ALGO MÁS QUE PALABRAS
SIN ÁRBOLES EN LOS QUE ABRAZARNOS A LA
VIDA
21-05-05
Nos
quedamos sin árboles suficientes en los que abrazarnos a la vida. De
poco sirven los buenos propósitos, si se olvidan en el baúl de los
recuerdos. Desde hace tiempo, personas entendidas en la diversidad
biológica, nos aconsejan cuidar el espacio nativo, plantar más árboles y
poner coto a los patrones de producción actuales, sumamente
contaminadores. Las alarmantes oscilaciones climáticas están ahí, como
llamada de cambio en nuestra conducta ambiental. Las irresponsabilidades
siempre pasan factura. Eso de cuidar el entorno, que es cosa de todos,
se ha convertido en cosa de nadie y en cuestión de pasividad. Destruir
la vegetación, unas veces por omisión y otras por acción, nos da igual.
Al fin y al cabo, todos somos de algún modo cómplices. Para colmo de
males, la complicidad de pasar la mano en esta materia, por parte de las
distintas administraciones, ha sido manifiesta; asunto que resulta
inconcebible. El que daña debe reparar el daño por lo menos. Esperamos
que esto cambie.
La permisividad de
ilegalidades que contribuyen a la deforestación, demuestra que
prevalecen intereses económicos sobre los del ecosistema. Talar un árbol
no cuesta nada. El suelo está a disposición del ladrillo o de las
autovías. No importa que se atraviese un bosque y se raje a corazón
abierto la savia cósmica. Lo que prevalecen son los intereses
económicos. Lo de hacer la existencia más habitable queda en los labios
del poeta y en los jardines de la soledad. Adiós a tantas arboledas
perdidas, regeneradoras de espíritu. La prelación está clara, por
desgracia. Antes un parque empresarial, aunque lance humos a diestro y
siniestro, que un parque de frondosa espesura verde. Don dinero tiene la
llave del poder. Hace unos días nos participaba un Secretario de Estado,
que éramos más ricos y que crecíamos más. Obviaba ese otro dato, el
precio que pagamos por ello. Amén de estar presos por las hipotecas, con
lo cual la riqueza es ficticia, también lo estamos por un mercado que
todo lo pulveriza a su paso.
Habría que poner grilletes a la contaminación con urgencia y enseñar
modales a los que no saben apreciar el paisaje, sino queremos perder el
aliento entre cementos y humos, hierros y tufos, hollines y orines,
vahos y gases… La mezcla de aires, los humanos desaires viciados por
odios y los naturales tiznados por suciedades, es una bomba mortecina.
Para retornar a la limpieza atmosférica y sanear el ambiente, la
solución pasa por injertar nuevos follajes. Tocamos a muy pocos sotos
para poder respirar hondo y profundo. En parte, porque hay actividades
que son verdaderas guadañas, causando un quebranto enorme al medio
ambiente. El libro de la creación cada año tiene menos pétalos, es más
un desierto de ramas secas, donde las flores se marchitan nada más
nacer. Esto es grave, porque en la naturaleza no hay recompensas, ni
tampoco escarmientos, hay consecuencias irreversibles. Ya las estamos
percibiendo. Y es que, cuando se menoscaba el hábitat; se amortaja la
vida, mal que nos pese.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -