ALGO
MÁS QUE PALABRAS
LO QUE FUE, ES Y SERÁ
01-08-04
La
existencia humana es el mejor de los poemas, el verso más logrado, la
poesía más perfecta. Se podrá crecer por la sabiduría, pero se siente
más vida por el corazón. Ahora que está de moda restaurarlo todo, quizás
tendríamos que empezar por nosotros mismos, asearnos por dentro para
mantenerse erguidos. Sólo los buenos sentimientos pueden unirnos,
acercarnos más y ahorcarnos menos, salvarnos del riesgo de
deshumanización que nos invade. Hemos matado los sentimientos y
caminamos sin alma, rumbo a ninguna parte. Cuando el alma ha dejado de
ser un olmo de luz, las sombras ciegan y el lenguaje es un abecedario
insensible. Nos puede la furia del interés, el que jamás ha fraguado
alianzas perdurables. Cada día hay que tener más cuidado de abrir las
puertas del corazón. La compraventa todo lo puede, hasta penetrar en el
recóndito sagrario del corazón y sesgarle su libertad.
A pesar de tantos desórdenes, por mucho que en apariencia
cambien las cosas, en la naturaleza humana existe un fondo inmutable. Lo
que fue, es y será; mal que les pese a los que quieren dominarnos a su
antojo y pensar por nosotros. Podremos buscar las mejores sensaciones,
las más bellas palabras ponerlas en movimiento, pero sólo el corazón es
el único que encuentra el aire dando vida. Su mirada salva todas las
distancias. Para saber mirar hay antes que saber sentir. El alma tiene
tonos y timbres que la sabiduría olvida. Por ello, es tan saludable
descansar, hacer un alto en el camino y respirar profundo, recuperar
sentimientos perdidos y equilibrios destruidos por las condiciones de
vida actuales, más en continuo desaliento que de aliento. El mundo, que
es un efecto de afectos humanos, también anda desequilibrado. Ahí están
sus frutos: unos lo tienen todo, mientras otros carecen de lo
indispensable para la vida.
Si hubiese más corazón en el corazón del ser humano, el
mundo sería otro. Muchas vidas se la juegan a una carta. El mar se ha
convertido en el cementerio de los excluidos. Se rescatan cadáveres sin
soltar una lágrima nadie. A lo sumo, se dicen algunas palabras para
quedar bien. Nada nos dicen esos bebés en brazos de su madre, tampoco
los niños ceñidos al miedo. ¡Cuánta cruz soportada en mujeres y hombres,
apagados por la angustia y muertos de pena! Cuando hay un sitio en el
corazón, lo hay en la casa, en la que seguramente tendremos animales y
en la que, sin embargo, la cerramos a seres humanos. Hay tantas cosas
que sólo pueden juzgarse con el corazón, que si el corazón falla, la
razón se vuelve soberbia. Habría que acordar relanzar tantos
sentimientos, que mal obedecen las palabras, cuando las injusticias
campean a sus anchas.
Se dice que las ideas mueven al mundo, pero no antes de
trasformarse en sentimientos. No hay que exhibir fuerzas, hay que
ocultarlas, y sentir antes de comprender. El idioma del corazón es lo
más universal y puro, lo que aviva y vive. Sólo hay que ver un árbol,
tronchado su corazón, se seca. Hemos descarriado tantos latidos
interiores que resulta difícil hacer conciertos de paz. Detrás de tantas
fronteras y frentes, siempre hay comercios y juegos sucios.
Personalmente nada me dice que Europa pierda competitividad cada día, si
a cambio gana corazón. Cuando el pulso es verdadero, todo puede
corregirse. De lo contrario, seguiremos el camino del caos, acrecentando
el número de suicidios y reyertas de unos contra otros, porque los
tormentos se pagan. La psicología y la ciencia, por muchos avances que
nos ofrezcan, será incapaz de calmarnos. Sólo existe un procedimiento
para ser feliz, donarse a corazón abierto. Todos nos necesitamos de
todos.
Lo de reavivar el corazón y poner de nuevo la vida en el
centro de los valores, es algo tan urgente como vital. Los síntomas de
malestar que se cuecen en el mundo son tan reales como la vida misma,
ignorarlos es de necios. Se han perdido todos los estilos, la decencia
de la docencia, el buen gusto y el sano gesto, los señores de buen fondo
y las señoras de buenos modales. Tampoco las gramáticas del alma
cotizan. Aquí tanto tienes, tanto vales. Somos puro negocio. A Dios ya
no se le coloca en ese horizonte luminoso, con un ojo inscrito en un
triángulo que todo lo ve y pacifica, como verdadero protector. Ahora se
pretende desterrar de la tierra a quien la creo. Prohibido hablar de Él.
Y yo me pregunto: ¿por qué no se prohíbe prohibir cuando tanto se habla
de libertad? Otros, más de lo mismo de siempre, pretenden repartir las
tierras. Las mafias del poder mandan, mientras los pobres se matan por
ellos. Nada importa la grandeza del Creador. Acallan su voz. Sólo matan
en su nombre. Desde luego, la perversión ya no tiene límites.
A pesar de los pesares, siempre hay un anhelo. No es con
la fuerza como se levanta a un pueblo, sino con un sentimiento. Ahí está
la riada de jóvenes que peregrinan a Santiago, con la cabeza alta y el
corazón alegre, dispuestos a hablar de Dios en un mundo aborregado y a
ser testigos de Cristo para una Europa de la esperanza. Negar la
evidencia demuestra pocas luces para forjar una España de los
ciudadanos, a los que hay considerar antes que nada personas. Bravo por
esos jóvenes que recorren Europa en bicicleta para pedir políticas de
ayuda a la familia, considerada una especie sin género por los borregos.
Y más bravura de poeta, por aquellos que lanzan primero el corazón y
sonríen como niños al amor; una lluvia fina que empapa y no moja, que
los cielos han vertido en el alma de ella y él, para restar penas y
sumar poemas.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -