ALGO MÁS QUE PALABRAS
ESE
TRISTE PEREGRINO
31-07-05
Cuando
el calor aprieta, o la depresión me alcanza, suelo huir a las soledades
de los clásicos en busca de
aire, a respirar sus sílabas; y, después de pasarme un tiempo
arropado por el silencio de la belleza, retorno a este ruedo de salvajes
con más poesía en el alma, dispuesto a combatir con la metáfora,
(siempre con ella para romper frialdades), poniéndome del lado de
aquellos humanos que la sociedad no los considera productivos, ni con
derecho a una digna calidad de vida. Para andar conmigo necesito andar
con ellos, y si debo sacrificar alguna ración del bienestar propio me
importa más bien poco, en contra de esa otra mayoría que propone reducir
el número de comensales en la mesa de la humanidad, no se vaya a
racionar el derroche de gozos que, egoístamente, se llevan a los labios
cada día. Pienso que sería lo racional de ese hombre, bautizado por Lope
de Vega como “ese triste peregrino”, la de compartir y fraternizar.
Volviendo el sueño apacible a la lectura sugestiva de Lope de Vega,
encadenado el paladar a este terceto, donde “el alma y cuerpo son las
diferencias; / el cuerpo tierra, el alma cielo alcanza, / y las virtudes
son las diligencias”; uno llega a la común raíz existencial de combatir
la locura del que nada tolera por su torpe ceguera fanática. El amor
contra el odio, la verdad contra la mentira, es innato en “ese triste
peregrino”. Es un tronco común del bien contra el mal, que no puede
troncharse. Si tuviésemos más cercana la virtud de la prudencia y del
consenso, dejaríamos de levantar muros en espacios comunes.
A uno le cuesta entender, por bajar al tormento de la noticia, que la
prioridad para algunos de nuestros políticos sea la de parcelar España
como nación y propugne la estupidez de una soberanía mezquina, cuando
todavía hay muchos ciudadanos carentes de lo básico, debido a un
desamparo total en política social y económica, cuestión que no cuadra
en un marco equitativo de estabilidad económica de una patria común.
La ética debe estar inspirada en el encuentro compartido y no en una
serie de indicaciones o sueños irrealizables. Se trata de un ensamblarse
de amor, “ese triste peregrino” ahogado en un mundo material, refugiado
en callejones sin salida. Para calmar esa sed de infinito que hoy
poseemos, se precisa renovar lo humano e innovar el saber con el
abecedario del universo, siempre vivo y siempre cultivado. Si uno se
encuentra en este centro poético, pétalo de vida, la alegría se lleva
consigo. Vemos, con frecuencia, que para desarrollar un trabajo no es
suficiente la profesionalidad, las muchas titulaciones conseguidas, sino
más bien el que pone alma en lo que hace. Es necesario el amor por hacer
bien las cosas. Esto tiene una dimensión profundamente mística.
Capacidad y mérito, pues, no es suficiente para desarrollarnos como
personas, precisamos establecer un intercambio de bienes. Por desgracia,
esta sociedad nos pone el cebo del consumo como guinda a llevar a la
boca. Confusión grande el que así saborea la vida, puesto que la
satisfacción resurge de la solidaridad, de la cooperación entre todos y
de la interdependencia de todos.
Es en el verano cuando “ese triste peregrino” suele viajar más. Ahí está
esa nube de coches y personas. Algeciras recibe el mayor aluvión. Si nos
alegra que el buen funcionamiento y coordinación de todos los
dispositivos evita que se colapse el puerto algecireño, no menos gozo
percibimos cuando el encuentro genera un
clima de buen
entendimiento y armonía. Esto nos enriquece a todos para una mejor
convivencia en el mundo. Sin duda, es una ocasión propicia para la
solidaridad. Nos hace ver otras culturas y otros cultivos,
tomar conciencia de la responsabilidad que todos
tenemos con respecto a diversas formas de vida y a las situaciones de
miseria y explotación que sufren tantas personas en numerosos países del
mundo.
Ahora, “ese triste peregrino” tendrá un anzuelo menos. Otro gozo más que
me bebo para regocijo del espíritu. La Unión Europea espera (y servidor
lo desea) que la directiva comunitaria que prohíbe la publicidad del
tabaco, ya entrada en vigor, haga disminuir el apego a ser chimenea de
humo y acreciente el afecto por ser cauce de verso. Lo mismo habría que
hacer con la pornografía y la continua exaltación a la violencia en
televisiones y otros medios. En la misma línea; resulta bochornoso, a
estas alturas de siglo, la información suministrada por ciertos
comunicadores y determinadas empresas insensibles a norma ética alguna.
Olvidan, (quiero pensar que no es adrede), que la sociedad tiene el
derecho a la información basada en la veracidad, desde una libertad que
no lastime el bien de la generalidad.
La poesía me vuelve a dar el norte al artículo. Bajo el torno del
ingenioso y singular Lope de Vega, que en la poesía vive para esta
tierra de sombras y luces, apunta libre cuando dice: “creer sospechas y
negar verdades/ es lo que llaman en el mundo ausencia, / fuego en el
alma y en la vida infierno”. A lo que servidor, repunta: érase una vez
“ese triste peregrino” que pensando llegar antes a un destino, a la
ciudad donde saciar el cuerpo, olvidó el alma y se armó la baile de la
dependencia al hocico de labio grueso. De tanto consumir el tiempo
viciadamente, se volvió ciego. Una curva la tomó recta y se topó con la
hora suprema. Por no escuchar la conciencia prefirió quedarse también
sordo. Igualmente perdió el tacto y el gusto por hacer contacto sin
gesto humano alguno. Regresó muerto de pena, porque le faltó corazón
para seguir viviendo. De este modo, malgastó su tiempo libre y la vida
no volvió atrás.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -