Los científicos que desentrañaron los secretos del olfato, Nobel de Medicina

IDEAL/JULIO ARRIETA/MADRID. 05-10-04

Los estadounidenses Richard Axel y Linda B. Buck descubrieron cómo funcionan los receptores que permiten reconocer diez mil olores

Dos científicos estadounidenses que desentrañaron el funcionamiento del olfato humano han merecido el premio Nobel de Medicina y Fisiología 2004, dado a conocer ayer por el Comité Nobel del Instituto Karolinska, en Estocolmo. Richard Axel y Linda B. Buck merecen el galardón «por sus descubrimientos pioneros acerca de los receptores del olfato y la organización del sistema olfativo». Axel y Buck, que han trabajado juntos y por separado a lo largo de los años, podrán repartirse al 50% los 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros) con los que está dotado el Nobel. Richard Axel, de 58 años, enseña patología y bioquímica en el Instituto Médico Howard Hugues, en la Universidad Columbia de Nueva York. Linda B. Buck, de 57 años, es profesora de microbiología e inmunología y trabaja en el departamento de neurobiología de la Universidad de Harvard, en Boston.

Hasta que se dieron a conocer las investigaciones de los dos galardonados, «el olfato era un misterio», según subrayó ayer Sten Grillner, uno de los expertos de la institución sueca, al anunciar el fallo. Los científicos ignoraban de qué modo el cerebro identifica los olores y almacena el recuerdo de hasta diez mil sustancias odoríferas.

Axel y Buck publicaron en 1991 un estudio revolucionario que empezó a arrojar luz sobre la cuestión. La pareja de científicos descubrió una familia genética integrada por 1.000 genes que determinan la actividad de los receptores olfativos, proteínas situadas en las células del epitelio nasal, es decir, el tejido que reviste el interior de la nariz. Cuando las moléculas que forman los olores son aspiradas, pasan por esas células y sus receptores.

Según el estudio de Axel y Buck, cada célula tiene un tipo de receptor especializado en reconocer una serie limitada de sustancias. Cuando estas células detectan el olor, envían la información al cerebro directamente, en forma de impulsos eléctricos, a través de minúsculas hebras de tejido nervioso. La información llega a una zona del cerebro conocida como bulbo olfativo, desde donde es redistribuida a otras áreas. Allí se combina con los datos ya archivados.

Este sistema permite que el número de sustancias que el ser humano puede reconocer mediante el olfato sea enorme. «Es así como podemos ser conscientes del olor de una lila en primavera y recordar esa memoria olfativa de ocasiones anteriores», explican los expertos del Comité Nobel del Instituto Karolinska.

Tal y como explicó Hans Jornvall, secretario de la institución, el nombre oficial del premio es de Medicina y Fisiología. El trabajo reconocido este año entra dentro de este segundo campo, es decir, el estudio de los organismos vivos. «Este galardón -indicó- reconoce la investigación de un sentido que usamos todos los días». Tomas Olsson, miembro del Comité, aclaró que los trabajos de Axel y Buck no tienen aplicaciones médicas terapéuticas. «A día de hoy no vemos ningún uso de estos descubrimientos en el desarrollo de nuevos medicamentos, pero bien podría llegar a darse en el futuro», sugirió.

Axel, asombrado

Entrevistado por la radio pública sueca al poco de conocerse la noticia, Axel afirmó sentirse «asombrado y muy honrado». «No es algo en lo que estuviera pensando, ya que me concentro en mi trabajo científico». El sabio explicó que lo primero que iba a hacer tras conocer la noticia iba a ser «tomarme un café».

El Nobel de Medicina es el primero que se da a conocer este año. Hoy le sigue el de Física y mañana el de Química. El Nobel de la Paz, otorgado por el Parlamento noruego, llegará el fin de semana. El de Economía, decidido por el Banco de Suecia, se conocerá el lunes, mientras que el de Literatura no tiene fecha conocida todavía. La ceremonia de entrega tendrá lugar el próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel.

 

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