ALGO MÁS QUE PALABRAS
¿PARA QUÉ SIRVE UNA
CAMPAÑA DE SENSIBILIZACIÓN SOCIAL?
29-05-05
De
un tiempo a esta parte, las orquestadas campañas de sensibilización
social se han puesto de moda. A servidor le parecen más oportunistas que
reales, una manera de quedar bien y de lavarse las manos. Suelen ser
fanáticamente doctrinarias, fruto de creerse que uno es el poder mismo.
Consecuencia de ello, es que casi siempre surge el cisma antes que el
consenso y la inquietud de no fiarse de nadie, en vez de generar quietud
y confianza. La cometida de reformas y contrarreformas lanzadas a los
cuatro vientos, cuando se hacen sin consenso alguno, corren el peligro
de crear más inseguridad que otra cosa. Aquí, en nuestra piel de toro,
nos esperan unas cuantas movidas. Algunas de suma importancia, por lo
que de futuro encarnan. Actualmente, casi todas las comunidades
autónomas trabajan en la reforma de sus estatutos. Confiamos en que el
marco irrenunciable de la unidad de los pueblos de España no salga
dañado. Veremos si se tienen en cuenta todas las sensibilidades
ciudadanas, en base a principios básicos, para que surja la aceptación
de la amplia mayoría necesaria para impedir divisiones que jamás
favorecen la convivencia.
A juzgar por los aires que se perciben, con el anuncio de
algunas manifestaciones próximas en contra de leyes insensibles al
derecho natural, los ánimos están más bien subidos de tono. Tanta
incertidumbre nos agita hacia la locura más salvaje. Debió pensarlo así,
la titular del ramo sanitario, dispuesta a poner el parche antes de que
salga el grano. Nos quiere poner en guardia y sensibilizar sobre las
enfermedades mentales, poniéndonos como garantía, o fe de vida,
condiciones de igual accesibilidad para todos, mecanismos de prevención
eficaz, diagnóstico temprano y asistencia integral y de calidad cuando
la enfermedad ya se ha hecho presente. Esto no se lo cree nadie que haya
tenido que acudir, en los últimos años, a un centro sanitario público en
cualquier pueblo de España.
Cada día son más los españoles, –sólo hay que ver las estadísticas-, que
optan por hacerse una póliza con alguna compañía privada para asegurarse
una atención médica esencial. Ya no les cuento, sí uno precisa de una
medicina especializada, donde el que tiene dinero hace sus chequeos en
un país extranjero. Una vez allí, lejos de nuestras fronteras, seguro
que se encuentra con más de un español deseoso de venir a la madre
patria a ejercer la medicina y que, no puede hacerlo, porque en su
propio país, en el que se ha formado, carece de medios y de estabilidad
para realizar su trabajo dignamente, sin sobresaltos políticos. Esto
pasa por el afán de politizar lo que jamás ha de politizarse, la
profesionalidad de los profesionales instruidos para ello.
En
realidad, una campaña de sensibilización social ofrecida por personas
que no son creíbles, poca firmeza adquiere, más bien ninguna. Tal es el
caso general del político de turno español que ha hecho de la política
su medio de vida, rotando por diversos cargos creados a propósito; lejos
de ser un servidor a la ciudadanía, es un profesional asalariado que
vive de la política, sirviéndose de ella para engordar su cuenta de
ahorro. A este bicho, de la familia de los zánganos, suele importarle
más bien poco que cada día las desigualdades se acrecienten. Ya lo dice
el pueblo: ándeme yo caliente, ríase la gente. Por desdicha, en la
política española, hay muy pocos valores seguros. Bajo estos parámetros
de vacilación, la multiculturalidad nos llama a entrar nuevamente en
nosotros mismos, antes que en campañas inútiles fomentadas, en
demasiadas ocasiones, por un vocero sin credibilidad; y, lo que es peor,
sin cátedra alguna, ni principios de ejemplaridad al uso.
Ciertamente, podemos y debemos aprender de lo que es sustantivo para los
demás, por ellos y por nosotros, porque es deber nuestro acrecentar la
consideración hacia el otro. La pregunta que se plantea, pues, sería:
¿es justa una campaña de sensibilización social que parte de
planteamientos falsos? En todo caso, más que este tipo de cruzadas
ceremoniosas, se impone la tarea de preguntarnos qué es lo que puede
garantizar el futuro y mantener viva la identidad interior de una España
más unida en conciencia social en cuanto obras realizadas, que las
palabras se las lleva el viento, respetuosa con su historia y alentadora
de esperanza.
A
mi juicio, las campañas de sensibilización social para que sean
efectivas han de tener promotores éticos y transparentes compromisos,
todo lo contrario a esas políticas que alimentan modelos de vida
superficiales y comportamientos inmorales que lo único que favorecen es
la difusión de la pelea continua, del mal, en definitiva; obviando toda
referencia a los verdaderos valores humanos y espirituales capaces de
fundar una educación y una prevención pertinentes en favor de una vida
más justa y de un amor más responsable. Está bien eso de predicar, pero
también hay que ocuparse, comprometerse y bajar al fango a convivir con
aquellos que no tienen un pan que llevarse a la boca. A propósito, por
aquello de la noticia inmediata, el que escritores y artistas se unan en
la Feria del Libro de la capital del Reino contra la pobreza, servirá
la lucha, en la medida en que sea un signo de verdad en medio de una
España ensortijada por una creciente mancha de barrios marginales a los
que se presta muy poca ayuda. Para sentir la necesidad de compartir hay
que conocer el dolor, vivirlo de primera mano.
Por desgracia, nos estamos acostumbrando a estadísticas que hablan de
miserias, permitiendo todo tipo de economía sumergida de una esclavitud
tremenda y que determinados colectivos sigan atrapados en el círculo
vicioso de la exclusión social. La indigencia produce desdicha y
reproduce desgracia. Tras una situación de carencias concretas, en una
familia o en un grupo social, el ambiente social se desarraiga en forma
de agresividad y cada cual busca su salida en las drogas o en el
alcohol. Y los hijos, crecidos bajo este clima, hacen lo mismo que sus
progenitores. Es la rueda que se repite, la auténtica corona de espinas
que han de soportar niños por el hecho de haber nacido en un barrio
marginal.
Hablando claro, hemos de convenir que todos los que no estamos en el
mundo de la marginalidad, les explotamos. El malestar de éstos, puede
que sea el precio colectivo de nuestro bienestar. Por puro interés de
mercado, se reducen las prestaciones sociales. En consecuencia, todos
somos responsables. Los que nos movemos por estos mundos subterráneos de
prisiones y adicciones, sabemos muy bien de la complejidad de esta
tarea, que va más allá de una mera campaña de Pilatos sensibleros, si no
existe un deseo de estar con el que sufre, con el que no tiene voz,
salvo en periodo electoral que suele ser engañado por el abrazo del
político de turno, con el excluido al que los ricos no quieren incluirlo
socialmente por interés egoísta. Esta es la única campaña que puede ser
eficaz, la de convivir y vivir compartiendo. La estrechez repartida es
el mejor partido a la sensibilización social. Lo demás, es puro cuento.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -