ALGO MÁS QUE PALABRAS
UN
PRESENTE INCIERTO
18-06-05
La
atmósfera supera todas las oscilaciones posibles: Europa entra en coma.
África se la comen los gobernantes corruptos. América, un continente con
un gran patrimonio de recursos, los grupos de poder pasan de la
redistribución. En Asia y el Pacífico, mientras unos gozan del beneficio
del desarrollo tecnológico, otros se ven forzosamente obligados a
modernas formas de esclavitud… La humanidad vive en un continuo caos de
despropósitos, instalados en un presente incierto. La siembra de
conflictos está en doquier esquina y en, cada lugar, la desigualdad es
un hecho que amortaja el sosiego. Así no se puede caminar hacia
desarrollo alguno.
El mundo se nos queda chico, y en
todas partes, se nos achica la libertad. Hay que estar con los ojos bien
abiertos ante tanta tentación de manipuladores. Ahí está la gran
paradoja de España; la que es tierra de María y océano de místicos,
dividida y desorientada. Eso de poner en venta la familia, lo que ha
sido heredad de siglos y que pertenece al patrimonio de la humanidad, es
la mayor de las tragicomedias actuales. Hay valores que no pueden
someterse al capricho del gobierno de turno. El verso naciente en la
edificación de la vida parte de una comunión conyugal, algo que es
determinante e insustituible. En poesía, cuando se confunde la rima, el
poema se destroza. Igual sucede con la familia, su verdadera identidad
del matrimonio, es la que es y será caótico si nos dejamos caer en una
aparente y falsa modernidad que nos rompa la vida. No es cuestión de
creencias o no creencias. Según el designio de la propia naturaleza,
todo está versificado a una complementariedad original de amor: de un
padre y una madre.
Hacer del matrimonio una farsa es
como declarar la guerra a la vida que se nos dona. No tiene precedentes
en nuestra historia humana. El valor de la familia ha sido compartido
desde la eternidad por fieles de todas las religiones y por gentes de
todas las culturas. Ese clamor popular de que la familia sí importa,
debiera hacer reflexionar a todas las personas responsables, extensivo a
todos los poderes del Estado, puesto que dejar de asegurar a la familia
su papel de lugar primario de humanización de la persona y de la
sociedad, es una necedad que pasará factura a las nuevas generaciones.
Lavarse las manos como Pilatos, considero, que no es de recibo ante la
bestialidad de leyes contrarias a la ley natural.
El pueblo sale a la calle, se
manifiesta de diversos modos. Pongamos el oído. Lo que pide es de
justicia para que se haga justicia. No se puede equiparar lo que por
naturaleza es singular. Tampoco adulterar los derechos del niño a tener
una madre y un padre, en concordancia con la vida misma que así lo
exige. Faltan poéticas proteccionistas a la familia y sobran políticas
engañosas. Los padres todavía no tienen libertad para decidir sobre la
educación de sus hijos y, en particular, para responsabilizarse de su
formación moral, cívica y religiosa. Habría que emplearse a fondo a
cumplir y hacer cumplir un ordenamiento jurídico que garantice el
respeto a la vida humana en su integridad, tan esencialmente unido al
matrimonio y la familia.
Sin duda, porque el apoyo al linaje,
es una medida básica de la salud de un pueblo, todas las energías son
pocas para no fenecer como animales enloquecidos, sin crecimiento humano
alguno, bajo el diluvio aplastante de soledad, en complicidad con las
permisivas salvajadas. Hacer de un puro orden, que se nos ha legado, un
necio desorden; no es de ley, en la ley del universo; ni tampoco norma,
en la normalidad de la existencia.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -