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TORTUGAS, ESPADAS Y MILLAS DE PALANGRE Oceana. 16-09-04 Relato de Carlos Pérez, biólogo de Oceana, durante 10 días a bordo de un palangrero para documentar las capturas accidentales en el Mediterráneo 17 de agosto Una embarcación neumática, botellas de buceo, cámaras submarinas, marcas para tortugas y un equipo completo de extracción de anzuelos donado por la NOAA (Administración Nacional para los Océanos y la Atmósfera en Estados Unidos). A las ocho de la mañana Oceana zarpa desde un puerto mediterráneo a bordo de un barco de palangre. Nuestro objetivo es documentar las capturas accidentales de tortugas marinas y probar nuevos sistemas para reducir drásticamente estas capturas. La tripulación se ha ofrecido a colaborar con Oceana. Ellos tampoco desean dañar a estos bellos animales, ya amenazados gravemente por la urbanización de las playas donde se reproducían, antes de que invadiésemos con hormigón y riadas humanas lo que constituye su única posibilidad para continuar poblando los mares del planeta. A las 14:50 horas 1.200 anzuelos en palangre, que cubrirán unas 12 millas marinas (cerca de 22 kilómetros), comienzan a ser lanzados por la borda con rapidez por una tripulación que parece capaz de realizar su trabajo con los ojos cerrados. Dos horas y media después toda la jarcia queda en el agua. El patrón, la despide con una oración ritual y pone rumbo a la costa. Es hora de comer y dormir hasta la hora de recoger de nuevo la jarcia. 18 de agosto A la una de la madrugada contactamos de nuevo con el extremo del palangre y comienza una labor de ocho horas para cobrarlo a bordo, recogiendo lo capturado. Siete veces se escucha el grito de …¡mocho!... y siete peces espada (Xiphias gladius) pasan a la cubierta del palangrero. Nos asombra el tamaño. Ocho, diez, catorce kilos … Charlotte Hudson (bióloga de Oceana en Washington parte de la expedición) me mira y exclama “nunca vi peces espada tan pequeños cogidos a un palangre”. No hay más. Otras veinte o treinta veces se escucha …¡chucho!... y en cada ocasión una pastinaca (Dasyatis pastinaca) viene prendida al anzuelo. El pescador que recoge las capturas tiene que golpearlas contra la borda del barco hasta arrancarles el anzuelo. Lo hace sin acercar la mano demasiado, para evitar un venenoso aguijonazo que podría mandarle al hospital, como ya le ocurrió hace unos cuantos días. Generalmente la mandíbula de la pastinaca queda arrancada del animal moribundo y prendida al anzuelo. “¿Por qué “mocho” patrón?” “Mira, cuando yo empecé a pescar, todo lo que bajaba de 140 o 150 kilos no se vendía, se regalaba a alguien que te hiciese un favor o que lo necesitase. A ese pescado pequeño que no servía para vender le decíamos “el mochico”. Ahora prácticamente solo se sacan “agujas” de algunas decenas de kilos como mucho. Todos son “mochos” …” “¿Cómo podéis sobrevivir ahora con esta disminución tan brutal del tamaño del pescado?” “Pues muy sencillo, como hay menos cantidad de pescado el precio sube y nosotros, mientras pesquemos unos doscientos kilos o más por lance, seguimos haciendo el jornal, pero esto va para abajo, esto se muere, hay que hacer vedas para que se recupere …” A las cuatro de la tarde se inicia un nuevo lance. De nuevo 1.200 anzuelos van a la mar y vuelta a empezar. Botamos la neumática y filmamos la maniobra. En una hora aproximadamente el palangre ha quedado de nuevo largado y retornamos al barco. Vuelve a ser el momento de comer el rancho de a bordo y tratar de descabezar un sueño en espera de la siguiente recogida. 19 de agosto Sobre las dos de la madrugada volvemos al chicote del palangre y comienza la recogida de este segundo lance. Casi tres horas después el pescador que recoge capturas grita …¡tortuga!... Una tortuga, victima no deseada, ha mordido la carnada quedando el anzuelo atravesado en su lengua. La izamos a bordo, no sin dificultad, y nos preparamos para extraerle el anzuelo, tomar sus datos específicos, dimensiones, parásitos. Es una tortuga boba (Caretta caretta) de unos 55 cms de longitud y unos 16 kilos de peso. El anzuelo que atraviesa su lengua es extraído con unos alicates tras inmovilizar las mandíbulas de la tortuga y cortar “la muerte” del anzuelo con una cizalla. Marcamos a nuestra atribulada y hermosa tortuga y la liberamos de nuevo en su medio natural, conscientes de que sólo la suerte la librará de caer de nuevo en otro anzuelo. Seguramente la próxima vez no tendrá la suerte de poder ser liberada de él, enfrentándose a un destino terrible con un anzuelo alojado en su interior intentando sobrevivir, respirar, nadar y alimentarse. Un tanto por ciento muy importante muere y no logra superarlo. Otras consiguen aguantar hasta que el anzuelo se destruye, se enquista en su interior o logra expulsarlo finalmente. Los pescadores dicen que ellos solo pueden arrimarlas al barco lo más posible y cortar “la tripa” (hilo de nylon más fino) que conecta el anzuelo con “la madre” (línea gruesa de nylon de la que penden las tripas con anzuelos). Para ellos es un problema que las tortugas queden enganchadas al palangre, al igual que los “chuchos”. Entienden que los pobres animales son víctimas accidentales de su actividad y recibirían con agrado una solución para que no cayesen enganchadas. Comenzamos a hablarles de los nuevos anzuelos circulares que pretendemos probar. En Estados Unidos los pescadores los están usando. Pescan igual o mejor el pez espada y las tortugas no quedan enganchadas al morder la carnada. Si alguna queda enganchada el anzuelo no es tragado y su extracción es fácil. Nos miran con cara de “¡vaya cuento amigo!”, pero quieren probarlo... que “lo mismo ...” El lance ha terminado con 12 peces espada, una lampuga (Coryphaena hippurus), y nuestra primera tortuga liberada. A media tarde damos comienzo a nuestro tercer lance que acabará sobre las cinco y media, tras lo que nos dirigimos a puerto a descargar el pescado almacenado en bodega. 20 de agosto A las 01:30 horas nos aprestamos a recoger el tercer lance que traerá a bordo 10 peces espada y otra lampuga. Como cada vez, día tras día, otras 20 o 30 pastinacas caen en el palangre y son devueltas al mar moribundas en su mayoría. No hay espadas de tamaño mayor de esos 10 o 20 kilos. “Nosotros, los que pescamos al aire, matamos a los hijos…”, dicen los tripulantes, “Y los que pescan a fondo matan a los padres. Pescar a fondo es ilegal, pero se las han ingeniado para hacer bajar los anzuelos con pesos, y se hace …”. ¿Por qué se pesca a fondo?, preguntamos. “A fondo se sacan espadas más grandes, pero la mayoría hay que tirarlas porque la pulga de mar las ataca muy rápido y cuando los sacas la carne está comida o muy blanda y muchos no valen para la venta…” El calado del siguiente lance de palangre comienza a las cuatro de la tarde y finaliza a las 18:30 h. Buscamos tierra y descansamos unas horas en puerto. Todas los horarios de faena tienen que estar en función de las zonas de faena de “las vacas” (barcos que pescan al arrastre). Si el palangre está largado en una zona por la que faenan los arrastreros hay que retirarlo antes de que pasen sobre el rompiéndolo y enredando toda la jarcia. 21 de agosto Son las cinco de la madrugada y volvemos a hacernos a la mar buscando el radioemisor que nos indicará la posición del extremo del palangre que vamos a recoger una vez más. Contactamos con la “pila” (radioemisor flotante) sobre las seis de la mañana. Allá vamos otra vez. Mil trescientos anzuelos por la proa y una previsión de viento Nordeste fuerza cuatro y marejada. El resultado serán once espadas tras seis horas de recogida. ¿Qué pasa con los mochos que caen y tienen talla menor de la permitida? “Es muy jodido. Nosotros usamos el tamaño de jarcia y anzuelo legales, lo que la Administración nos obliga. Cuando cae un mochico muy pequeño, ya va muerto. Si lo tiramos al agua se pierde inútilmente y ha muerto para nada. Si lo dejamos a bordo para comerlo y nos para la Guardia Civil nos cae una multa. Digo yo que me podrán multar si la jarcia que uso es ilegal, pero si con la jarcia legal caen mochos muy pequeños la culpa será de que la jarcia legal es demasiado pequeña…¿qué ganamos con tirar el pescado ya muerto a la mar? … Antes pescábamos con anzuelos más grandes, …¡que lo vuelvan a cambiar!...” Les comento que, en otros lugares, cuando empiezan a caer ejemplares de talla menor a la permitida cierran el área hasta que los ejemplares tienen la talla permitida. Mientras se rumian el comentario ponemos rumbo a puerto con una buena marejada del Nordeste. 22 de agosto A las diez de la mañana zafarrancho y enfilamos la bocana para realizar nuestra quinta calada de la jarcia. Esta vez vamos a meter los nuevos anzuelos circulares para ver como funcionan. Disponemos de unos veinte (lo que supone un 1,5 % del total de anzuelos que vamos a calar). La tripulación está dividida al 50%. “Ahí no puede caer pescado, tienen una forma muy rara…”,”…yo creo que sí que engancha, ¿por qué no…?” Sobre las cuatro de la tarde comenzamos a calar. Quizá es la primera vez que se van a utilizar anzuelos circulares en nuestras aguas. Al menos nuestros pescadores nunca habían oído hablar de ellos antes. A las siete de la tarde hemos terminado de calar. Se cruzan apuestas y el patrón se juega unas cervezas a que no cae ningún espada en los nuevos anzuelos. Aceptamos la apuesta con expectación. Cayendo la noche hablamos en cubierta de las muchas veces que en plena temporada de paso de tortugas han sacado 10, 15 y hasta 25 y 30 enganchadas en un mismo lance de palangre, y lo bueno que sería evitar este daño a las amenazadas poblaciones de estos extraordinarios y apacibles reptiles marinos, esforzados viajeros hasta lo increíble. 23 de agosto Son casi las dos de la madrugada cuando comenzamos a virar la jarcia de este quinto lance que esperamos que muestre a nuestros compañeros pescadores la viabilidad de nuestra propuesta de nuevos anzuelos circulares. A las ocho de la mañana recuperamos otra nueva tortuga boba caída en el anzuelo de uso común hasta ahora en el palangre. Ya presenta una herida vieja de otro anzuelo anterior que le atravesó el cuello y seguramente le fue extraído. Procedemos a su liberación tras tomar todos los datos, marcarla e intentar extraerle el anzuelo sin conseguirlo. Venía “embuchada” (el anzuelo está muy dentro, en el esófago). No queda más remedio que cortarle el sedal lo más corto posible y liberarla esperando que las fuerzas no le fallen y logre superarlo por sus propios medios. A las 08:41 horas, casi terminando la recogida de este quinto lance y en posición N37º41,890’ – W000º17,535’ sacamos el primer espada caído en un anzuelo circular. Es un ejemplar de los de mayor tamaño que se han sacado. La captura total ha sido de 20 ejemplares. Si hubiésemos capturado 60, uno de ellos podría haber mordido uno de los nuevos anzuelos por pura probabilidad (1,5% de anzuelos circulares). Es sólo una prueba no significativa pero los nuevos anzuelos han triplicado la efectividad de los actuales. Lo más importante es que el patrón ha perdido unas cervezas comprobando que los anzuelos circulares son capaces de capturar espadas y ahora coge los anzuelos y los examina con interés pensando que quizá tiene algo realmente especial que nadie aún conoce por estos lugares: “¡ joder, nunca hubiera yo pensado que esto podía coger pescado…!” A bordo todo son especulaciones sobre si ha sido algo casual y sobre las adaptaciones que se harían en las artes para manejar estos nuevos anzuelos. Tras el rancho y el escaso descanso de rutina calamos una sexta vez. Ahora quedan diez y ocho anzuelos circulares en la línea de 1.300. A las cinco de la tarde terminamos la calada y nos dirigimos a puerto por unas horas. 24 de agosto De madrugada zarpamos de nuevo rumbo al palangre, que comenzamos a recoger sobre las cinco de la mañana. Casi a medio día recogemos la tercera tortuga boba y procedemos a su marcado y liberación tras los procedimientos habituales. Esta vez llevaba el anzuelo clavado en el paladar y ha podido ser extraído sin dificultad. Cuando terminamos la recogida tenemos a bordo un total de 40 espadas, uno de los cuales ha venido de nuevo capturado en un anzuelo circular (ya solo quedaban 18 en la línea de 1.300). Ahora ya nadie duda a bordo que los anzuelos funcionan, y todos se manifiestan interesados por hacer pruebas más determinantes que comparen la eficacia de unos anzuelos frente a otros y que muestren que disminuyen la captura accidental de tortugas. Como la captura anterior ha sido buena, calamos casi inmediatamente de nuevo el palangre en la misma posición, esta vez aumentando hasta unos 1.500 anzuelos, terminando a media tarde y dirigiéndonos a puerto por unas horas. El patrón guarda un par de anzuelos circulares de muestra y los enseña al armador cuando tocamos tierra. Le comenta que eso realmente pesca y quizá en su cabeza comienzan a imaginar que pronto podrían ser los anzuelos habituales en nuestra flota de palangre. 25 de agosto De nuevo en la madrugada salimos en busca del palangre. Tras la recogida, la captura será esta vez de 24 espadas, una palometa (Trachynotus ovatus) y dos marrajos (Isurus oxyrinchus). Esta vez, además de las habituales dos o tres decenas de pastinacas, una manta (Mobula mobular) ha caído en uno de los anzuelos. Los pescadores cortan el sedal y el armonioso animal nada de nuevo en busca de la profundidad y su oportunidad para sobrevivir al anzuelo que le acompaña. Casi a la una de la tarde calamos el octavo y último lance de nuestra estancia a bordo y nos dirigimos a puerto casi haciendo ya la maleta y dejando de nuevo libre todo el espacio que hemos ocupado durante estos días y que tan amablemente nuestros pescadores han compartido con este pequeño grupo de Oceana. Solo nos queda una recogida por compartir y vamos hablando ya del año que viene y de posibles ideas para trabajar por la protección de las tortugas y la recuperación de la pesquería de pez espada. Pasamos las últimas horas en puerto compartiendo cervezas y buenos deseos de futuro. 26 de agosto Como ya estamos habituados, las primeras horas de la madrugada nos sorprenden recogiendo este octavo y último lance. Al alba una nueva tortuga boba es recogida del palangre: “ellas comen de día dicen los pescadores, como los chuchos…”. La izamos a bordo. El anzuelo se encuentra a medio camino entre la extracción fácil y el embuchado irremediable. Probamos el equipo de extracción y, no sin grandes dificultades, logramos extraer el anzuelo esta vez. Lo cierto es que es demasiado difícil y el animal sufre bastante stress y desgarros. Mejor ser devuelto al agua libre de anzuelo que con él, pero mejor aún sería que el uso generalizado de los nuevos anzuelos circulares impidiese que tan grande número de tortugas sufriesen la captura accidental. Tras la ficha y marca de rigor, acercamos a la borda a nuestra sufrida amiga acorazada. Aletea frenéticamente cuando ve el agua, su medio natural, la dejamos caer y vemos con una mezcla de satisfacción y amargura cómo se sumerge con energía camino de su amenazado e incierto destino. |