Vamos bien!, …dice Zapatero

Escrito por: Miguel de Arriba en Economía, Ética, Empresas, Gobierno. 01-06-07

Parece que nuestro sistema judicial está inmerso desde hace un tiempo en una vorágine, que nada bueno puede traernos a los ciudadanos y por supuesto al Estado mismo.

Es muy claro, al menos lo es para mi, que de los tres poderes que conforman el mencionado Estado es el Judicial el más importante si lo tenemos como el responsable de que el fiel de la balanza no se desvíe y de esa forma se pueda mantener la convivencia de los ciudadanos de una forma civilizada sin obligarlos a vivir bajo la ley de la selva.

Quería escribir algo sobre el triunfalismo desbordado de nuestro Presidente de Gobierno al hablar de la economía española (también su optimismo está desbordado en otros temas, pero yo soy economista); sin embargo, investigando me he dado cuenta que ya otros lo han hecho y además en términos con los que coincido totalmente.

Tras estas líneas encontrarán dos breves escritos que definen muy bien la situación real de lo que está ocurriendo en el plano económico. Además es imprescindible, amable lector, que repase el artículo de D. Roberto Centeno publicado en diciembre del 2006, pero que no ha perdido un ápice de actualidad [leer aquí].

Por otra parte, estoy totalmente de acuerdo con Albert Einstein cuando cita:

Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real.

En cuanto que el contrato de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar.

Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas.

El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática.

Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura.

La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población.

Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación).

Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

Sí, aunque alguno de Ustedes, amables lectores, no se lo hubiesen imaginado, esto lo escribió el propio Albert Einstein en su artículo “¿Por qué el Socialismo? [leer aquí]; socialismo que evidentemente no es el que representa el Sr. Zapatero. El socialismo de nuestro Presidente (es nuestro Presidente, aunque a algunos no nos guste) es más parecido al “socialismo” de Alí Babá y sus cuarenta ladrones, por los actos de corrupción que han protagonizado cuando han tenido en sus manos la Administración Pública. Muchos de ellos ya juzgados y con sus responsables encarcelados, incluidos Ministros, como es de conocimiento público.

¿Todos los españoles van sobre ruedas o “estos” [leer aquí] españoles van bien?

En definitiva, ¡Vamos bien! … ¿y la oposición (léase PP)?, …¡bien, gracias! …jajaja

ooooooooooOoooooooooo

Crecemos, pero ¿quién lo nota?
Fernando Berrendero

“El mejor año económico de la democracia”. Así definió 2006 Zapatero en su informe ante los principales accionistas en la Bolsa de Madrid. El presidente desplegó datos que para algunos foros hacen pensar en un “milagro” económico español: empresas que encadenan beneficios y crecimiento sostenido del PIB. Pero la situación tiene poco de milagrosa para la mayoría de la población, que ve dispararse su endeudamiento y precarizarse sus condiciones de vida.

Tras una década con unas tasas de crecimiento económico que asombraban al resto de países europeos, y después de ver que algunas empresas españolas (BSCH, Repsol, Telefónica, etc.) se han “tragado” multitud de empresas de otros países, nos podemos preguntar: ¿cuándo tanta bonanza económica va a llegar a nuestros bolsillos? Lejos de atar a los perros con longaniza, nos encontramos con que la ciudadanía cada vez tiene que apretarse más el cinturón, los jóvenes ven imposible la idea de emanciparse por falta de recursos hasta que prácticamente dejan de ser jóvenes, y los matrimonios son reacios a tener hijos hasta casi los 40.

En adición a esto, vemos que cada vez más a menudo aparecen bancos que están deseando prestarnos grandes cantidades de dinero en 24 horas y sin hacer preguntas; al 25% de interés, eso sí.

Lo sorprendente es que para algunas personas sea la solución menos mala. Bien mirado, no es tan extraño si tenemos en cuenta la contención salarial que vino pareja al “España va bien”, los desorbitados precios de la vivienda (que también han provocado el asombro en toda Europa) y la carestía de la vida (con mayúsculas desde la llegada del euro). ¿Qué indican los indicadores? Si tan bien va la economía española, ¿cómo puede suceder esto? La respuesta es sencilla: el crecimiento económico mide el incremento en el valor de los bienes y servicios producidos en un país.

Ante los históricos beneficios de las empresas (basados en la contención salarial) y la escalada de precios, sobre todo en vivienda, el PIB necesariamente tiene que reflejar un notable incremento. Dicho de otro modo, nuestro modelo de crecimiento se ha sustentado en salarios bajos y precios altos, para que las empresas hayan podido obtener grandes beneficios, que se han visto traducidos en un incremento del PIB.

España va bien. “¿Para quién?”, podríamos preguntarnos. La economía crece, en el extranjero se refieren a las empresas nacionales como “la nueva armada española”, y la revista Forbes nos incluye en la lista de países con mayor número de ricos; pero lo cierto es que los empleos son cada vez peores, los salarios han ido perdiendo poder adquisitivo hasta situarse en su nivel más bajo desde hace diez años, y nos vemos condenados a una especie de cadena perpetua: encadenados a nuestra hipoteca de por vida. Así, podemos ver que las grandes fortunas de nuestro país se han construido sobre la base del relativo empobrecimiento de los demás. Y es que España sigue siendo diferente.

Un milagro que no sale de la Bolsa
Miguel Angel de Lucas

Según la macroecononomía, somos más ricos. Pero la gente cada vez tiene menos dinero.

Para quienes leen las páginas salmón de los periódicos, echar un ojo a las gráficas ascendentes de la Bolsa puede dar la impresión de que la economía española marcha a todo gas. El Producto Interior Bruto (PIB), la medida empleada por los analistas para medir los bienes y servicios producidos en un país, no ha dejado de crecer en los últimos cinco años. Un avance que entusiasma al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. En la presentación de su balance económico en la Bolsa de Madrid, Zapatero definía a 2006 como “el mejor año económico de la democracia”.

Entre el público, formado por los mayores empresarios españoles, no faltaron aplausos. No en vano, las grandes empresas encadenan 12 trimestres seguidos de ganancias. Sólo los primeros tres meses de 2007 les dan más de 11.000 millones de beneficios.

Tanta prosperidad, sin embargo, no se extiende mucho más allá de las puertas de la Bolsa. A ras de suelo los datos son otros. Cabe fijarse en los niveles de endeudamiento. Según la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), el 55% de la población reconoce tener dificultades para llegar a fin de mes. Y en los últimos años la tasa de ahorro familiar no deja de disminuir. Más del 60% de los hogares, directamente, “no pueden ahorrar nada”.

A ello contribuye el aumento de precios de los servicios básicos. A comienzos de 2007 la mayoría de ellos subía por encima de la inflación. La luz se encareció un 2,8% para usuarios domésticos. La cuota de abono mensual a Telefónica, un 2%. Para estrenar el año RENFE también hacía subir los servicios de cercanías un 3,7% a partir del 1 de enero. Y la vivienda es capítulo aparte. En 2007 aumentó su precio en un 7,2%, aunque el Ministerio de María Antonia Trujillo lo ha mostrado como una buena noticia: no deja de ser la menor subida desde 1998.

Pero el alza de precios no se ve acompañado por un proceso similar en los salarios. Según el Indicador Laboral de Comunidades Autónomas IESE-Adecco, el valor del salario medio se encuentra “en el mismo nivel que tuvo en 1997”. En consecuencia, conforme las empresas alcanzaban cifras históricas, “en los últimos nueve años los españoles no han disfrutado de una mejora global en el poder de compra”.

Aumenta la desigualdad

Todo esto lo reflejan gráficas menos conocidas. Así, mientras el Estado español se sitúa en el quinto puesto de Europa en atención al PIB, sus habitantes ocupan el puesto 13 en lo que se refiere a su poder adquisitivo. Y la economía española se sitúa como la tercera en “mayor desigualdad de distribución de renta”, un indicador que se calcula dividiendo el número de veces que la riqueza del 20% de la población supera la del 20% más pobre. En concreto, en el caso español, esa diferencia es de 5,5 veces: la distancia que media entre quienes se fascinan por el crecimiento español y quienes tienen que contener cada mañana la tentación de hacer caso a la tormenta de anuncios de crédito rápido que proliferan conforme aumenta el endeudamiento de los hogares.

Empresarios más ricos, empleados más pobres

CONSTRUCCIÓN

Las estadísticas dicen que la locomotora de la economía está sólo por detrás de la industria en la media de retribución a sus empleados. La media, como siempre, resulta engañosa: los 17.600 euros anuales percibidos como media por los empleados del sector según el INE están lejos de los 6,5 euros brutos por hora que han estado cobrando los peones en las obras de la M-30 en Madrid. Encabezados por Rafael del Pino (Ferrovial), cinco de los diez españoles más ricos según Forbes son constructores.

BANCA

Dos grandes del sector se situaron a finales de 2006 entre las tres empresas españolas con más beneficios: la primera, el Santander de Emilio Botín, ganó un 22% más (7.596 millones); la tercera (tras Telefónica), el BBVA de Francisco González, se llevó un 24% más (4.735 millones) que en 2005. Según publicaba Gara, González percibe una retribución 500 veces superior (9,78 millones en 2005) a la de un empleado medio del BBVA. Tras años de pérdidas de poder adquisitivo, los sindicatos intentan arañar para el nuevo convenio de banca privada una subida salarial del 4%.

ADMINISTRACIONES

La diferencia entre lo que gasta y lo que ingresa el Estado supuso en 2006 un 1,8% del PIB, es decir, unos 17.900 millones de euros a favor de las cuentas estatales. Aún así, los funcionarios de las diferentes administraciones, con grandes diferencias según la zona donde vivan, han soportado en los últimos 14 años una pérdida de poder adquisitivo del 13%, con dos años (‘94 y ‘97) de congelación salarial.

PRENSA

Los equilibrios legales a los que recurren las empresas hacen difícil hablar de unas condiciones medias del sector. En las agencias es normal encontrarse larguísimas jornadas pagadas con salarios de 500 o 600 euros mensuales. La precariedad y las bajas remuneraciones son la norma en la mayoría de redacciones. La figura del falso autónomo (‘colaborador esporádico’ al que puede encontrarse a diario en el puesto de trabajo) es un clásico de los contratos. Todo ello en una de las profesiones con menores niveles de afiliación y actividad sindical, y donde empresas como PRISA obtienen beneficios de más de 150 millones de euros al año.

 

* Tomado de Rebelión