ALGO MÁS QUE PALABRAS

MALOS ROLLOS

03-10-04

Víctor Corcoba HerreroHay borracheras que parten el corazón y tronchan el alma. Contaré la historia vivida y radiografiaré la histeria colectiva. El reclamo: la cultura club. Que es un crac a la persona humana. Servidor quería beber otros cultivos, aunque sólo fuera con la mirada y el tacto del contacto. Puse interés en verlo todo y oído en vivirlo. También en ofrecer mis raciones de versos para dar aire al poco aire del recinto. Me quedé más solo que la una. Los otros estaban en su mundo, convertidos en molinos de mierda, regados con sustancias mortecinas, los brazos en aspas de toro, rajados por ruidos estridentes, a dos pasos de caerse muerto en la pista del diablo, como imbéciles marionetas, en absurdos maratones hacia ninguna parte.

Bajo esa atmósfera presencié actitudes antisociales, mallos rollos, ensoñaciones de gente más ida que cuerda, con todos los calificativos de perturbada, desequilibrada, trastornada, exaltada, lunática, demente, necia, alocada, atolondrada, irresponsable, temeraria, atrevida... Desgraciadamente aquello era un campo de maniáticos desquiciados, enganchados a una energía de sustancias repugnantes. ¡Cuánto vacío en la muchedumbre! Cada cual iba a lo suyo, a su viento huracanado y a su mar de soledades. Uno me dice que desea huir del mundo, de este mundo de golfos, -lo hace a voces-, mientras me intereso por su tos realmente agarrada a los pulmones. Sin venir a cuento, en uno de esos descuidos, me asesta un empujón. Las gafas caen al suelo. Como una víbora las aplasta con su cola de veneno. Se ríe y lo ofrece como una gracia a los dioses. Levanta dos dedos de victoria invencible.

Ya de regreso a casa, pensé en toda esa gente que había dejado atrás, prendida en la ciega cultura de no ser nada, deseosos de tomar la guinda de huir de si mismo y de la vida, denominador común en todos ellos. Tenían hambre de proyectos de vida y de realizaciones personales. Nada les saciaba la oquedad que sentían. A lo mejor tenían razón, -pensé en más de una ocasión-, hay que construir un nuevo mundo más habitable, de abrazos al alma y de besos compartidos salidos de dentro. La ronda de injusticias nos roba perfumes que enamoran y la rueda de falsedades nos arrastra como rastreros. Para colmo de males, se avecina una lluvia de escarabajos, vestidos de sabios redentores, que todo lo pudren y amortajan, a la sombra de leyes sin ley, que de no poner sentido natural dictarán sentencia de muerte con fecha de ejecución. Sólo falta que el entierro sea un festín de los que vocifera la cultura club, esos leones en furia, a los que advierto preparados de poner, por mantel, al difunto después. ¡Qué pena la de penar así!

Víctor Corcoba Herrero

- Escritor -