ALGO MÁS QUE PALABRAS
AGUJEROS NEGROS
02-05-05
En
ese círculo de ida y vuelta que es la vida, sólo la ilusión acrecienta
pensamientos. Pretender acercarnos al mundo de las ideas, sin moral
alguna, degenera toda verdad y genera unos agujeros negros de difícil
salida. Todo está como muy anclado a los maestros del cinismo. Son ya
una legión de empedernidos mentirosos que les importa un bledo la vida
de los demás. La modernidad plantea muchas cuestiones, pero sólo desde
la libertad se pueden encontrar argumentos. Para ese cultivo hace falta
sigilo, paciencia y prudencia, reserva para escucharse. A propósito, hay
unos versos de Ángel González, que nos dan en pleno corazón: “No
interrogues dos veces a quien/ guarda silencio, / porque el silencio es
la única/ respuesta”. Ciertamente, la impaciencia es una enfermedad del
tiempo presente. A veces tomamos demasiada prisa en buscar soluciones a
las que sólo se llega desde la quietud. Perdida la tranquilidad, lo que
en realidad brota es una manifiesta desconfianza que acaba crispando,
por mucha concesión de carisma que nos metan por la vista. Todas las
cosas requieren su pausa.
Resulta
difícil entender la celeridad de algunos políticos por querer atarlo
todo a la ley humana, aunque se ponga en entredicho la ley natural.
Pienso, pues, que tan importante como mejorar la cohesión entre
gobiernos, es poner los oídos en los residentes y gobernar para el bien
de todos. No se puede serenar desde la continua convulsión, pedir
talante y sembrar calambrazos. De un tiempo a esta parte han crecido los
abucheos por parte de los ciudadanos, atmósfera que debiera decirle algo
a la clase política. Mal ejemplo vierten con sus actitudes altaneras de
no escuchar la voz de la calle, o pasar de tomar en consideración al
oponente. La buena armonía debiera estar en el propósito de las agendas
de todos los poderes. Se producen demasiados hechos bochornosos,
privilegios que no vienen al caso con algunos nacionalismos. No se puede
uno cerrar en banda, hay que abrirse a los horizontes de la
universalidad. En plan pacífico, conciliador. La plaga de la
incongruencia ha llegado también a lo deportivo. Ya ni el deporte es lo
que era, en ocasiones más bien es un campo disfrazado de policías que
imponen la concordia entre ciudades y aficiones.
Los
desajustes son un cáncer actual. Coexisten abundantes metáforas que han
perdido la fuerza sensible, ocasionando un socavón de agujeros negros
que nos impide ver la luz. El que trabajadores de todo el mundo exijan
mejor calidad de vida y mayor reconocimiento de sus derechos, no debiera
considerarse un añadido más. Esa es la gran asignatura pendiente en el
mundo de la globalización. Algunos arrogantes políticos se aprovechan de
la democracia y con sus mezquinas artimañas, pretenden regularnos
nuestra propia vida antes que regularizar el cumplimiento de valores tan
consoladores, como es la justicia y la igualdad en un espacio de
pluralidades. A veces, da la sensación que nada nos mueve para
contrarrestar discriminaciones e incumplimientos. Cuando lo elemental de
la vida se quebranta, resulta más que imposible el descanso en la
fatiga, la brisa en el estío, el consuelo en el llanto.
También
cada día es más complicado hacer familia en familia, para que los
lamentos se puedan sobrellevar mejor, entre otras cosas porque los
poderes públicos son incapaces de asegurar plenamente su protección
social y económica, a lo que hay que añadir que tampoco la educación
cumple su prioritario objetivo de pleno desarrollo de la personalidad
humana. Ahí está ese agujero negro del incremento del consumo de alcohol
y drogas de nuestros jóvenes. Algo falla en nuestro sistema educativo.
Los profesores se encuentran desbordados, sin autoridad para poner
remedio, en la mayoría de las veces sin colaboración de la familia. En
estos casos, casi siempre más divorciada que unida. Los maestros llevan
años alzando su voz de alarma, porque el escenario es de pánico.
Considero que, en temas educativos, es fundamental la implicación de
todos los sectores: padres y madres, docentes, alumnos y
administraciones. Pienso que es todo lo contrario a lo que parece
propugnarse, con reformas educativas del dos por uno, la de enseñanza
obligatoria y Bachillerato y la universitaria, sin apenas tiempo para el
debate y la reflexión. Debiera tenerse en cuenta que, en el desarrollo
de derechos fundamentales, está visto que las prisas no son buenas
consejeras.
Pero
volviendo al tema de los agujeros negros, aunque los sindicatos hayan
celebrado el día de San José Obrero con más liturgia festiva que
reivindicativa, como si todo marchase divinamente y la pobreza no
existiese en España, la estampa de vida es bien distinta. Los españoles
soportan desigualdades como nunca han existido entre comunidades
autónomas, pueblos y ciudades. Esto no tiene justificación alguna.
Mientras unas personas se bañan en la opulencia, otras no cuentan con
ese mínimo vital necesario para subsistir ¿Por qué no se reivindica esta
injusticia? Por desgracia, la brecha entre ricos y pobres sigue
aumentando, en unas comunidades más que en otras ¿Dónde está la
solidaridad entre autonomías? Incumplimientos de derechos fundamentales,
discriminaciones hacia los débiles, depredación de la naturaleza,
desigual acceso a la tecnología, son situaciones de injusticia que hemos
de atajar con políticas de coherencia educativa y educacional.
En el año
dos mil, los Gobiernos y Estados firmaron la Declaración del Milenio de
Naciones Unidas, y se comprometieron con el cumplimiento de los ocho
objetivos de Desarrollo del Milenio, como un primer paso para erradicar
el hambre y la pobreza. Cinco años después, convendría interrogarse si
dentro de nuestra propia casa se avanza o se retrocede en cuestiones
básicas, como pueden ser: ayuda a los infectados con el HIV, medios
económicos suficientes para poder vivir con dignidad, acceso a la
libertad de enseñanza, protección a la salud y tantos otros derechos
propios de un Estado social… Si lo extrapolamos al mundo de la
globalización, da vergüenza ajena que sólo el 10% de la población
mundial disfrute del 70% de las riquezas del Planeta. Estimo, en
consecuencia, que lo de compartir es una asignatura pendiente que
deberíamos fomentar a pleno corazón. Sólo unas hebras de amor ayudan a
partir, y a repartir, aguas y tierras, panes y peces, abrazos y besos,
habitaciones e invitaciones. Que nadie se tape los ojos.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -