ALGO MÁS QUE PALABRAS
RECHAZOS, HACHAZOS, RECOGIDAS Y ACOGIDAS
22-08-05
Los
cimientos de la idea clásica de persona, como ser soberano y libre,
dueño de si y señor de la naturaleza, manantial de luz en cuanto a valor
y verdad, ya no son lo que eran. Todo está sujeto a un vendaval de
absurdos que, en no pocas ocasiones, se traga la propia libertad de cada
uno. El patio de los vivos anda repleto de contrariedades, coexisten
rechazos galopantes, hachazos que nos quitan la vida, recogidas de
intereses y acogidas interesadas. El revolcón de miserias es bestial,
mientras todas las cosas materiales suben, la especie humana baja.
Cualquiera se acoge al derecho de dejarte tirado en la cuneta como una
bolsa de plástico. Andamos por los suelos. Cada día valemos menos como
personas. Para colmo de males, estamos endeudados hasta los dientes.
Como sigamos así tenemos que colgar la dentadura. La situación del
sector exterior nos ha dado un nuevo hachazo a los bolsillos, se agrava
mes a mes por la falta de competitividad de nuestras exportaciones y por
el constante descenso de los ingresos por turismo. Dicen los entendidos,
con sus recogidas alarmas, que debemos hacer un curso de formación y
reciclaje para ser competitivos y apetitosos. En una de estas nos van a
pedir que nos dejemos merendar, con bajada de pantalones incluida, por
el guaperas de don dinero. Somos así de cretinos.
Para tomar boca, es una lástima que se haya perdido el corte de mangas
cuando no hay más narices que ejecutarlo. Lo del hachazo, en un ambiente
de reyerta continua, también se suele dar a traición para desgracia del confiado. Todo esto es un problema
de educación. O sea de estilos, que diría un señor lingüista. De no
saber estar y ser. El Papa se lo ha dicho bien claro a los jóvenes. En
el mundo actual hay un fuerte sentimiento de frustración. Que se lo
digan a los psicólogos y psiquiatras que no dan abasto en las consultas.
También convive un extraño olvido de Dios junto a una malentendida
religiosidad folclórica a la que muchos consideran un producto de
consumo más, de los que hay en el mercado de esta galopante esclavitud
que padecemos y sufrimos. Es la religiosidad a la carta. Acudimos a los
templos como si fuese un restaurante al que acudir para calmar el
hambre. Y pedimos unas cosas que son muy difíciles de cocinar con las
manos manchadas de desamores. Sin amor es muy complicado que los labios
muevan verso y el verso salga del alma. No tiene sentido pasar de largo
ante los que sufren, cerrar el corazón a cal y canto, y luego darnos
golpes de pecho como figurines en procesión.
Eso de que seamos esponjas de un mercado productor que no entiende de
sentimientos, tiene su precio en desdicha. Contra estos vicios, la
enseñanza es el vehículo apropiado para cambiar conductas. Sólo desde
una sana comunicación de ideas y convicciones se puede acoger el
verdadero alimento del alma que no es otro que instruirse e instruirse.
La palabra, unida al ejemplo, contribuye a la educación de la mente. Al
fin y al cabo, los discípulos son la biografía del maestro. El discurso
reciente de Benedicto XVI a representantes musulmanes, puede ponernos en
el camino, de que solamente juntos, cristianos y musulmanes, como
podíamos decir blancos o negros, hemos de afrontar los numerosos
desafíos que nuestro tiempo nos plantea. No hay espacio para la apatía y
el desinterés, y menos aún para la parcialidad y el sectarismo. No
podemos ceder al miedo, ni al pesimismo de los rechazos y hachazos.
Debemos más bien fomentar el optimismo con acogidas de corazón y
verdadera superación ética de los instintos.
Para contrarrestar tantos desmanes, considero vital fomentar foros que
reúnan al más alto nivel a personas y países. El próximo otoño,
la Comunidad Iberoamericana
de Naciones tiene la ambición de hablar, desde la universitaria ciudad
de Salamanca, con una voz propia en el mundo y hacerlo a favor de la
legalidad internacional, del multilateralismo, del papel de Naciones
Unidas y de la defensa del diálogo y la negociación como mejores maneras
de resolver los conflictos, la problemática de los rechazos y hachazos o
el mal uso de recogidas y acogidas. Es una buena noticia que ha de tomar
sustancia real. Me parece de justicia que Iberoamérica, frente a una
Europa desconcertante, aspire a crear un modelo de espacio común en pro
de la democracia, de la cohesión social y territorial, del desarrollo
sostenible y de los derechos humanos. Las iniciativas de canjear deuda
por educación o la misma propuesta de la carta cultural Iberoamericana,
es un buen método para cerrar prisiones y abrir nuevos horizontes. Ya lo
dijo ese genio que fue Pitágoras: Educad a los niños y no será necesario
castigar a los hombres.
Otra buena manera de neutralizar rechazos y hachazos pasa por purificar
pasiones. El arte alivia preocupaciones. Teniendo en cuenta que las
conductas, como las enfermedades, se contagian de unos a otros, la
última idea del genial pianista y director de orquesta Daniel Barenboim
de llegar a la ciudad de Ramala en Cisjordania con la West-Eastern Divan
Orchestra dispuesto a romper los muros de odio que separan a las
personas, haciéndolo con la mejor arma de construcción masiva, la
música, me parece un comportamiento del más alto grado educativo para el
mundo, puesto que domar a la vida, por la dulzura de los sonidos, cuando
menos entretiene y distrae los malos pensamientos. Al final todo se
reduce a la persona y su mundo de relaciones, dada la explosión de
exigencias independentistas y de autodeterminación, de protagonismo
individual con derecho a la diferencia como fuerza de orgullo. Hay que
repensar, pues, la cuestión del ser humano como especie frágil frente a
poderes devoradores de personas. No es bueno que el mundo se quede sin
ciudadanos pensantes, fracasados y sin fuerzas. Una retirada a tiempo
del ninguneo, no es ninguna derrota.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -