ALGO MÁS QUE PALABRAS
LO
DIFÍCIL DE VENCER ES CONVENCER
25-07-05
Creo
que hay tareas ciudadanas que están en el olvido, aletargadas por el
hielo de la pasividad e indiferencia, cuando deberían ser alentadas y
premiadas. Una de esas labores, es la del diálogo para acrecentar
acuerdos que acuerden colaborar para combatir el terrorismo. Pensamos
que con sujetar, recluir, derrotar o rendir al enemigo, tenemos
asegurada la tranquilidad de despertarnos cada mañana sin sobresaltos;
obviando que, lo difícil y sensato, es: convencer antes, para vencer
después. Al terrorista que encuentra su motivación en el deseo de
alcanzar un más allá religioso, hay que hacerle ver (y vivir)
racionalmente su confusión para que no vuelva a las andadas. Las rejas
no son la solución. Rajarlo tampoco, es una persona. Hemos de estar a
favor de la vida, de toda vida. Convendría, pues, analizar los factores
de riesgo que llevan a las personas a volverse peor que los animales,
una bestia en el más puro sentido del término. Olvidamos que toda causa
que deshumaniza, a posteriori, tiene su efecto de rabia y venganza.
Para empezar, estimo, que deberíamos prestar mayor atención
a esos niños que nacen y crecen indefensos en lugares donde la
violencia es el pan nuestro de cada día. Habría que aplicar un plan de
ayuda de emergencia. Son muchos los chavales que precisan asistencia, no
sólo económica, también psicológica. No basta con darles unas simples
migajas, urge estar alerta para que el entorno sea propicio, proteja sus
vidas, los sueños y el futuro. Los gobiernos por si mismos, o con ayuda
de otros, deben obligarse a proporcionar servicios básicos a toda la
ciudadanía. Algunos terroristas ven sus acciones como una forma de curar
las heridas de una humillación personal, adoctrinando estas criaturas
impúberes. Al mundo todavía le falta agudizar el oído y beber las
palabras de los que no tienen voz, prestar atención a sus consejos,
dialogar antes de sacar juicios apresurados.
Esto de prevalecer los unos sobre los otros, sin miramiento
alguno al presunto derrotado, tiene pocas luces convivenciales, puesto
que conlleva efectos secundarios que pueden avivarse en cualquier
momento. Es como ese fuego que parece estar apagado y al menor soplo de
aire se enciende. Aplicar la fuerza bruta para rendir al enemigo, debe
ser lo último. Hay que ir a la búsqueda de los antecedentes del engaño,
de la corrupción, y demás oscuros pensamientos, para luego digerir y
expresar, con inteligencia y convicción, que la vida es para vivirla.
Ahí está el ejemplo de Ana María Matute, persona culta y mujer de
horizontes libres, activando las ganas de vivir en un mundo que siega
vidas a cualquier precio. Asegura que el mejor regalo que se le puede
hacer a su edad es la de estar viva, la de dejarle vivir. Tal y como
está el patio, que a uno le permitan respirar, se está poniendo
complicado. Desde luego, esta existencia es demasiado corta para que la
volvamos insoportable.
Hay que exigir a
todos los mandatarios del mundo que convenzan mediante una cultura de
pensamiento y de luz. Porque nuestra patria ya es el mundo y la mejor
hazaña siempre será hacer el bien, aunque nos paguen con mal. Tenemos
que vivir en la poesía y menos en el poder, en la claridad y huir de la
sombra. Si hemos de ser constructores, seámoslo del saber, de la
conciencia crítica, de la energía creadora. Resulta incomprensible aquel
gobierno que ante un problema tiene pereza por resolverlo, o no informa
del mismo a sus ciudadanos, ni argumenta sus posiciones para convencer
al contrario, ni tampoco escucha para responder. Al final revienta todo
en crispación y en salidas de tono que descomponen a cualquiera, a los
de un bando y otro; hasta perder el rumbo más humano y enriquecedor, el
del sentido común.
Volviendo a la
convincente Ana María Matute, de que “la palabra es lo más bello que se
ha creado”, a su salvadora dicción y a esa búsqueda constante de la
palabra, labor a la que se consagra a diario, el caudaloso diario de su
vida, considero oportuno elevar ese lenguaje a las atmósferas actuales
ahogadas de tensión social por doquier esquina y que, sumidas en la
desesperación, pueden llegar a pensar que no existe otra semántica de
limpieza que la de tirar a matar. La firmeza democrática cuando escucha
a todos, y a todos extiende su mano protectora, la convicción en unos
valores morales cuando se ejemplarizan, es una buena manera de incitar a
cambiar comportamientos. No podemos quedar en la palabrería, o hundirnos
en el pesimismo, el ejemplo sembrado es la mejor guía.
Por ello, la
referencia a un diálogo sincero, sin la moneda de la hipocresía por
medio, es vital para que las divisiones del mundo se achiquen. Al mundo
no se le puede vencer por las armas, tampoco por las bombas, ni tratar
de persuadirlo a través de la mentira. Para meter al mundo en cintura
hay que priorizar los valores del entendimiento, sin falsas promesas.
Luego, meterlo en razón, donándose cada cual a las sílabas del viento.
Limpios los caminos, hay que meter en costura el verso y darse buenas
dosis de abrazos. A los enemigos hay que volverlos amigos. Hay que
revivir los valores auténticos. La autenticidad de la palabra dada,
hemos de resucitarla, antes que los nubarrones de un ciclón de guerras
nos rompa el cielo del alma; y, el alma del cielo, nos abandone. Vuelvo
al principio, en que lo difícil de vencer, es convencer. Una acertada
conquista sería mostrar el valor humano (en democracia) y envainar
poderes que para nada dignifican a la persona, porque no son
democráticos. Que la vida no deje de ser nunca una senda de esperanza,
con cada aurora de sol, depende de todos nosotros, de cada uno de
nosotros. Nadie debe quedar fuera de juego.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -