar los recursos de forma responsable o de mantener en buen estado las factorías de la vida: bosques, granjas, océanos, pastizales y ríos que sustentan nuestro bienestar. No tiene un plan empresarial para un futuro sostenible. Los ciudadanos deben estar informados de la realidad medioambiental y que ésta debe pasar a un primer plano informativo. Los únicos problemas medioambientales que tienen cobertura en los medios de comunicación masivos son los desastres naturales. Sin embargo, el primer paso para mejorar la situación es una ciudadanía informada. Si los peligros son globales, las decisiones tienen que serlo también, pero han de anclarse en lo local. La construcción de una presa o la tala de un bosque no pueden decidirse sin tener en cuenta a las personas a las que afectará. En los asuntos de interés internacional, como el estado de la Amazonia, pulmón de todo el planeta, las decisiones no son gubernamentales, nos atañen a todos y, por lo tanto, todos somos responsables. Es necesaria una política empresarial responsable y una preocupación gubernamental que controle su actividad y ponga trabas a la facilidad con la que actualmente se contamina. El medio ambiente debe ser un factor de primer orden en la toma de decisiones de cualquier gran negocio, recurso o decisión sobre desarrollo económico, en lugar de marginarlo como algo que debe protegerse sólo después de que los impactos adversos hayan ocurrido. La idea de "el que contamina, paga" es insostenible. De este modo, las empresas se pueden permitir atentar contra el ecosistema, porque el precio de la multa es más barato que el de la reforma para la reducción de agentes contaminantes. Poco a poco se va gestando una corriente de opinión internacional que, junto al esfuerzo de las Organizaciones de la Sociedad Civil, va concienciando a la gente de la necesidad de tomar medidas con urgencia porque la situación se hace cada vez más crítica.
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