LA ESPERANZA QUE HACE FALTA

 

Desde México, por Jesús Martínez Álvarez. 11 de marzo de 2009

jema444@gmail.com

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El pasado 9 de marzo, se publicó en un periódico nacional el artículo ¡Es la esperanza, estúpido!  del respetado Antonio Navalón. 

En este artículo, el señor Navalón destaca que, entre otras acciones, el presidente Felipe Calderón hace de la esperanza su argumento fundamental para los tiempos de crisis, reclamándole  al gabinete que “parece no entender que lo importante es mantener la esperanza”. 

No pretendo contradecir ni mucho menos descalificar el llamado de un personaje tan relevante como lo es el señor Navalón.  

Por el contrario, comparto su opinión de que todo gobernante debe mantener siempre viva la esperanza, pero esta, por sí sola, no ofrece resultado alguno si no va acompañada de acciones concretas que permitan mantener esta esperanza. 

Cuando una persona o un país se encuentra en crisis, se busca una esperanza como la posibilidad de que algo suceda, incluso sin contar con hechos ciertos que nos aseguren que lo que se espera realmente sucederá. 

Si a una falsa esperanza, le agregamos que lo que se ofrece o se dice, no concuerda con los hechos, lo único que se va a obtener como resultado son consecuencias desastrosas, que infunden temor, desencanto o desesperanza. 

La pregunta que debemos hacernos es ¿tenemos un proyecto nacional de país o solo hemos venido aceptando proyectos personales de gobierno? 

Cada sexenio, el país se inventa. De nada sirven las experiencias y los logros obtenidos durante un sexenio o una administración, olvidando que el ejercicio del poder ejecutivo se realiza a través de una administración pública, y que se requiere de continuidad y visión de largo plazo. 

La administración pública federal se ha convertido en la eterna escuela del aprendizaje. Gran parte de los secretarios llegan a aprender. Cuando ya tienen noción de su responsabilidad, o los quitan o se les terminó su tiempo. 

Hemos visto en el pasado, y lo seguimos viendo en el presente, que muchos cargos públicos son ocupados por personas que no cuentan con la experiencia y las calificaciones profesionales que se requieren para poderlo realizar con eficacia. 

Hoy, nos encontramos en circunstancias sumamente difíciles de pronosticar o incluso de prever y que probablemente, en el afán de generar esa confianza que tanta falta hace, hemos perdido de vista que se le debe dar prioridad a lo importante y no solo a lo urgente. 

A pesar de la crisis que enfrentamos, debemos aceptar que no nos sentimos comprometidos ni con el gobierno ni con el sacrificio o el esfuerzo que tenemos que realizar. El reto para el ejecutivo federal es lograr despertar el interés de todos los mexicanos, para solidarizarnos en esta lucha que nos compete a todos. 

Decía Séneca “no hay viento favorable para aquél que no sabe a dónde va”. La experiencia nos dice que para llegar a buen puerto, lo primero que debemos saber es en dónde estamos parados, y por supuesto, a dónde queremos ir, para no estar  siempre condenados a emprender muchos falsos comienzos, o seguir realizando esfuerzos dispersos y aislados del sector público y privado, y con resultados parciales, como hoy sucede. 

Dicen los que saben que para lograr el éxito en cualquier asunto, hay que querer lograrlo con intensa fuerza, hay que saber cómo hacerlo y hay que poder hacerlo. En pocas palabras, necesitamos querer, saber y poder. Si falla cualquiera de estas condiciones, lo más seguro es que las cosas no ocurran o que estemos destinados al fracaso. 

En México, al gobernante le da miedo hablar con la verdad. Por eso nos equivocamos. El discurso que escuchamos es el mismo: pretender ocultar lo evidente, distorsionar la realidad y minimizar los problemas que todo mundo advierte. El resultado genera desconfianza. 

Barack Obama, es el presidente que tiene la responsabilidad de enfrentar el mayor reto de crisis de la historia de los Estados Unidos de Norteamérica. Él, como otros estadistas, decidió hablar con la verdad: “No siempre hemos cumplido con estas responsabilidades, ya sea como gobierno o como pueblo. Digo esto no para designar culpables ni mirar hacia atrás, sino porque sólo al comprender cómo llegamos a este momento, podremos salir de este aprieto” 

Es preocupante enterarnos, hace dos días, de que solamente en siete meses fueron retirados más de 13 mil millones de dólares de bonos que inversionistas extranjeros tenían en diferentes instituciones financieras, principalmente por razones económicas, pero lo más grave es por la falta de confianza en el país. 

En la medida en que el gobierno siga actuando de manera aislada, no presente el diagnóstico correcto y no dé a conocer las acciones puntuales a seguir, paso a paso, para lograr las metas e informar, siempre informar, difícilmente podrá encontrar el respaldo y el apoyo que hoy está demandando. 

p.d. Estando en juego el prestigio de México en el caso de la ciudadana francesa ¿qué pasaría si la Comisión Binacional le hace la prueba del polígrafo a esta persona y a quienes la acusan directamente?