CAYUCOS DESESPERADOS
Por Manuel Marrero Morales
Canarias, considerada en la Unión Europea como Región
Ultraperiférica, es la frontera suroeste de la UE. A 1.500
kilómetros de las costas peninsulares y a 100 de las del Sáhara.
Islas atlánticas, geográficamente africanas, política y
culturalmente europeas, con lazos estrechos con el continente
americano debido a las oleadas migratorias de siglos anteriores, con
una población de 2 millones de personas y una recepción anual de
turistas en torno a los 12 millones asentados sobre 7.447 kilómetros
cuadrados, serían el 5º Estado más rico del continente negro, si
fueran independientes. Frente a una densidad media europea de 116 y
española de 86, el archipiélago llega a los 257 habitantes por
kilómetro cuadrado.
África es un continente que está sufriendo graves crisis de forma
permanente: hambrunas, ocasionadas por la sequía y desertización, o
por la deficiente gestión de los recursos hídricos; los conflictos
violentos, que ocasionan crisis repetidas y prolongadas, con miles
de muertos y grandes desplazamientos de refugiados; la ausencia o
insuficiencia de instituciones políticas, económicas o sociales, que
impide una evolución hacia condiciones más favorables.
África arrastra en la piel de su paisaje y en las entrañas de sus
habitantes una secular supeditación a los intereses europeos.
Francia, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña, Italia, Alemania, Suecia,
España,... han ido esquilmando sus cuantiosas riquezas minerales,
vegetales, animales e incluso humanas. Su conformación en los
actuales estados, se corresponde con las arbitrarias decisiones de
los mandatarios europeos durante el siglo XIX. Su descolonización
tardía, y la forma en que fue hecha, ha traído consigo la
continuidad de estrechas relaciones de dependencia con sus antiguas
metrópolis, y la instalación de las multinacionales que todo lo
esquilman y ha propiciado un caldo de cultivo para el asentamiento
de la corrupción.
África es un continente empobrecido y explotado en el que sus
habitantes no son dueños de las riquezas naturales. Esa deplorable
situación, unida a las graves y continuas crisis, trae consigo que
los jóvenes de esta aldea global quieran emigrar hacia el norte
rico, hacia el norte donde hay comida y condiciones dignas de vida.
Vienen a intentar disfrutar de las migajas del banquete de la
opulencia. El 50 % de la población es menor de 18 años.
Y, en ese gesto desesperado de supervivencia, se juegan la vida en
unas barquichuelas que han ido aumentando su tamaño, y por tanto su
capacidad de transporte, pero no su seguridad, en la medida en que
les han ido colocando impedimentos y la travesía cada vez es más
larga. La pobreza los obliga a ser héroes anónimos y varios miles
han perecido en el intento.
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La historia que se
repite |
Durante el año 2005 arribaron a las costas canarias unos cinco mil,
que ya superan los 25.000 en los primeros ocho meses y medio de
2006. Cuando desde Canarias se pide ayuda al Estado o a la UE, lo
que hacen es enviar más policías, algunos helicópteros o algún barco
de la armada.
Se proponen ponerle vallas al mar. No han superado el paradigma de
la “Europa-Fortaleza inexpugnable”, que marca por igual la política
de conservadores y socialdemócratas y, además, hacen anuncios de
"tolerancia cero y lucha sin cuartel contra la inmigración ilegal",
obviando cualquier debate sobre las causas de los flujos migratorios
y su incidencia en las sociedades.
El problema de los flujos migratorios obligados, bien sean de
carácter económico o por razones humanitarias o causas políticas, no
es un asunto coyuntural sino estructural, y no valen ni las medidas
policiales ni las tímidas legalizaciones, ni siquiera las
devoluciones de los sin papeles a sus países de origen. Se está
atendiendo a las consecuencias, pero no a las causas. Se está
ofreciendo una infusión de menta-poleo para curar el sida o el
cáncer. Estamos ante una gravísima situación de emergencia
humanitaria. Y los países ricos tienen la obligación de atenderla.
Penoso espectáculo preelectoral nos están ofreciendo en todo el
Estado PP y PSOE, con el asunto del ‘efecto llamada’ usado como arma
arrojadiza y las múltiples e incapaces modificaciones legales para
regularizar la situación de los sin papeles. El PP se ha tirado al
monte y el PSOE no quiere diferenciarse en exceso y le sigue a la
zaga.
Nuestros políticos desconocen África y quieren ignorar los efectos
perversos de la globalización que, por otro lado, con tanto ímpetu
defienden. De los 36 países catalogados por la ONU como PMA (países
menos adelantados), 29 se encuentran en África. La sociedad
española, en general, desconoce África. Como ejemplo valga que en el
currículum de la ESO sólo se menciona de pasada el Magreb en 3º y la
escolonización en 4º.
Y así, no se cuestiona el problema de los flujos migratorios sino
desde un punto de vista, el nuestro, el de la sociedad del
bienestar, el de la Europa fortaleza, el del que dice “lo que
necesitamos” de esos emigrantes (mano de obra barata, que ocupe los
puestos más bajos de la oferta del mercado laboral; sin reconocer
que la economía española en la última década creció 3,2 puntos el
PIB cada año, gracias a la inmigración, aumentando las cotizaciones
a la Hacienda Pública, a la Seguridad Social y al propio Fondo de
Inversiones).
Sin embargo, lo que necesita el pasaje de los cayucos desesperados
que arriban a Canarias, creciendo en número de forma exponencial, es
unas condiciones de vida digna, que atienda a sus necesidades
primarias: alimentación, salud, educación, incremento de esperanza
de vida, trabajo, ... y eso lo podrían hacer en sus propios países
generando bienestar y riqueza para los suyos si los países ricos del
norte desembolsaran, por ejemplo, el 5% del gasto militar, unos
40.000 millones de dólares y, por otra parte, no continuara el
saqueo despiadado sobre las materias primas de África.
El Parlamento canario inició el curso político en septiembre con un
presunto debate sobre la inmigración (la de los cayucos, por
supuesto). Vergüenza ajena sentimos los que tuvimos ocasión de
contemplarlo; pues dedicaron su tiempo, unos a jugar al victimismo,
otros a arrojar balones fuera, algunos al autobombo, y, en general,
se centraron en quién había solicitado y a qué emisora que dicho
debate fuera televisado y a quién beneficiaba dicho asunto. No se
aprobó siquiera una resolución, planteando exigencias y proponiendo
soluciones ante el gobierno del Estado ni ante la Unión Europea, o
adquiriendo compromisos como fuerzas políticas que gobiernan en las
islas. Triste y penoso espectáculo.
Ante la incapacidad manifiesta de nuestros políticos, estamos en la
obligación de continuar impulsando un movimiento ciudadano que
demande soluciones urgentes para este asunto y, mientras tanto,
debemos reclamar para los que arriban a nuestras costas un trato
acorde con la dignidad a la que tiene derecho todo ser humano, el
respeto del derecho de asilo y de la legislación nacional e
internacional que los salvaguarda.
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