ALGO MÁS QUE PALABRAS

LOS PRINCIPIOS DE ZP;

POR PRINCIPIO BUEN PRINCIPIO

Víctor Corcoba HerreroEstá bien eso de sentar principios por principio y, todavía mejor, llevarlos a buen término. Es una condición necesaria en la vida de un sistema político democrático, donde no puede desarrollarse fructuosamente sin la activa, responsable y generosa participación de todos. He aquí el arranque inicial de ZP, su declaración de buenos propósitos: contar con los ciudadanos; escuchar siempre y no gobernar de espaldas al pueblo; humildad en el Gobierno; austeridad en el ejercicio del poder y, por último, esfuerzo y trabajo. Esto primordialmente vende. Estamos hartos de que nos pongan tantas vendas y nos bamboleen como chirigotas, hasta hacernos perder la recta concepción de la persona como tal, como derecho a serlo.

Lo de contar con los ciudadanos es una buena señal para la consecución de un bien común más amplio. Además, pienso yo, que la ciudadanía necesita implicarse más y aplicarse en la participación. Aunque creo que está un poco cansada de que le tomen el pelo, de que las ventanillas no se abran, y las puertas se le cierren, sino es de su corriente o partido. Todavía lo de carnet, o persona afín, se considera como una llave para abrir los cerrojos. Y claro, esto cuesta entenderlo, sobre todo, teniendo en cuenta que la política, no debe ser considerada una profesión, sino una actividad pasajera de espíritu de servicio sin distinción alguna. Declaro mi regocijo: que los ciudadanos empiecen a ser considerados más allá del tiempo de campaña electoral.

Escuchar siempre y no gobernar de espaldas al pueblo. Esto también viste. Realmente todavía nuestros gobernantes, tan demócratas ellos, no han puesto de moda lo de ponerse a la escucha. A veces lo hacen, pero pasivamente. Otras se desentienden y pasan la pelota de administración en administración. Y así nos luce el pelo. Unas autonomías se sienten privilegiadas con respecto a otras. Surgen las divisiones. Las malas caras y los desplantes. Hay que gobernar con el pueblo y para todo el pueblo. Si señor. El servicio político pasa a través de un diligente y cotidiano compromiso, el de agudizar el oído en sintonía con una moralidad a toda prueba, sin exclusión de voces, incluidos, claro está, los que no votan, o lo fuesen de otras opciones distintas. Desde la disparidad y diversidad de lenguajes, se acrecienta la democracia y se achica la tiranía, porque el intercambio de ideas es un instrumento insustituible de toda confrontación para que sea constructiva.

Humildad en el gobierno, que gobernar es, antes que nada y por encima de todo, que no de nadie, acción de bondades y práctica de verdades. Veremos si el nuevo Gabinete de Ministros pone en hábito de costumbre, que la actividad Ministerial esté al servicio de la persona, especialmente de los miles de marginados que existen en todas las ciudades de esta España que ya no es España, sino Europa, si gestiona las controversias sociales entre las distintas administraciones (locales, autonómicas, estatales) con exquisito sentido de equidad, si tutela la familia como tal y promueve una educación integral para la juventud, a la que tanto le falta mejorar en calidad humana. Me gustaría encontrarme con esos Ministros de humildad serena y jovial, entre los últimos de los últimos, conviviendo codo con codo, a su lado. Daré cuenta de ello, si fuere así. Sería la gran noticia. Estamos acostumbrados a verles humildes sólo por votaciones. O entre ellos, para la foto y poco más.

Austeridad en el ejercicio del poder. Esto va a ser una balsa de aceite. De la codicia y búsqueda desenfrenada de bienes materiales, nuestros políticos van a pasar a la austeridad y al sacrificio por los demás. Ya era hora. Lo decía mi abuela, nunca es tarde si la dicha es buena. Los anteriores se han ido con las manos limpias. Lo han vociferado a pleno pulmón. Otros, es verdad, no han podido hablar tan jondo –como diría un gitano del Sacromonte granadino-. Ahora los venideros,  prometen no ser tan derrochones como hasta ahora lo han sido. Veremos lo que piensan aquéllos que han jurado entregarse a la política, para cosechar el gran pelotazo, de doy uno y me guardo tres.

Esfuerzo y trabajo desinteresado, incondicional, las veinticuatro horas. Se precisan empujes solidarios para acortar distancias. Claro que sí. Para botón de muestra, ahí está el escándalo de las sociedades opulentas, como la nuestra, donde los ricos se hacen cada vez un poco más ricos, porque la riqueza produce más riqueza, y los pobres son cada vez más pobres, porque la pobreza tiende a generar nuevas bolsas de pobreza. Se requiere, desde luego, mucha diligencia y compromiso transparente, para salvar tantas desigualdades.

El pueblo sabe que los principios son un compromiso de obligado cumplimiento y que luego pasa factura con su voto en las urnas. El que avisa no es traidor. Ciertamente, la ciudadanía, que no es tonta, cada día demanda más perfiles políticos dialogantes, que pacifiquen sobre todo con acciones ecuánimes, humanos y justos, buscadores de bienestar para todos, (repelan aquellos que lo buscan para sí y su entorno), desde la igualdad de oportunidades, sobre todo en aquellos que, por su estatus social, cultura o salud corren el riesgo de quedar relegados o de ocupar siempre los últimos puestos en la sociedad. Esperemos que esos sanos preámbulos sean un preludio permanente y diario en la política española. Será una forma de volver a creer en los políticos, que tan bajo han caído en los últimos años. Ganará la democracia, ganaremos todos.

Víctor Corcoba Herrero

- Escritor -