ALGO MÁS QUE PALABRAS

LIBRO CERRADO, NO SACA LETRADO

29-09-04

Víctor Corcoba HerreroPalabras, sólo palabras y más palabras, las mismas de siempre, que a nada conducen y para nada inducen a la lectura. Yo espero otra cosa. Porque adentrarse en los libros, saber gozarse con ellos, hay que mamarlo de niño y de mayor hay que vivirlo. Ahora se nos quiere vender (y revender) el estímulo de la lectura y la defensa de la pluralidad cultural y lingüística como si fuera un objeto de consumo. Pura palabrería e impura forma de reformar a la gente. Los libros más que seguidores y adictos, requieren (y quieren) amantes. Si el ejercicio lector se diera como se da el ejercicio corporal, los tomos de las bibliotecas tendrían menos polvo y los cuerpos más sentido común, de pensar y hacer pensar.

Aquí todo el mundo escribe de todo, pero muy pocos leen algo. Las televisiones nos tienen embobados y abobados. Así resulta difícil conversar con los ilustres sabios que en los libros viven. Aparte, todavía se catalogan, más que como cultivo, como escaparate y signo de distinción, junto a las alfombras, pinturas y demás ornamentos caudalosos. Cuestión absurda la de poseer libros si no se leen, se absorbe su fondo y, así empapados de pensamientos, se practica la relectura reflexiva. Para ello, claro, se precisan bibliotecas abiertas, sin cerrojos; una legión de bibliotecarios, devotos de la lectura; y un presupuesto que apueste por poner (y reponer) libros que nos hagan más libres, acordes con la cátedra de los clásicos. Los volúmenes de poesía tienen que ser humanos, los de novela deben sugerir muchas ideas, los de ensayo numerosas reflexiones; y, todos ellos, más que del momento, han de servirnos para todo el tiempo.

Para amar la lectura no es cuestión de grandes efemérides, que ocasionan gastos inútiles, más bien está en cuidar ambientes sencillos de culto a la cultura, hogares abiertos a toda la ciudadanía. Se trata de dar provecho a todos y de que se aproveche el mayor número de ciudadanos. Engancharse a la lectura es como realizar un viaje abierto a la vida, contemplar un paisaje que habla, vivir con un amigo que escucha y enseña. Considero, pues, una tontería desembolsar caudales para embolsar lucimientos personales. La cultura es más de andar por casa y de servir a la casa, de navegar por todos los puertos, plazas y pueblos. Los libros están llenos de aromas salvavidas. Hay que saber hallarlos. Y los gobiernos, con apellido cultural, están obligados a que el pueblo los descubra.

Si la televisión fuese más humana (y menos marciana por ejemplo) no abandonaría el amor a los libros. El desamor a la cultura es palpable. Ningún programa en escena que nos cultive. Las órdenes del político de turno, y no la profesionalidad, ni tampoco la genialidad, son las reinantes. Los centros populares y las casas de cultura, unas veces cierran por escasez de presupuesto y otras veces abren, con consignas más que con libertades. A estas alturas de bocas europeístas, es una vergüenza las pocas bibliotecas de barrios y distritos, de pueblos y ciudades, que tenemos habitables, o sea, habitadas con libros que las hagan interesantes.

Es cierto que no hay cultura sin lectura y lectura sin libros; pero también es verdad, que no todo vale, ni todo lo que se predica como tal, es cultura. Para nada sirven esos libros (a veces pagados con dinero público) que no soportan varias lecturas, ni dan goce alguno al corazón. Pienso que es hora de menos fomentos y más fermentos de alma. Precisamos realidades que nos realicen como seres humanos. Lo que impera hoy por hoy, es una cultura de mala educación. Y como lectura, el amparo a panfletos y folletines que adoctrinan en burrología. Se han perdido todos los estilos. Hay un abandono total a la autenticidad, al ingenio, a la belleza y desamparo a la vida. O lo que es lo mismo, la cultura brilla por su ausencia y la lectura por su vacío.

Víctor Corcoba Herrero

- Escritor -