ALGO MÁS QUE PALABRAS
PALABRAS QUE QUIEREN SER VIDA PARA
LA VIDA
DE OLGA RAMOS
25-08-05
Ella
fue el alma del verbo y el verso de un violín que hizo del cuplé un
viento de castizas sensaciones y un arte, entre pícaro y popular, que
invita al diálogo o a la conquista del sueño. Se nos ha ido la gran
señora Olga Ramos, la historia viva de los café conciertos de Madrid a
los que tuve la dicha de acudir para crecerme en la poesía o recrearme
en la finura, como antaño lo hicieron literatos de cátedra o políticos
de postín. Por siempre su nombre quedará grabado al casticismo
madrileño, una forma de ver y de vivir la vida, y a esos salones
noctámbulos cupletistas de señorial atmósfera y socarrones
divertimentos. Tuvo el don de conquistar todos los públicos y de
reconquistar profundas pasiones. Tenía una elegancia innata, exquisita
en el decir, una mirada escénica y un aire de cercanía que hacia grande
lo que empezó a
llamarse género ínfimo, tal vez por sus atrevidas letras,
aunque salidas de los labios de esta reina cupletista todo quedaba
purificado, porque la forma de cantar y sentir marchaban juntas, al
unísono de un universo entregado al encanto de vivir.
La
ingeniosa Olga Ramos tenía la virtud de provocar una alegría entre
inocente y pura. Consigo iba la inspiración que daba vida a unas letras
para llegar al corazón. Son muchos los que han querido imitarle, pero el
talento es inimitable. Su vida ha sido una vida vivida de crónicas
cantadas, mediante la destreza de un bellísimo género de tactos, gestos
sugerentes y sentimientos hondos. Lo mismo hacía soltar una lágrima en
un silencioso auditorio que una carcajada en un vivo teatro. Al compás
de un violín estremecedor la historia nos enternece de recuerdos. Son
aquellos años efervescentes al cuplé, a la reunión de buenas y dulces
costumbres, que unía personas variopintas y fomentaba conversaciones de
estima y autoestima de la mente a nobles aspiraciones. El respetable
bullicio generado entorno a esta colosal manifestación artística, con
lluvia de pensamientos y palabras, músicas y cantares, hacía de las
noches una noche irrepetible, casi siempre ensortijadas de luna y
estrellas o de algodonales mecedoras con encandiladas emociones
siderales. Gracias a esta dama de buen cantar y mejor hacer, el encanto
y la pasión por este arte, sienta cátedra entre el honorable gentío y,
en consecuencia, se rescata del destierro tan sublime despertar de
melodías.
Ciertamente, Olga Ramos, puso voz al cuplé y pedestal a un paisaje de sonidos armónicos. Sí, como se ha escrito, la
música es la ley natural relatada para el sentido del oído, la maestría
de esta cupletista de vocación robusta ha sellado para siempre un
afectivo y efectivo canto, el mejor alivio para ahuyentar penas. Ha sido
creativa hasta llegar a lo más grande y convertirse en la auténtica
representación de la elegancia a una canción corta y ligera, que no
cortante ni hiriente, porque las cosas hechas con gracia tienen ese
estado de belleza que cautiva y enamora. Ella lo tenía porque era mucho
el amor que ponía en el arte para el que se había formado (y mamado, con
perdón), en un Madrid entre cuplés y canciones, en las tablas de la
vida y en el escenario de un recinto, donde la música es un eco que
reconforta y renueva.
La
cupletista que supo alegrarse con cada amanecer y alegrarnos con su
timbre de semánticas, nos ha dicho adiós en esta estación de paso que es
la vida. Estamos seguros que, desde su nueva morada de la eternidad del
tiempo, nos entonará, con todo el vigor que le caracterizaba, el último
cuplé de una vida que se nos da y la merecemos dándola. Ella la dio (y
la donó) continuamente, con su arte y con su vida. Ahí están los
derechos de la canción “Di que no” para el Plan Municipal contra la
Droga y tantas otras obras que se fueron con ella, en silencio, como los
verdaderos artistas de corazón y vida.
Víctor Corcoba Herrero
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Escritor -