ALGO MÁS QUE PALABRAS
UN
MUNDO EN ALERTA
08-07-05
Medio
mundo mira de reojo al otro medio y nadie queda a salvo. El rascacielos
del odio es tan bravo como la venganza de un mar picado. Saltan chispas
en doquier mar y, en tierra, el terror es diluvio diario entre
civilizaciones incivilizadas dispuestas a cargarse la vida, a las que
habría que civilizar con un diálogo más del corazón, puesto que en el
alma del ser humano se da la aspiración del bien. Se dice que para hacer
frente al terrorismo que vive hoy el mundo, es necesaria una respuesta
internacional sin fisuras, pero también pienso que tenemos que trabajar
en abrirnos alianzas entre unos y otros, crear un clima de convivencia
más humana.
Un mundo en estado de alerta, o de alarma, o alarmado por el terror,
precisa de unos cuidados de interioridad y de interiorización ciudadana,
para llegar al redescubrimiento de la belleza existencial, más allá de
los horizontes limitados por poderes mundanos, que todo lo reducen a un
cultivo cultural sumergido en el materialismo atroz y en el consumismo
más bestial. Un mundo cebado por el rencor, enconado en la
irreverencia, no puede llegar a ser un lugar de encuentro, de vida y de
verso. La comprensión sí que es un buen germen para que nazca un mundo
distinto al actual, empotrado en el límite incesante de la catástrofe;
un mundo menos distante en corazones y más sabio en vivir para los
demás, una buena manera de también vivir para sí.
En cualquier caso, este diluvio de acciones salvajes y de coacciones
feroces, de tomar la justicia como cada cual le venga en gana, es una
forma de morir deshumanizadamente toda la humanidad. Frente a tanta
incomprensión e intolerancia entre culturas que han de compartir una
misma vida, lo más sensato es buscar abecedarios de reconciliación y
conciliar posturas. Aunque tenemos el derecho a defendernos del terror,
también tenemos el deber de hacer hasta lo imposible para que no se
produzca la barbarie. Quien mata cultiva sentimientos de desprecio hacia
al mundo, hacia sí mismo y hacia todos. Piensa que la verdad en la que
cree, la libertad en la que sueña, la justicia a la que aspira, se
impone a mano armada. Por ello, es vital que las culturas se cultiven en
propuestas de vida, lejos de bandos intimidatorios y de toda violación a
la dignidad de la persona.
Con buen tino, los líderes del G8 anunciaron su intención de incrementar
la cooperación para proteger los transportes de posibles ataques
terroristas. “Trabajaremos para mejorar” a la hora de “compartir
información sobre el movimiento de terroristas por las fronteras
internacionales”. Ciertamente, en estos tiempos azarosos toda
colaboración es necesaria; pero, a lo anterior, sumemos un níveo tono
que lo da el perdón para reponerse y ponerse en conversación, antes que
el timbre de la paz se pare; y, con ello, el corazón del mundo, ahogado
por el terror, deje de latir para todos.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -