LA RECOGIDA DE ACEITUNA EN LAS ALPUJARRAS

©Jesús M. Contreras. 15-12-03

El olivar. ©Jesús M. Contreras.Aún existe, y hemos de preservarla; es nuestra Almería, nuestra Almería de siempre, tendida bajo mil nombres y junto al lecho de centenares de arroyos y ramblas.

Hoy viajé allí donde Alá marcara otrora sus designios, y donde sus moradores dejaran su imborrable e imperturbable impronta de acequias y almazaras, de bancales y aljibes, que han sustentado el paso secular de tantas  civilizaciones que posteriormente han habitado estos parajes. Os hablo de mi Alpujarra, de mi querida Alpujarra.

Hoy tuve la ocasión, una vez más , de dirigirme a la anualmente tradicional recogida de la aceituna, ocasión en que las familias se reunían y se reúnen para compartir quehaceres y labores en lo que hoy casi se ha convertido en folklore, pero que en un pasado no demasiado lejano (y en algunas ocasiones aún hoy) era una de las bases del sustento de la familia: la  extracción del jugo de la oliva, para posteriormente almacenarlo y ser utilizado en la preparación de los alimentos.

Subíamos por el valle del Andarax, a la altura de la villa de Alhama, discerniendo sobre la posibilidad de una equilibrada coexistencia entre la moderna cultura agrícola del invernadero y la tradición de los cultivos a aire abierto, llegando a la conclusión de que los tiempos actuales exigen a nuestras gentes el concepto de competitividad, y de que no sólo los urbanitas somos los que tenemos derecho a disfrutar de los placeres de la sociedad del bienestar. El huerto. ©Jesús M. Contreras.Es muy bucólico hablar del paisaje de nuestra bella Alpujarra, y de que los bárbaros de sus moradores lo están destruyendo, a base de cultivos bajo plástico, pero ¿nos hemos parado a pensar qué otra opción tienen nuestros paisanos, si quieren dejar atrás las noches de frío pegados a una lumbre, o los gélidos amaneceres subidos a los lomos de una “bestia”?. Claro que la estampa del invernadero es fea y dolorosa, pero no radica ahí el problema, sino en la contaminación que estos sistemas agrícolas generan. Seamos por tanto coherentes con nuestras raíces y las de nuestros pueblos, y entendamos que nuestra economía ha de ser próspera y adaptada a los tiempos (como siempre ha sido) ...

Lo que sí debe de ocurrir es que se planifique de forma adecuada el espacio destinado a estos nuevos cultivos, y que se regule y controle de forma decidida y determinada el residuo sobrante de su utilización. No podemos entender un entorno ecológicamente próspero de una zona que no contemple a su vez el desarrollo y el bienestar de las poblaciones humanas que lo habitan, y máxime cuando estas poblaciones lo habitan de forma históricamente arraigada, tras siglos de mezcolanzas culturales y raciales de la más variada índole.

Es grandioso poder vivir un día apegado al terruño y con la espalda encorvada en el húmedo y frío suelo blandeado de barro; cada aceituna ha de ser recogida, incluso las aplastadas, pues dicen los más viejos que de ellas sale el mejor de los aceites. Casas - cueva.©Jesús M. Contreras.Se comienzan a oír los gritos en la lejanía, y comienzan igualmente las bromas y los “chascarreos”; sirve la jornada para revivir viejas experiencias, para mezclar la vivencia entre los más jóvenes y los más mayores; todo el mundo hinca el lomo, y la oportunidad es genial para hablar y para comentar, para criticar la política, para recobrar al presente el tiempo de “los moros” o los atropellos por los que pasa la cultura popular y el abandono paulatino de los cultivos. El sudor comienza a manar ya temprano en la mañana, y por tanto todo es lícito, pues quien entrega su sudor diario con el honesto y legítimo fin de llenar la cesta de pan, tiene el derecho entre los derechos de poder hacer crítica y comentario, de impartir justicia oral, de ser escuchado, de hablar verdades como templos y de hacer sorna de esta sociedad moderna que hemos construido, tan separada de nosotros mismos. Aquí, hablar de moros no es racismo, sino historia, hablar de violencia de género no es noticia, sino tema de discusión y de alzamiento de la justicia popular, hablar de subsidios de desempleo suena a mofa, cuando tanta riqueza agrícola está casi abandonada. Aquí…  Aquí estamos en la cuna de las civilizaciones, donde el hombre es hombre, donde el hombre dejó de ser nómada, y donde antes de desvirtuar su existencia social, dejó su impronta para que nuevas generaciones podamos aprender y refugiarnos cuando todo lo demás nos falle.

Quemando rastrojos.©Jesús M. Contreras.Unas buenas migas a la antigua usanza, hechas en la leña de “parrón”, y unos pimientos secos fritos en aceite de oliva de la anterior cosecha, regados con el mejor vino del año, realzan las fuerzas abatidas por la humedad del terruño a lo largo de la mañana; el ambiente, el ideal… el cortijo, antiguo ya, y casi abandonado, donde se acumulan sucios y mugrientos aperos de labranza, en lo más hondo de la cueva que sirve de alacena al fondo del habitáculo.

Tras el dulce sopor del calor familiar y el refrigerio de tan exquisitas viandas, con ganas renovadas se reanuda el trabajo, aunque ya las vértebras no encajan en su sitio de origen , como en la descansada mañana : y es que el trabajo duro cansa y desgasta, y es por ello que debemos nuestro más profundo respeto a lo más profundo de nuestra historia, que vive en lo hondo de nuestros valles, aunque en algunos casos sólo alcance para alimentar bocas no más allá de la vianda, los ajos y las sardinas del día (pero  que con tanta honra acicalan el mantel popular alpujarreño, que no está enlatado, ni embotellado, ni precintado, y que además no posee ningún marchamo de sanidad  ni calidad).

Cae la tarde y suena el “quejío” de las ramas verdes que se rompen bajo la fuerza del fuego, y los barrancos se llenan de una suculenta humareda, mezclada con la humedad del valle que sube, y se funde con el gorjeo de las últimas avecillas que buscan refugio en alguna zarza; se escuchan los últimos tiros de rifle que buscan a estas pequeñas piezas, y aunque hieren en los oídos, y deben ser eliminados por los organismos competentes todo tipo de furtivismos sobre las insectívoras pobladoras de estos parajes, ha de reconocerse que siguen abundando todo tipo de pájaros en los valles alpujarreños.

Entre “traquíos” y “almarzaras” (vocabulario popular)” terminaba el día, y el regreso a casa se convertía en una mezcla de tristeza y satisfacción, ¡oh, dulce estado de melancolía, que me invita a contaros todo esto, porque existe, porque es nuestro, porque aunque le queramos dar la espalda,… siempre estará ahí.

 

Jesús M. Contreras  -   jmarioc@cajamar.es