ALGO
MÁS QUE PALABRAS
SIN
DAN, DIN, DON, NO HAY KIRIELEISÓN
07-11-04
Permítame
el lector este juego onomatopéyico, tomado del sabio refranero como
asiduo deportista de su lenguaje, de que sin dan, din, don, no hay
kirieleisón, y en cotejo con la práctica usual de las honras fúnebres
(noviembre me incita a este pensamiento), puesto que en la vida diaria
muy pocas cosas se consiguen sin dinero o ascendiente social. Quizás sea
la muerte, la única que no se casa con don dinero, pues ésta igual se
lleva a ricos que a pobres. Es la igualdad más igual, frente al salvaje
poder económico que padecemos, al que nos vendemos o nos venden. El
citado poder de poderes, tiene para desgracia del propio ser humano,
todas las libertades de compra y venta. Hace malo lo bueno, corrompe las
sanas costumbres, cohecha la justicia, hecha por tierra la dignidad de
la persona, rechaza toda trascendencia, porque su visión es
exclusivamente terrenal. Tanto tienes, tanto vales. Tanto cuentas, tanto
te cuento. En resumen, el caudal de bienes es lo único que da posición.
Como siempre y más ahora.
Todavía sigue en
vigencia aquello de que dinero llama dinero, por la ausencia de un
sentido humano social más participativo. Cada día se comparten menos las
dichas (cada cual va a los suyo) y tampoco las desdichas suelen tener
consuelo, por parte de aquellos que pueden aliviar penas. Andamos con
el paso cambiado. Pedimos una muerte digna antes que una vida digna,
sembramos crispación antes que sosiego, y en el cultivo nos adueñamos de
rosas que tampoco nos pertenecen. En cosas de honra hoy en día, no se
ahonda. Hoy por ti y mañana por mí. Lo único vital es apegarse y
replegarse al dinero, como si estuviese dotado de una fuerza invencible,
cuando entre salud y dinero, -apunta el refranero-, salud quiero. Pues
nada, todo lo contrario, nos pierde y nos refuerza egoístamente el
ánimo. ¡Cuántas zancadillas por unos miserables Euros!
Aún la riqueza y
el poder están sumamente concentrados en capas reducidas, con
privilegios a raudales y dispensas inconcebibles. Ahí está la voz de
alarma del presidente de
la Organización
Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado, José María Peláez,
advirtiéndonos que una cuarta parte de la economía española es
insolidaria, sobre todo los más pudientes como pudieran ser algunas
sociedades, puesto que no pagan correctamente sus impuestos. Al parecer,
existe una gran naturalidad, agraviada con cierta dosis de chulería, a
la hora de defraudar, porque es algo que está muy generalizado.
Ya se sabe: a río revuelto, ganancia de pescadores. Mal ejemplo se da
con este tipo de parabienes. Más pronto que tarde, nos llevan
a situaciones
conflictivas. Los descaros siempre pasan factura. Debiéramos potenciar,
en vista de lo visto, esa preciosa cualidad a la que no en vano Voltaire
llamó “tesoro del hombre prudente” y que no es otra, en todo, que la de
tener “un ten con ten”.
El repique de
inestabilidades, a causa de los desequilibrios de don dinero, fomenta
batallas y fermenta odios; puesto que una
paz duradera no es el resultado de un equilibrio de fuerzas, sino de un
equilibrio de derechos que hemos de cuidar. ¿Cuántas veces hemos oído
que el derecho, a juzgar por sentencias dispares, no se aplica por igual
a todos? Esto habría que atajarlo de raíz. Está en juego la seguridad
jurídica, la paz misma, que no es tanto el fruto de la victoria del
adinerado sobre el pobre, sino más bien el fruto de la victoria de la
justicia sobre inmunidades injustas. Persisten todavía comportamientos
deplorables en el ámbito moral, poco demócratas, como puede ser la
búsqueda del dinero a cualquier precio, el poder y la imagen pública
como servicio para sí, dejando a un lado el sentido del servicio a la
comunidad, especialmente hacia los que menos tienen. No olvidemos la
corrupción considerable que se presenta bajo muy distintas formas, más
veces de las debidas, en los distintos ámbitos territoriales españoles,
donde aún viven chavales en chabolas, y contra la cual hemos de luchar
con tesón y eficacia, si queremos que el desarrollo económico llegue a
todos, sin excepción alguna.
Sería bueno
considerar el ascendiente social más por la ética que por la riqueza,
por el hecho de ser persona, más que por el estar jerárquicamente. Nos
separan demasiados lenguajes sin sentido, dones y excelencias
inmerecidas. Este desafío incluye una mejor comprensión de las
semánticas que nos distancian. La ONU apuesta por el Deporte y el
Ejercicio Físico, asegurando que los atletas son los mejores mensajeros
para promover la educación, la salud, el desarrollo y la paz. “Lo mejor
del deporte es que reúne a las personas sin importar sus orígenes,
creencias religiosas y nivel económico. Cuando los jóvenes participan en
el deporte o tienen una educación física, pueden experimentar la euforia
del trabajo en equipo y la tolerancia”, dijo Kofi Annan. Pienso que
España debe apostar, también, por esa misma línea de afianzar en el
deporte (como recreo más que como negocio), en el arte (como estética
más que como ganancia) y en sus propias raíces culturales (como
identidad más que como discordancia), a fin de que las nuevas
generaciones puedan
experimentar el
buen hacer del trabajo en equipo y la tolerancia del buen decir en
verdad, sin la falsa moneda como cambio.
Víctor Corcoba Herrero
- Escritor -