ALGO MÁS QUE PALABRAS
LA
PRIMAVERA PERDIDA
30-04-05
He
salido a la búsqueda de Primavera para huir con ella como un loco
enamorado de sus perfumes, pero no se fía de mis versos por si
estuviesen contaminados de falsedad. Los cuerpos, embellecidos por el
bisturí más que por el corazón, respiran poca autenticidad. Eso es la
verdad. Ya se sabe, cuando el amor se convierte o se invierte en
necedad, peligra la vida y la vida es un peligro, porque aumentan los
abusos de unos y otros. Hoy todo es posible en la selva, violaciones y
violencias, rajarte en canal y tirarte al cubo de la basura. Ante el
aluvión de sanguinarios hechos, nadie se da a nadie, por si acaso. En
consecuencia, las pasiones también han perdido su esencia, la del
corazón de poeta. Aquel fervor primaveral donde las limpias metáforas
tejían poesías a través de miradas entrecruzadas, fusionadas y fundidas
en el alma de Dulcinea, se han degenerado de toda naturalidad, de todo
noble deseo, el de hallar en la felicidad del otro su propia felicidad.
Lo de comprometerse y prometerse un amor ciego, – me dice
Primavera que ha llegado de visita al jardín de mis pupilas-, se ha
vuelto antiguo. Lo que no se lleva, tampoco es fácil encontrarlo. Es
casi como buscar una aguja en un pajar. Eso de amar sin medida, de
querer con todas las fuerzas, de olvidarse de sí y donarse entero, se
considera anodino. Los desenfrenos, tan de moda hoy, tienen que ver poco
con esa sacudida emotiva y saludable que permite al ser humano salir de
sí mismo, cuando se topa con la poética belleza, encanto que lleva
consigo Primavera como renovación de aires, restitución de vida o
renacimiento de actitudes. A la tierra le falta entusiasmo,
florecimiento poético, juventud de amor. Ya me dirán, pues, cómo se
vive, o se vivirá en las nuevas generaciones, si nadie ama a nadie o
nada se ama. Olvidamos que el corazón vive del amor y en el amor
resucita.
Advierto que he visto triste a Primavera, una dama que
fue el verso de todos los poetas y una flor que fue la poesía de todos
los amantes. La siembra de litronas como brindis al recibimiento, es una
estupidez. Una mortaja más. Eso de moverse a golpe de interés
interesado, como aspas de molinos enviciados, genera vacío difícil de
regenerar. Por mucho contacto de epidermis y de fantasías que le demos
al físico. Lo de no amar a nadie es como no amarse así mismo. Ahora lo
que mola es revolcarse como animales y vivir como colmenas. No tiene
mucho sentido, pues, el Ministerio de la Vivienda si, además, los
especuladores del ladrillo siguen a sus anchas elevando precios. Ni el
de Cultura, porque tampoco nada nos humaniza. Sería mejor unirlos todos
en uno, dado que hasta en la ley natural también todo se reduce a uno:
el Ministerio del Amor. Nos saldría más barato y a lo mejor
encontrábamos la semántica apropiada para definir lo de “éramos dos y un
solo un corazón”.
En cualquier caso, Primavera se niega a entrar en la
tierra. El amor Light, de aquí te pillo y aquí te mato, la saca de
quicio. Todo es un mercado de golfos insensibles. Los besos según dónde.
Las noches según cama. No importan los géneros, ni acabarán importando
las especies. Algunas personas están más rebajados que el chuletón de
ternera. “¡Qué pena!” –Insiste Primavera- Es la ley sin ley, contra la
ley natural, la que nos lleva a un callejón de odio y venganzas. No
importa lo que es esencia en la vida o fidelidad hasta la muerte. Da la
sensación que los nuevos dioses de la tierra quieren enterrarnos el amor
en vida, afianzado en el matrimonio sobre todo lo demás. Han empezado
irresponsablemente por injertarnos unas alianzas distintas y distantes a
lo que fue el génesis, oscureciendo valores y anocheciendo virtudes,
sembrando dudas. Ya veremos cómo termina este guirigay de fríos
armarios, donde todo se compra, se cambia o se vende.
De seguir en esta onda, nadie acabará conociendo a nadie.
Todo será posible en este mundo dislocado por los mercaderes, el
alquiler materno de la mujer, las uniones de conveniencia, los
descendientes sin ascendientes…Eso sí, la familia no existirá, pero en
la colmena seguirá habiendo zánganos, reinas y tropa. Así es la vida que
nos forjamos para desgracia de nosotros, a golpe de poder y decretazo,
sin debate alguno, a la carrera, enamorados en vez de lo “poéticamente
justo”, de lo “políticamente correcto”, para perder los mínimos votos y
así continuar siendo de todo, menos tropa ciudadana.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -