"HIJO DE LA GUERRA"

 

Manuel Francisco Matamala García

01-02-03

Manuel Francisco Matamala GarcíaSu respiración es entrecortada; en sus ojos hundidos una expresión entre miedo, tristeza y súplica; los pómulos salientes, las mejillas hacia adentro, la nariz afilada y fría, la piel de aspecto cetrino, sudoroso y sucio, por ropa jirones.

Con pulso tembloroso bebe en una lata abollada un líquido caliente mezcla de agua pestilente, sal, tierra y hierbas intentando saciar la injusticia de su hambre. "Niño" ha olvidado lo que es jugar; las pocas energías que le quedan las usa para buscar entre escombros humeantes algo con qué cubrir su cuerpecillo y alejar el frío de sus huesos o algo que pudiere saciar su hambre. A veces de los ojos sin brillo le brotan lágrimas y dos líneas de moco verdoso cubren verticalmente su labio superior.

"Niño" ya no es hijo de nadie... algunos no sin cierto sarcasmo cruel, lo apodan "hijo de la guerra". Sus heridas huelen de forma pútrida y los habitantes de "Mundo" se horrorizan al ver su imagen, se compadecen por un momento en el tiempo de él, pero sigue allí. Sólo los "limpios de corazón" quieren apartar a la criatura de la locura de "Hombre", pero "los lucidores de medallas y uniformes" a las órdenes de políticos ansiosos por arrebatar lo que no les pertenece, deciden que no sea, y en su afán irresistible de destrucción y usura, hacen aún mayores las murallas invisibles de balas, bombas y fuego aumentando más y más la distancia.

"Niño" se duerme... en su sueño ve, para asombro suyo, que las guerras ahora la dirimen los generales y políticos de los distintos bandos, montándose cada uno en un misil,  ganando la contienda el que se aleja antes y más lejos de "Mundo". Sueña con su padre que lo abraza entre sus fuertes brazos y en su madre que lo alimenta y alienta con su cariño.

Una explosión lo despierta sobresaltado... su respiración es entrecortada; en sus ojos sin brillo, la expresión de miedo, tristeza y súplica... Él había sido uno de los elegidos.

Mira con ciego espanto a su alrededor profiriendo al tiempo un aterrador grito. Unos brazos rodean todo su tembloroso cuerpo bañado en frío sudor y al oído oye una voz dulce en un idioma que no entiende que lo intenta tranquilizar.

La explosión esta vez no había sido "la voz de la Bestia", sino un inoportuno petardo. "Mujer", ahora su  madre, siente su corazoncillo latir fuertemente.

Abriendo de nuevo los ojos, vuelve a mirar entre lágrimas a su alrededor y ve a los "limpios de corazón"...Él es uno de los elegidos; otros quedaron allá atrapados por la zarpa de lo irracional.