ALGO MÁS QUE PALABRAS
EL
ACOSO INHUMANO
26-05-05
Siempre
pensé que
eso de estar en el punto de mira, observado para propiciarte un golpe
bajo, seguido en corto como si fueras un perro, sin miramiento alguno
perseguido, hazmerreír de chismosos inhumanos, escudo de julepes donde
la traición está a la orden del día, era de una crueldad sanguinaria
propia de salvajes y muy difícil de soportar. Creí que los nuevos planes
educativos cambiarían la atmósfera y que las muchas actividades
culturales, que se predican a diario en los medios de comunicación,
servirían para volvernos más humanos. Pura ingenuidad mía. La fiebre del
acoso es un veneno que se ha puesto de moda. Y de qué manera. Es tanto
el asedio que algunas personas reciben, tan brutal la carga de acoso,
que optan por quitarse la vida. Ahí está la noticia: Una joven no puede
más y se suicida por acoso escolar. Otros huyen de la trepa como pueden,
sobre todo del acoso sexual, y en más de una ocasión se han quedado en
el intento de la huida. También el acoso laboral acrecienta el número de
bajas por depresión. Parece como si el mundo empezara a vivir acorralado
por el más fiero de los lobos, el propio ser humano contra sí mismo.
Esto es el efecto de vivir en la superficialidad de las cosas, ansiosos
por tener fortunas que no llegan al corazón, desprendidos de esa vía
láctea que nos empapa de éticas para saber obrar en verdad. La situación
del ser humano en el mundo contemporáneo se encuentra cada día más
distante, tanto de las exigencias objetivas de orden moral como de las
exigencias de la justicia o, todavía más, del orden social. El desorden
nos hostiga y atosiga como borregos en cárceles de lujo. El que una red
de violadores de bebés, hayan sido descubiertos en plena faena perversa,
superando los límites conocidos hasta el momento por los investigadores
policiales, nos confirma el estado de una sociedad enferma, egoísta
hasta la médula, capaz de practicar los mayores desenfrenos y
adulteraciones posibles.
Del libro de la vida, hemos arrinconado el gozo de los dones, aquel de
existir para los demás, mutilando doquier espiritualidad. Ahora
cultivamos los egoísmos más aberrantes en la lucha por la subsistencia.
Pienso que si hay alguien al que cercar, sería al malvado, y ponerlo a
buen remojo, en escolaridad, para que cambie de actitudes. El diluvio de
maltratos, vejaciones y acosamientos que sufren a menudo miles de
personas, debemos cesarlo a la voz de ya. Lo propio es que actúen
conjuntamente todos los poderes del Estado y todas las Administraciones,
también los ciudadanos, para que la ley se cumpla y regenere otros
estilos de vida. El clima de dependencias y adicciones que se permiten,
incluso a menores en plena calle, es el fermento para los desórdenes y
desmanes que se producen.
Por ello, creo que ha de imponerse, con toda urgencia, un auténtico
escarmiento reformador de corazones enfermizos, sin conciencia moral
alguna, que son capaces de destruir el mundo. Demoler los variados
acosos que soportan seres humanos, sobre todo los más débiles, es
cuestión prioritaria. La situación alarmante que sufren algunas
personas, reclama innovaciones audaces y creadoras por parte de todos,
de acuerdo con la dignidad que lleva sellada todo ser humano, por el
hecho de serlo. El aviso de la octogenaria Ana María Matute, escritora
actual de hondo pensamiento, declarando que le indigna el malestar en el
mundo, la sensación de impotencia ante las hostilidades, puede servirnos
como reflexión. Siguiendo su ilustrada línea, llegaríamos a saber
conjugar mejor los verbos, máxime el del amor, que falta nos hace, lo
sea para todos los tiempos, espacios y almas.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -