ALGO MÁS QUE PALABRAS

DE CORAZONES VIVE LA VIDA

Víctor Corcoba HerreroServidor pensaba, lo difícil que sería encontrar un voluntario de los que se dona a corazón abierto, con interés cero. Lo de emplearse en los demás a fondo perdido, sin beneficiarse de las desgracias ajenas, me parecía un imposible hasta ayer, que tuve el auxilio de un grupo de voluntarios de la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Discapacitados, a los que pedí ayuda para que un joven sin recursos, y en silla de ruedas, pueda conocer el mar. Su gran deseo. El sueño será una realidad próximamente, gracias a la generosidad del voluntariado de esta Asociación, portadora de la mejor medicina, la voluntad y el ánimo gozoso.

 

Después de la lección que me dio este grupo de solidarios, ansiosos por proveer de felicidad a un ser humano, sin pedir nada a cambio, recapacitaba sobre el valor de su valor. Quizás todos nosotros, debiéramos valorar más las múltiples formas de voluntariado, que representan un factor de crecimiento y civilización. A posteriori me enteré, lo frecuente que son estas intervenciones, de suplir o anticiparse a las instituciones públicas. Con ellos, no hace falta papeleo alguno. Les mueve una fuerza innata del corazón, el de ayudar a todas las personas.  Son como un sol de vida en la noche.

Motivado por la curiosidad de la entrega del tiempo, que tanto nos escasea a todos hoy en día, perplejo por tanta donación sin recompensa alguna, le sonsaqué al interlocutor sobre el ejercicio de su voluntariado. Al tiempo, que no cesaba de preguntarme: ¿Les habré dado tanta pena y compasión, que no han podido decirme que no? La duda quedó salvada con su respuesta: “Aquí todos hemos decidido de forma libre, por principios altruistas y solidarios, con motivaciones diversas, actuar de forma organizada, sin recompensa externa, en situaciones de interés general, con el objetivo de beneficiar, efectivamente, a otros, directa o indirectamente. En este caso, a tu amigo, que le presentaremos a nuestros amigos, y así pasaremos un día redondo en la playa”.  

Desde ahora, y para siempre, pensaré que los voluntarios son los mejores médicos del mundo, tienen la docta virtud de asistir y el docto encanto de ayudar. No encuentro mejor nombramiento, que nombrarles titulados del Doctor Alegría. Mi amigo ha rejuvenecido, vive de otra manera al saber que podrá besar el mar con los ojos del corazón, abrazar sus olas, respirar sus perfumes y acariciar sus melenas de aire. El mar es su nueva vida, gracias al amor que ponen estos voluntarios; un amor desconocido que, al conocerlo, es invencible.

Víctor Corcoba Herrero

- Escritor -