ALGO MÁS QUE PALABRAS
UN POETA PARA LA CIUDAD
DEL MUNDO
17-04-05
Alguien
dijo: dadme una metáfora y moveré el mundo. Ya los antiguos trovadores
nos recitaban vivos cantares, presentados bajo el disfraz del verso, que
ponían en movimiento almas perdidas. En la trama del mundo, los poetas,
son personajes que identifican, comparan o advierten sobre la atmósfera
de la vida, en cuyo escenario debaten o describen imágenes de siempre,
luces y sombras, haciéndonos ver horizontes que son, en realidad,
universos a conquistar. La universalidad y contemporaneidad del Quijote,
precisamente, se debe a que detrás de la voz está un soñador de versos
que reflexiona en poesía. Nos hace falta, con urgencia, un poeta para la
ciudad del mundo, capaz de resucitarnos la fe en los derechos
universales. Convoquen recitales poéticos y haga cónclave el pueblo para
ello.
Un vecindario despierto a la belleza,
forjará consensos que aletarguen el caos, hará frente a las nuevas
amenazas, con el verso en los labios, siempre dispuesto al diálogo
compartido, sin discriminación alguna. Antes que sacar pecho, cada
vecino debe mostrar el corazón. Luego, acallen la voz triunfalista los
ciudadanos, si en el mundo de la abundancia hay un pobre en cada esquina
o si en el mundo de la pobreza hay un rico que domina. Que vengan los
poetas a plantar denuncias a todo aquel que no sienta la pobreza ajena
como propia. Asimismo, al consejo de verdaderos poetas, remito petición
de que aquellas autoridades que carezcan de imperativo ético en su hoja
de servicios, se les impida continuar en el gobierno de la ciudad del
mundo.
El mundo de la
globalización necesita de un poeta que nos conmueva y nos mueva a
reunirnos y a unirnos entorno a las esencias de la voz. Se dice que el
secreto de Juan Pablo II fue un amor sin límites. Un amor sin reservas.
Un amor a la verdad. Un amor al poema de abrir el corazón al corazón del
mundo. Pienso que una vida en poesía, lejos de doquier poder viciado,
es lo que nos hace falta para ahuyentar el diluvio de provocaciones que
nos asaltan a diario en el diario de la vida. Cuidado con los
sembradores de hostilidades. Puede llegar a considerarse la agresión
como algo normal para defenderse. Cuestión peligrosa para la convivencia
de los unos con los otros. En cualquier caso, los asuntos humanos, deben
tratarse humanamente. Porque la paz no se escribe desde las rejas de la
vida, sino desde el verso del alma.
Es una buena noticia,
para la ciudad del mundo, que los telediarios de la televisión
pública española emitan series de reportajes dedicados a los Quijotes de
nuestro tiempo, una mirada a personajes que luchan por causas imposibles
y que se empeñan en cambiar nuestro mundo. Vale la pena esta apuesta. A
veces puede resultar un imposible o una meta inalcanzable que el mundo
vuelva a ser la poesía que pudo haber sido y no fue, porque los
intereses particulares han prevalecido sobre el bien de todos. Por
ello, resulta esencial el desarrollo de una conciencia poética, puesto
que, cuando está amenazada la paz en algún lugar del mundo, lo está en
todo el globo terráqueo. Todas las distancias nos alcanzan de lleno.
Ya Calderón veía al
mundo como un teatro que necesitaba de la voz de un poeta para alentar
la vida y no morir en el intento. En este sentido, un poeta moderno como
Octavio Paz, ha escrito, con palabras que parecen una glosa de los autos
calderonianos, un verdadero manifiesto: “Por obra del Mito y de la
Fiesta, el hombre rompe su soledad y vuelve a ser uno con la creación”.
Falta nos hace volver a esa unidad perdida. Quizás sea porque la
enseñanza ha dejado de transmitir conocimientos solidarios a favor del
bien y la verdad. El descaro o la sonrisa fingida no pueden consentirse.
En poesía, los versos forzados, nada dicen. Esto de negar la evidencia y
lavarse las manos, genera un clima de anormalidad que convendría poner
en orden. Tanto es así, que subrayo lo de crear un pacto por la
regularidad de las instituciones y demás entes de servicio público,
frente al diluvio de irregularidades que nos dan gato por liebre, hecho
probado y reprobado por los ciudadanos en el parte diario de sus vidas.
O lo que es lo mismo, en cartas al director de tantos medios de
comunicación. Porque la justicia suele hacerse justicia tarde o nunca.
Que desgracia en un Estado de derecho.
En la ciudad del
mundo, donde gobierna un poeta, quiero pensar que en vez de crear
centros de memoria histórica, se pone en verso, o sea en acción, la
memoria literaria que nos habla de libertades que dignifican al ser
humano. También quiero creer que allí no existe la revancha. Ni el
desquite. Ni la represalia. Ni el desagravio. Ni el miedo. Hace falta
libertad para vivir y un orden social justo para convivir. “Suéltate el
pelo” dice un anuncio de belleza y moda. Quizás tendríamos que
soltarnos a que cesen las muertes y los ataques a inocentes,
desengancharnos del odio y la violencia, destrabarnos y lanzarnos a que
nadie quede excluido de vivir, echarnos a la calle como ya hicieron
poetas de otras edades, a salvar la verdad aunque no coincida con la
opinión de la mayoría. Nombremos, pues, a un poeta por amor a la vida y
por necesidad, en un mundo donde cohabitan dioses endemoniados, sin
compasión alguna. Todo se fractura, se divide, se divorcia, se confunde.
Para no fiarse ni de la sombra que lleva consigo cada cual. Que un poeta
nos alegre los oídos, es tan urgente como necesario. Queda dicho.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -