ALGO MÁS QUE PALABRAS

RETRATOS QUE NOS RETRATAN

 

20-10-04

Víctor Corcoba HerreroA propósito de las obras maestras de artistas que trazan un recorrido histórico, desde la Edad Media al siglo XX, algunas expuestas por primera vez en España, y que ahora se presentan en el Museo del Prado, aparte de mostrarnos la evolución del género pictórico, nos participan el fiel espíritu de épocas y sus distintas atmósferas. Por encima de las apariencias físicas está la transmisión del carácter y la personalidad de los retratados. De ahí, que considere bueno la difusión de la cultura histórica retratista por lo mucho que nos puede proporcionar, en momentos de tantas confusiones y pérdidas de identidades, a fin de recuperar historias olvidadas. Rescatar las raíces y hallar en nuestros antepasados los elementos culturales y espirituales que van consigo, han de ayudarnos a edificar nuestra vida sin sequedades, enraizada a la historia de nuestra historia, de la que somos herederos.

Las pinturas y sus poéticos colores, tienen precisamente esa conjunción de luz misteriosa y de sombras angelicales, que nos despiertan al sentido de lo trascendente y a la revelación de lo etéreo, puesto que encierran una lluvia de mensajes capaces de empaparnos por dentro. Nos disponen a la contemplación de la existencia, a vernos en la pintura que nos plasma, porque somos parte de esos universos que nos hablan a los ojos. Sin duda, ha sido una hermosa iniciativa llevar a buen término la citada exposición en un marco incomparable como el Museo del Prado, que respira por sus muros la esencia misma de la creación artística, puesto que a la fascinación del arte se une también una historia sugestiva a través de las efigies.

De igual modo, a poco que llamemos a su pedestal, los retratados nos quieren reencontrar a través de sus silenciosas miradas. Sentiremos su pulso, el abecedario de soledades y su semántica de vivencias ¡El asombro de su compañía! Desde luego, a su lado, el desarraigo cultural que padecemos, se cura. Cada retrato es como un verso de mar que se introduce en los oídos y se prende al corazón.  Es alma de nuestra alma lo que se nos ofrece, unos rostros humanos que nos dicen mucho en este mundo global, donde la economía dicta los modelos y los ritmos del desarrollo nos manejan a su antojo, ahogándonos los valores del espíritu, esos que se perciben en los bustos de otro tiempo, con su estética de manos inocentes y puro corazón.

Por estas figuras retratadas de humanos inquietos no pasa el tiempo, parece como si el creador estuviese en ellas y ellas en el creador. Ahí están perennes, con su vestimenta y sus mejores joyas de la época.   Se constata que la clerecía fue uno de los sectores sociales que se incorporó con mayor intensidad a la cultura del retrato. En relación con la representación de este tipo de personajes se desarrollaron una serie de tipologías singulares, subrayando la idea de coherencia y ejemplaridad, pues con estas obras se trata de legar a la posteridad los rasgos de protagonistas dignos de imitar por su vida, sus virtudes o su pensamiento.

En suma, estos retratos que nos retratan, son como esas hojas de otoño que nos atrapan en el camino antes del ocaso y nos hacen escribir en el horizonte de los labios del cielo un poema con las lágrimas del recuerdo. Realmente nos resucitan a un lenguaje salvavidas, por su humana belleza y honda libertad. Valores ausentes que hoy día se echan en falta, sobre todo cuando campea a sus anchas la mediocridad y reducimos la democracia a un hecho puramente de procedimiento. La genialidad de estos genios, jamás pasados de moda por sus sabios modos, nos hace más falta que nunca. Dialogar con ellos, unidos a la universalidad de sus obras, es tan saludable como necesario para estos tiempos de vacío cultural y de sucedáneos cultivos.

Víctor Corcoba Herrero

- Escritor -