|
POR UN MUNDO LAICO
17-01-05
El
denominado Plan Ibarretxe –demasiado personalismo para la supuesta opción
de un pueblo, al menos, en su denominación- ha desatado un sin fin de
reacciones y declaraciones, mayoritariamente contrariadas y airadas por
parte de casi todo el elenco parlamentario y político, pero también en el
entorno que la sustenta: la polis… la ciudadanía. Ésta ha derramado
literalmente ríos de tinta en los medios de comunicación convencionales y
en los cibernéticos, que día a día parecen consolidarse como aquellos
donde la independencia y la libertad de expresión poseen un mayor grado de
garantía, al no depender de poderes fácticos, económicos y/o políticos.
Estas palabras no pretenden adentrarse en dicho Plan, ni mucho menos
cuestionar su legitimidad o ilegitimidad dentro del marco jurídico vigente
–en cualquier caso inaceptable cuando ETA, amenaza con seguir matando y
ha sido su brazo político el que ha hecho posible su aprobación en el
Parlamento Vasco… (menos pistolas y más participación política… matar es
fácil… convencer un arte…)- sino analizar las respuestas populares que la
simple propuesta del mismo ha provocado en parte de la sociedad española,
probablemente tan desconocedora de sus argumentos, como del referéndum al
que se nos invita a participar sobre la Constitución Europea. Leía, con
cierta estupefacción, como “Los del Río” –“Macarena…”- aparecían en un
titular donde se afirmaba: “Si no nos hemos leído la Constitución
Europea, ¿por qué vamos a estar contra ella?”…
Desde el punto de vista sociológico, llama más la atención la
participación ciudadana que la de los gobiernos legalmente constituidos
dentro del Estado español, porque de la primera nace la legitimidad de la
segunda en Democracia -en mayúsculas- que tanto nos ha costado conseguir,
mantener y custodiar. Desde la antigua Grecia, hasta la actualidad,
existen miles de ejemplos de cómo las sociedades se han adaptado, o no, a
modelos sociopolíticos determinados. La historia es un libro abierto para
aquellos que quieran leerlo, no una síntesis de crasos errores donde
parecería que algunos pretenden que volvamos a caer una y otra vez. En
cualquier caso creo que la gran mayoría de la población considera que la
Democracia, sin ser la Panacea de lo Pluscuamperfecto, es el más ecuánime
de nuestros sistemas representativos. A lo que me permito añadir que es un
Ente dinámico y en continua actualización que socialmente se cuestiona en
ocasiones, no contra él, sino para su intrínseca sinergia con el pueblo,
su evolución y adaptación a las demandas del mismo.
Durante estas semanas hemos tenido la oportunidad de leer una pléyade de
opiniones y editoriales tan imprudentemente temerarias, como para comparar
la actual situación política, social, cultural y económica de la España de
2005, con la de 1936. Si lo que se pretende es confundir “la velocidad con
el tocino”, alarmar a un pueblo diáfano que tan sólo anhela la paz, el
trabajo y la libertad, algunos despechados deben estar frotándose las
manos. Evidentemente tales talentos “intelectuales” obvian el hecho de que
España, como Estado, es uno de los países más ricos del mundo, cuyo
crecimiento no tiene parangón dentro de la propia Unión Europea y donde la
Democracia es un bien consolidado por y para todos y todas los ciudadanos
de este conjunto de Autonomías, Naciones o como cada cual prefiera
denominarlo.
Algunos y algunas han intentado aprovechar un momento de crisis
gubernamental para apostar por las dos “españas de pandereta” que, en su
tiempo, definió magistralmente Antonio Machado en uno de sus poemas.
Después de décadas he vuelto a leer, entre otras muchas barbaridades las
palabras, “rojo” y “masón”, como si se pretendiera resucitar el
“Contubernio Judeo-Masónico” que hundió al Estado español durante cuarenta
años de fascismo, en el más profundo de sus ostracismos y en uno de sus
periodos más penosos de la historia. En “magistral columna” llegué a leer
que “comunistas, rojos y masones, como la Generación del 27, han tomado
el mando de España”.
Estos y otros muchos ejemplos tan desarraigados y atemporales de la
sociedad actual, ponen de manifiesto la existencia de una ultraderecha
latente y refugiada en supuestos partidos de la “Democracia Cristiana”, de
muchos amigos y amigas del “Nacional Catolicismo” que, bajo ningún
concepto, están dispuestos a evolucionar como lo hace la sociedad y la
propia Democracia y prefieren la “resurrección” de arquetipos fascistas.
En
esta etapa de la historia de la humanidad, estamos acostumbrados a
convivir con el fundamentalismo islámico, contra el suicida que “se gana
el Cielo” a través de su propia inmolación, matando a otros seres humanos.
Somos conscientes del daño que produce el “imperio de lo divino”, en
culturas cuya principal causa de ostracismo sociopolítico y cultural se
halla, precisamente, en el dominio de la Religión sobre el Estado. Sin
embargo, no todos perciben el mismo tono en las palabras del actual
presidente de los EEUU, que paradigmáticamente es casi “Emperador Divino”,
apoyado por radicales religiosos y siempre con la palabra de Dios en la
boca… recuerden aquel primer título de la injustificada asolación de Irak:
“Justicia Divina”… el propio Jesús dijo: “Al Cesar lo que es del Cesar y a
Dios lo que es de Dios”.
Los que proclaman la religión por bandera y en su nombre declaran guerras,
desde la antigüedad hasta la actualidad, nunca han conocido lo que es la
moral y la ética. Estos son los verdaderos principios que hay que impartir
en las escuelas. No conozco a ningún estudiante de secundaria en España-…
sin mencionar a nuestros universitarios/as-
que se sepa la Declaración Universal de los Derechos Humanos , los deberes
y obligaciones que nos obligan a unos con otros.
Si
pretendemos avanzar en la idea de Aldea Global, no en la de Globalización
neoliberal y de ruptura entre Norte y Sur, ente riqueza y pobreza,
considero que el primer paso es el de establecer un amplio marco laico,
donde cada uno sea el que determine la educación religiosa o no de sus
hijos, con todas las oportunidades y, evidentemente, con todos los
respetos. Pero, en cualquier caso, donde los valores éticos y morales sean
conocidos por todos y todas, y su trasgresión constituya el auténtico
pecado capital contra sus congéneres. Donde se aprenda a valorar desde
pequeños principios como la amistad, la igualdad, la solidaridad, la lucha
contra la violencia de género, la conservación y protección del medio
ambiente y la paz. Si dedicáramos todos nuestros esfuerzos a formar
generaciones menos dogmáticas y más participativas en estos y otros temas
quizá otro gallo nos cantaría.
La
ética y la moral no son patrimonio de ninguna de las múltiples religiones
que se extienden en el mundo; en cualquier caso patrimonio de la humanidad
tras miles de años de evolución.
En
cualquier caso, esperemos que
no decaiga el espíritu del Barón de Cubertain
José
Javier Matamala García
Editor del Portal Ambiental Almediam:
http://almeriware.net/almediam/
Declaración Universal de los Derechos Humanos
Artículo 19
Todo
individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este
derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de
investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin
limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Índice de Opinión |