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ALGUNAS CONSIDERACIONES
SOBRE LA GLOBALIZACIÓN Y LAS PROBLEMÁTICAS AMBIENTALES
31-07-05
Durante nuestra
efímera existencia a lo largo y ancho del Planeta Azul, nos convertimos en
una síntesis entre el yo y sus circunstancias –como refería Unamuno-, y
este planteamiento es aplicable a cualquier entorno, incluso a zonas muy
pequeñas, casi tribales desde donde se desarrollaron las demás. Freud, y
sus posteriores seguidores, ampliaban este esquema básico con diferentes
parámetros igualmente válidos. Durante siglos hemos tenido a grandes filósofos y
pensadores que han alumbrado a la cultura mundial. Aunque sea conocido por
todos el “cogito ergo sum”descartiano induce a un pensamiento
global donde, además de las siempre respetables creencias religiosas, el
agnosticismo o el ateismo, nos sabemos inmersos en el entorno inmediato y
dentro de cierto concepto, bastante mal definido, como es el de conciencia
colectiva.
En la propia ética formal marxista hallamos capítulos y
definiciones tremendamente coincidentes con la actitud del individuo ante
su sociedad, similares a los expresados en el cristianismo y otras
creencias religiosas. Valores éticos
y morales que no han perdido su vigencia desde
El Nazareno, o desde ciertos
filósofos griegos como Demócrito que, como físico y matemático –amén de
avezado astrónomo- invocaba a la figura de un Logos, como elemento básico
para entender las reglas que rigen el Cosmos y el devenir diario que nos
hace actuar de determinadas formas sin caer en el caos.
Nuestra tribu ha
crecido y sobrepasamos los 6.000.000.000 millones de seres humanos,
población, que siguiendo a los menos alarmistas, puede duplicar su número
en los próximos 25 años. Social y culturalmente somos tremendamente
diversos y heterogéneos. En mi humilde opinión, en la actualidad existen dos problemas
realmente condicionantes de todos los demás:
1.- El fenómeno
político de la globalización que no garantiza la igualdad entre los pueblos,
obvia descaradamente los valores culturales y étnicos que marcan la
idiosincrasia de cada uno de nosotros y que nos engrandecen dentro de la
“multiculturalidad”. Establece una dicotomía muy abierta en cuanto al
control por los sistemas monetarios internacionales de este proceso, donde
Norte y Sur, Riqueza y Pobreza, quedan sometidos a políticas
supranacionales y ante una evidente falta de participación directa de los
países “del tercer o cuarto mundo” –entre los que se hallan algunos de
Latinoamérica. La muerte por inanición no se produce sólo en los países
Subsaharianos y Africanos en general o en otras zonas deprimidas más o
menos próximas o ante calamidades de fuerza mayor, sino que constituyen un
azote diario en los países Mesoamericanos, donde Derechos Universales,
como la lucha contra la hambruna, la salud o la educación huelgan por su
ausencia, mientras que la corrupción política embebe las pozas casi yermas
de una ciudadanía, desgraciadamente, acostumbrada a la convivir entre la
opulencia de unos pocos y la ausencia de lo más elemental de la gran
mayoría.
Muchas de estas y
otras políticas globales nacen del G-8, marcado recientemente por los miserables
atentados de Londres, pero que desgraciadamente corresponden a una visión
parcial e ineludiblemente interesada de la realidad actual. Por este motivo
llevo muchos años participando en
los denominados “foros alternativos”, donde sí se realiza un análisis
sistemático de los problemas socio-políticos de todos estos países que no
están representados en tan ilustres encuentros.
La idea alternativa es la
de Aldea Global, entendiendo como tal, aquella que progresivamente sea
capaz de garantizar y consolidar el desarrollo e infraestructuras
suficientes en aquellos países que no tienen nada, sin adentrarnos en su
situación política actual y garantizando sus propias características
socioculturales. Un proceso que nace de la prerrogativa básica de la
igualdad entre todos los seres humanos y de la necesidad de alcanzar un
clima de estabilidad y paz mundial.
Las Democracias, en mayúsculas, no pueden
imponerse mediante “bombas inteligentes” e invasiones territoriales como
en el caso de Irak; no se puede vender al mundo la necesidad urgente de
“guerras preventivas” contra Estados soberanos –aunque asistamos a auténticas
tiranías sangrientas-, porque el baño de sangre nace a partir de las
imposiciones de los invasores y las guerras civiles que se producen por estas
mismas causas. Tampoco es lícito intentar la auto-justificación de lo
injustificable, afirmando que es un método de lucha contra el terrorismo,
sea del tipo que sea, porque, como se ha podido comprobar, éste se nutre
precisamente de esas mismas "bombas inteligentes" que destruyen familias
y/o poblaciones completas, acrecentando el círculo del odio. Cuando lo que se pretende a toda costa es el crecimiento de las
reservas petrolíferas de estados cuyo crecimiento de esta demanda es
geométrico y exige en sus planteamientos una dotación de hidrocarburos, en
un plan a treinta años vista, que supera sus propias expectativas como país
explotador e importador, como sucede con los EEUU, no se puede enarbolar
ninguna bandera de "Justicia Infinita". Los objetivos, en este sentido, de
este país son muy estrictos e incluyen la invasión de otros en condiciones
de una demanda energética incapaz de cubrir las necesidades propias.
Como entenderán no me
interesan las prerrogativas que un Estado, actualmente Imperio, pueda
atribuirse, siempre que les liciten a invasiones programadas de otros ante
el oro negro o por motivos geoestratégicos, como Afganistán, puerta
abierta hacia el Índico de los recursos acumulados en las ex-colonias de
la URRSS, donde evidentemente no es lo mismo realizar un oleoducto de
5.000 Km. que otro de 15.000 Km. Desgraciadamente las guerras se
cuantifican en gastos y beneficios. Existen más de un centenar de países
sometidos a dictaduras mucho más feroces y sangrientas que las anteriores
que no entran dentro del “eje del mal” -actualmente poliedro adaptable a
las circunstancias-. Los estrategas militares del
Pentágono conocen sobradamente estos términos y por estos motivos países
como Pakistán o Corea del Norte quedan
descartados por su propio proceso de capitalización altamente competitivo
y por la imposibilidad de realizar invasiones bélicas sin inconcebibles
derramamientos de sangre. Mientras, otros tantos, sí quedan señalados por
el dedo acusador del Imperio que está en pleno reajuste económico en la
balanza de beneficios, aportada por sendas Cruzadas. En cualquier caso,
"La violencia es el último recurso del incompetente", como afirmara
brillantemente Isaac Asimov, sea quién sea el que la practique o se la
denomine como se quiera.
España, Inglaterra,
Francia, Holanda y Alemania –en África- actuaron en otras épocas de la
historia de la misma forma; en la actualidad, los españoles somos un
simple satélite de la esfera política del Imperio y, antes del atentado de
Madrid, abogaba en foros internacionales por la retirada paulatina de
nuestras tropas. No voy a entrar a juzgar al anterior ejecutivo que,
evidentemente realizó actuaciones de importante trascendencia para España
y confirmó un notable crecimiento superior al de los demás Estados
miembros de la UE. Pero como súbdito y librepensador de mi país creo que
nunca habríamos de haber estado en la reunión de las Azores. Gran parte de
las Democracias europeas comenzaron a "larvarse" ante la Revolución Francesa.
Los principios de Igualdad, Libertad y Fraternidad fueron –y siguen
siendo- el punto de apoyo de un cambio ideológico sin parangón dentro de
Europa. Los franceses en general –con todos sus defectos y virtudes-
asumen su papel democrático de base, y cuando se han manifestado contra el
borrador de la Constitución Europea, tengo por cierto que no corresponde a
facciones políticas determinadas –que se han apuntado el acierto o
menoscabo-, sino a su idiosincrasia aprendida de comprometerse con aquello
que leen o les comunican. Si bien es un varapalo para la unión política de
la UE, considero como positivo que se estudie con más detenimiento el
texto, se limen asperezas y entonces, sólo entonces, podamos afirmar que
los políticos que nos defienden en estas instancias nos representan.
2.- Las actuales
problemáticas ambientales. He incluido este punto
en segundo lugar para que no dejaran de leer el primero –aunque de hecho
debería constituirlo-. Desde mediados del siglo XVIII hasta nuestros días,
donde nacieron conceptos como la Revolución Industrial y otros tantos, las
sociedades occidentales han progresado enormemente. Este progreso no ha
sido tanto autógeno, sino exógeno; es decir, las materias primas han
llegado a nosotros a través de países en vías de desarrollo o sin
desarrollo autóctono. Entre los hábitats y entornos más afectados podemos
destacar los siguientes.
Humedales y zonas
forestales: como datos objetivos llama la atención que el 70% de los
humedales conocidos como tales en la primera década del siglo XX, han
desaparecido en la actualidad, correspondiendo a los mismos los mayores
grados de biodiversidad y tan sólo, comparables a los arrecifes de coral o
a las selvas tropicales. El periodo decimonónico constituyó en gran parte
de Andalucía y otros lugares de la Península Ibérica el acta de defunción
de los bosques mediterráneos autóctonos. Durante este siglo desaparecieron
en las provincias de Almería y Murcia el 80% de los recursos forestales de
esta gran área, hoy conocida internacionalmente como la más árida de
Europa, donde los procesos de desertización parecen irrefrenables.
A mediados del Siglo
IXX, el cronista español Pascual Madof, relata con exactitud –casi
milimétrica- la desaparición de la mayoría de los bosques del Sur y
Levante español, así como de los de las tierras de ultramar.
Como comprenderán este
no ha sido un fenómeno intrínseco a España en su conjunto, sino común a la
mayor parte del Planeta Agua. El análisis de estas cuestiones aparece
cuando la capacidad de regeneración natural –incluso ayudada
antrópicamente: reforestaciones, prevención y lucha contra incendios
forestales-, es 600 veces inferior a la capacidad autógena de regeneración
–Araujo, 1992-. En Centroamérica el nivel de talas supera las 145.000 Has.
de bosque tropical, mientras que en El Amazonas –incluyendo a todos los
países colindantes- más de 1.000.000 de hectáreas anuales. En África, el
Continente olvidado, las pérdidas entre Sabanas y Selvas ha superado los
2/3 iniciales y cuantificados a principios del siglo XX, circunstancias
que son extremas en la isla de Madagascar, donde en un solo siglo ha
desaparecido más del 90% de su superficie arbolada.
En el continente
asiático, la situación es incluso más dramática al haber desaparecido el
95% de los humedales y estar en una dinámica de deforestación masiva que
incluye a las zonas de tundra.
La
desaparición de hábitats específicos va relacionada directamente con
poblaciones concretas y la de ecosistemas con biocenosis determinadas.
Mares, océanos y
zonas litorales:
existen datos que nos podrían hacer recapacitar a todos. Durante los
últimos 50 años, las especies correspondientes al vértice de las cadenas
tróficas –predadores de otras especies y que acumulan en su organismo
elementos acumulativos (mamíferos marinos y grandes peces)-, presentan
concentraciones de DDT y tumoraciones ligadas al empleo masivo de este
insecticida, prohibido en la mayor parte del Planeta.
Según las últimas
exploraciones realizadas por diferentes organizaciones internacionales, en
mar abierto –océanos- nuestra presencia en forma de insecticidas y
residuos derivados del petróleo
se encuentra en márgenes inferiores a 20 millas náuticas. En el
Mediterráneo la media es de ½ milla náutica; teniendo en cuenta que este
mar se autorregenera en períodos superiores a 100 años, según las
previsiones más optimistas, su grado de degradación no supera al de
depuración natural de sus aguas, por lo cual la desaparición de hábitats y
ecosistemas será un hecho si las políticas ambientales y de organización
del territorio de su cuenca no cambian
radicalmente.
Por
otra parte, en las zonas litorales y desembocaduras de grandes ríos se
concentran gran parte de explotaciones e industrias de diferente orden, así
como son, proporcionalmente, las más pobladas del Planeta Azul. Una
combinación especialmente compleja para estas zonas donde freza gran parte
de los recursos pesqueros aún existentes.
Disminución de las
reservas de agua potable y su caos distributivo a nivel planetario:
quizá constituya el principal problema
para todas las generaciones que nos sobrevivan. La adecuada repartición
del H2O ha constituido la base principal de todas las culturas
ancestrales y actuales. Nuestra dependencia del liquido elemento es tal
que sin él somos incapaces de sobrevivir en el Planeta Azul. Pese a los
avances tecnológicos actuales sobre la desalinización de aguas marinas y/o
continentales, la mayor parte de nuestros cursos superficiales de agua,
así como los subterráneos se encuentran gravemente contaminados y
sobreexplotados. Podremos sobrevivir sin combustibles fósiles mediante
energías alternativas, pero jamás sin agua potable. Quizá la captación y
la utilización de las mismas constituya a medio plazo, una nueva
estrategia para la realización de "guerras preventivas". El desarrollo y
abaratamiento de costes de la desalinización mediante el aprovechamiento
de la energía solar, tendría que ser no sólo una recomendación, sino una
exigencia ante la ONU, actualmente con seria deficiencias como para actuar
por sí misma, a través de su multitud de órganos, sin el beneplácito del
Imperio.
Capa de Ozono:
Es uno de los gases atmosféricos situados en la estratosfera y su
vinculación inmediata con nuestra salud es la de protegernos contra los
rayos ultravioletas, que son un vector directo en la manifestación de
diferentes afectaciones en nuestra piel, incluyendo el cáncer de piel. Su
deterioro no es casual sino que se debe a la gran cantidad de CFC -
Clorofluorocarbonos-
que liberamos a la atmósfera.
Efecto invernadero:
el aumento masivo de CO2 a la atmósfera produce elevadas
concentraciones de este gas. Si bien su función en el equilibrio biótico
es también la de regulador natural de la radiación solar sobre la
superficie terrestre. Si su concentración aumenta exponencialmente actúa
como efecto rebote de estos fotones que son devueltos a la biosfera,
produciendo un aumento anómalo del calor en la superficie terrestre.
El cambio climático
es una constante a lo largo de la historia geológica del Planeta Tierra.
Las desviaciones del eje rotatorio, han constituido lo que hoy conocemos como glaciaciones
y los consiguientes
periodos interglaciares, con una duración intermedia de unos 20.000 años.
El problema surge cuando alteramos drásticamente los parámetros que
influyen en esta dinámica. Su aceleración hace que actualmente nos
encontramos ante fenómenos que ponen en peligro la existencia de la vida
en el planeta, incapaz de adaptarse biológicamente a transformaciones tan
drásticas y de magnitudes tan transcendentes como el impacto de grandes
meteoritos a lo largo de la vida geológica del mundo. El aumento, comprobado con
modelos matemáticos, de 3 a 5º C -probablemente superiores debido al
oscurecimiento global- en ambos hemisferios, implica no sólo la
alteración del eje rotatorio de Tierra, sino un proceso ya iniciado de
descongelación de los Polos. Este fenómeno actúa directamente sobre otros
parámetros, como la intensidad y localización de precipitaciones, las
denominadas "olas de calor" que han afectado a Europa en el último lustro
y efectos de dimensiones imprevisibles como "El Niño" que ha convertido
páramos desiertos en Latinoamérica, en inmensos lodazales que han
comprometido –y matado- a seres humanos e inhabilitado sus terrenos
productivos. Este tipo de fenómenos se dan en todos los continentes,
aunque sólo unos pocos se difundan.
Si el fenómeno
continúa a este ritmo muchas ciudades litorales verán decrecer
progresivamente su suelo urbano y se verán obligadas a migrar a cotas de
mayor altura sobre el nivel del mar, la desaparición de especies se
multiplicará por la destrucción de sus hábitats, y dejaremos un legado de
alerta a las generaciones que nos sobrevivirán.
¿Cómo combatir este
problema? Parece que lo único que aminora el proceso del cambio
climático en su conjunto es la disminución
de CO2. Sin embargo, hay que contar con el fenómeno de
oscurecimiento global, debido a la emisión a la atmósfera terrestre de
miles de millones de toneladas de partículas contaminantes, lo que según
los últimos estudios climatológicos realizados, hace que los cálculos
sobre modelos matemáticos del aumento de la temperatura global, estén
ofreciendo unos resultados preocupantemente inferiores a la real
trascendencia de este último parámetro. En otras palabras; la disminución
de la contaminación por partículas a la atmósfera, debe ser paralela a la
de CO2. El principal contaminador mundial
lo constituyen los EEUU, seguidos de cerca de la UE. El protocolo de
Kyoto, que no cumplen muchos países –entre los que destacan los EEUU-, es
simplemente un método que nos permita retardar tales catástrofes naturales
e intentar buscar otros recursos técnicos para combatirlas. La
implantación de las denominadas "energías renovables", no depende sólo de
la adecuación tecnológica del mundo industrializado, sino de el mayor
negocio crematístico -nunca mejor dicho- en el ámbito global como es el
mercado de los hidrocarburos fósiles, que es cada vez más productivo
conforme la demanda aumenta y la obtención de este recurso limitado
disminuye.
Ante estos dos grandes bloques de problemáticas, el primer paso es tomar
conciencia de que nos acompañan y acompañarán el futuro; el segundo
analizar pormenorizadamente sus orígenes; el tercero establecer
estrategias para afrontarlos, sabiendo a priori que algunos serán
crónicos y connaturales a nuestra existencia y a nuestro la de nuestro
planeta; en cuarto y último lugar, si bien pueden afrontarse soluciones
globales, jamás podemos entenderlas como fórmulas magistrales, sino
paliativos que si realmente pretenden ser efectivos tendrán que adaptarse
a las particularidades de la multiculturalidad y diversidad de nuestro
viejo planeta. Si a esto sumamos buenas dosis de pacifismo, tolerancia y
respeto por la vida en todas sus formas quizá, sólo quizá, podremos
iniciar una desaceleración en el proceso de destrucción planetaria, de la
humanidad y de todos nuestros compañeros de viaje.
Es
curioso, pero estos principios -en su caso sobre el origen del
sufrimiento- son similares a los que hace más de 2.500 años
Siddhartha Gautama, al que
posteriormente conocimos como Buda, transmitió en una sociedad llena de
castas, donde los
Brahmanes dictaban el devenir
de las personas desde su nacimiento, como sucede, dependiendo de la zona
en la que uno alumbre dentro del Planeta Azul.
Quizá no sean precisos tantos nuevos desarrollos programáticos, sino un
ejercicio de la memoria colectiva de nuestro patrimonio histórico y
filosófico, observar dónde fallamos y poner en práctica aquellos otros que
triunfaron apoyándose en la fuerza de la razón, pero jamás en la razón de
la fuerza; es decir en el más común de los sentidos.
José Javier Matamala
García
Almería - España
Editor de Almediam:
http://almeriware.net/almediam/
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