Momentos de reflexión y nostalgia

 

 

 


 

 

 

 

 

 

VIAJAR es algo así como transportarnos más allá de donde usualmente nos movemos, mas hay dos maneras de viajar: VIAJAR EN EL TIEMPO  y VIAJAR EN EL ESPACIO.

 

 

Viajar en el ESPACIO es un área reservada a la época de tu vida en que eres joven; viajar en el TIEMPO queda reservado para la sabiduría con que nos reviste el manto de la edad. Viajar, no obstante, es siempre atrevido y arriesgado, retador…  y hay viajes que no tienen regreso ni vuelta atrás en el espacio ni en el tiempo.

 

Viajar para aprender y viajar para conocer.

 

Las sociedades humanas, al ser aún tan tiernamente jóvenes e inmaduras piensan con la velocidad en vez de con la mente, confundiendo aquella con el tocino y ésta con la vejez… Siempre se quiere llegar antes, viajar deprisa, aunque nadie te espere en destino, aunque no vayas a ninguna parte ni de ninguna parte vengas… tendiendo puentes de incultura que faciliten nuestra continua “huida hacia adelante”; hoy no se viaja, hoy SE HUYE de uno mismo y del entorno que nos rodea, se huye de la angustia vital, y se buscan paraísos imposibles. Viajar es huir, pues viajar ha perdido hoy su esencia intrínseca de aprendizaje y conocimiento; el viajero se ha convertido en un triste turista, en un consumidor de tiempo y espacio, en un alma en pena que huye… y que en lugar de asimilar culturas, las compra y las engulle para posteriormente vomitarlas, y volver a huir al mismo lugar desde el que partió, sabiendo que iba “a ninguna parte”.

 

Las sociedades humanas, carentes de lógica y respeto por lo que las rodea, entienden en su idolatría que pasando sobre el cadáver de sus antepasados, superarán los miedos natos que les acompañan, al igual que el caníbal pensaba que comiendo el corazón de su enemigo recibiría en gracia su gran fuerza. Aún tememos grandemente presentes a los dioses y a los demonios de nuestros ancestros, y les bendecimos o maldecimos en las iglesias y templos, y les rezamos desde el miedo a la vida y desde el terror a la muerte… y construimos torres de babel que caen sobre nosotros, y adoramos a becerros de oro en festejos y procesiones, y castigamos a Eva por sus pecados primigenios y responsabilizamos a Adán por ello, en eterna sensación de culpa que nos impide vivir con dignidad y libertad… y aunque presumamos de modernidad, seguimos en cuerpo y alma siendo hijos del más oscuro medievo… Gladiadores y Circo siguen siendo la medicina del pueblo enfermo, como en la antigua Roma.

 

Y para muestra, un botón… éste que adjunto es el viejo puente de Abla en Almería (yo le llamo “el Puente de las Inculturas”), que durante más de un siglo unió nuestras tierras con el resto de la península que lleva el nombre de Iberia, casando ambas márgenes del Río Nacimiento, las más de las veces seco… entre las serranías de Filabres y de Sulayr (hoy llamada Nevada) en el cauce que conocen como “de las Villas” tendido al pie de sus vegas y cultivos otrora fértiles, y hoy yermos y abandonados; los que hemos vivido su trayecto de entonces, añoramos aquellas largas colas en que la comunicación prevalecía sobre la velocidad, aquellas épocas en que realmente se viajaba, aquellas épocas en que asomando la cabeza por la ventanilla, el avezado conductor “mandaba a freír espárragos” al camionero de turno que le había hecho perder una hora, mientras estaba atascado frente a otro camión en el puente, y se hablaba con otros viajeros, y se refrescaba el calor del estío bajo la sombra de una higuera al pie de la carretera; en aquellas carreteras que unían aquellos puentes, nos parábamos si veíamos un coche averiado para prestarle auxilio y cedíamos el paso con nuestra intermitencia luminosa para dejar pasar cortésmente a vehículos más ligeros que el nuestro. Hoy todo se ha perdido en el vacío de la imbecilidad global, de la intransigencia, de la incultura sostenible… y hemos perdido nuestros valores, entre ellos el de la comunicación y el respeto; no sufrimos ni gozamos con nosotros mismos ni con los demás, los vehículos huyen siempre despavoridos hacia ninguna parte, en el más absoluto autismo y en cuyo interior viajan sombras tristes y solitarias… y el viejo puente de piedra artesana duerme el sueño de los justos bajo esa prepotente bestia de hormigón que no va a ninguna parte, ni de ninguna parte viene, aunque luzca un ostentoso cartel que reza JUNTA DE ANDALUCÍA, como los viejos hitos que vistieran las hoy muertas calzadas romanas, o el busto de algún ilustre dictador al pie de alguna carretera adentrándose en algún perdido desierto.

 

Yo sigo prefiriendo viajar en el tiempo que viajar en el espacio, y cruzar puentes de sueños y enlazar puentes de culturas, que respeten a los que fueron antes que nosotros… honrando su memoria y agradeciendo sus enseñanzas, demostrando que nuestra sociedad humana madura día a día en vez de ser al revés… y que somos dignos de haber heredado tantos siglos de humanidad, que debieran honrarnos en vez de avergonzarnos de ellos, queriéndolos sepultar bajo nuestra triste sombra de cemento.

 

 

 

El “Puente de las Inculturas” – Abla (Almería)

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Jesús M. Contreras

 

Naturalist, Guide & Photographer

 

Almería – Spain

 

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