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MUERTES SIEMPRE
IRRACIONALES
18-07-05
La
muerte de diecisiete militares españoles al estrellarse un helicóptero en
Afganistán el pasado día 16 de agosto, viste nuevamente de luto a las
fuerzas armadas españolas que, en 2002, desplegaron un contingente de 850
militares desde la invasión de este país –reducido posteriormente-, tras
los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York. Bajo el mando de la ONU
y con base en Herat los datos actuales aún son contradictorios, aunque
apuntan a un accidente aéreo debido a las fuertes ráfagas de viento que se
produjeron antes del mortal desenlace.
Desde estas líneas
queremos transmitir nuestro más sincero pésame a sus familiares y amigos,
especialmente por su labor humanitaria tras una guerra que no iniciaron y
con la firme voluntad de reconstrucción de un país hecho escombros.
Lloramos amargamente su pérdida irreparable y pedimos que sean los
últimos, así como que su esfuerzo y tesón sean recompensados ampliamente,
no sólo con los honores castrenses, sino con la indemnización a sus
familias y el reconocimiento mediático de su labor.
Actualmente, más de
2.000
militares españoles
participan en operaciones de mantenimiento de la paz en el exterior,
principalmente en Kosovo, Bosnia, Afganistán y Haití.
Más de
tres cuartas partes de los soldados españoles fallecidos están
relacionados con la participación española en los conflictos de Irak y
Afganistán. Así, desde mayo del 2003 hubo 89 víctimas mortales entre los
distintos efectivos que tomaron parte de una u otra forma en los dos
países en los que intervino la comunidad internacional a raíz de los
atentados contra las torres gemelas de Nueva York, en septiembre del 2001.
El ejército
español comenzó a participar en misiones en el exterior en 1989. Desde
entonces, 60.000 militares han colaborado en 42 operaciones de paz y ayuda
humanitaria que han costado a los contribuyentes 2.500 millones de euros,
según la información del Ministerio de Defensa.
Guerras ajenas
Las tropas españolas de
los tres Ejércitos han participado en conflictos bélicos iniciados por
otros países. Hombres y mujeres, alejados de su tierra, han dejado sus
vidas en países desconocidos para ellos y ellas, ante guerras fraticidas o
“guerras preventivas”. La herida o muerte de algunos de los mismos no
justifica la participación de tropas españolas en el exterior, en
conflictos que nada tienen que ver con la soberanía nacional y/o los
tratados establecidos con la OTAN.
Tratado de las
Azores
La imagen de Buch,
Blair y Aznar en las Islas Azores, apoyando la invasión de Irak ante sus
“armas de destrucción masiva”, pasará a la historia como uno de los
momentos más tristes de la democracia española, cuyo pueblo,
mayoritariamente, repudió tal intervención.
Cientos de miles de
muertos, mujeres, niños, ancianos, hombres de un país dominado por una
feroz dictadura, dieron sus vidas ante bombardeos “inteligentes” de bombas
de racimo y misiles enriquecidos con elementos radiactivos, por la
libertad y la democracia impuesta. Por un imperio que desconoce la
idiosincrasia de esta cuna de civilizaciones, que ignora y desprecia a la
comunidad musulmana, sus facciones y sus propias confrontaciones internas.
Conseguido el objetivo
–la obtención de petróleo gratuito ante las disensiones con Arabia
Saudita- el clima de guerra civil está en la calle y en memos de treinta
días mueren más personas que la de todos los ejércitos de la coalición en
su conjunto desde el inicio de su intervención… pero no salen en la CNN y
por lo tanto no existen.
No es necesario ser un
avezado politólogo para aseverar que los intereses de los EEUU no pasan
por la pacificación de la zona, es más, su inestabilidad garantiza otras
acciones bélicas en el futuro. La mayor parte de los conflictos del
entorno tienen un denominador común: la inexistencia de una coexistencia
pacífica entre Palestina e Israel. Resulta irracional que un pueblo
sometido al mayor holocausto de la historia, practique las mismas técnicas
fascistas con sus vecinos, apoyados –como no- por los Lobbies Judios que
son en gran medida los responsables de las elecciones de los “Césares del
Nuevo Imperio”.
Ni la
auto-descalificada ONU, ni los países o coaliciones con peso internacional
-incluyendo a la Liga Árabe-, han apostado lo suficiente para la solución
pacífica de este polvorín que salpica todo el escenario global. Mientras
no se encuentre una solución pacífica y satisfactoria entre ambos estados,
la inestabilidad regional y de su amplio entorno de influencia estará
garantizada.
Matar moscas a
cañonazos
Parece ser que para
algunas mentes prodigiosas esta es la solución ante el terrorismo
internacional. Parece que nadie está dispuesto a investigar el origen de
los mismos, fomentar la acción policial interestatal y establecer las
medidas políticas oportunas para que la barbarie se traduzca en diálogo
sin que esto se convierta en un escándalo mediático de forma automática,
por parte de la oposición de turno. No dejo de afirmar que estamos
tratando con sicarios confesos y practicantes, pero tampoco renuncio al
ejercicio del diálogo como una vía de solución. En cualquier caso, los
españoles sabemos bien que invadir países no es la solución.
La lucha contra el
terrorismo debe de cumplir tres objetivos prioritarios:
- Análisis de las conductas antisistema.
- Determinación y localización de los
activistas.
- Establecimiento de mecanismos de diálogo y
abandono de la lucha armada.
Globalización o
Aldea Global
Similares pero
contrapuestos. No se puede generar un clima de confianza internacional
basado en el neoliberalismo y en fórmulas de enajenación cultural, para
encima consolidar un estatus bien marcado entre Norte y Sur, Riqueza y
Pobreza. Este no es el camino y quien lo invoca se equivoca.
La
antítesis en el concepto de Aldea Global, entendiendo como tal, aquella
que progresivamente sea capaz de garantizar y consolidar el desarrollo e
infraestructuras suficientes en aquellos países que no tienen nada, sin
adentrarnos en su situación política actual y garantizando sus propias
características socioculturales. Un proceso que nace de la prerrogativa
básica de la igualdad entre todos los seres humanos y de la necesidad de
alcanzar un clima de estabilidad y paz mundial.
Pacifismo y antimilitarismo
El
primer concepto va arraigando en la mentalidad de muchos ciudadanos del
Planeta Azul; el segundo aún se considera utópico –lo mismo sucedía con el
primero hace no más de dos décadas-. La necesidad de la defensa es uno de
los mayores mercados internacionales de divisas, a la altura del tráfico
de drogas, o de la industria farmacéutica. Es decir un emporio contra el
cual es muy difícil luchar. Lo que no sería una utopía es la limitación de
este tráfico de armas, cuando los países con mayores problemas de
desarrollo socioeconómico constituyen los mayores compradores de
armamento. El control de este mercado es una asignatura pendiente para los
países fabricantes y para los organismos supranacionales. Desarrollar
estrategias conjuntas es un compromiso de todos y de todas.
José Javier Matamala
García
Almería - España
Editor de Almediam:
http://almeriware.net/almediam/
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