CINISMO, CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD

 

Desde México, por Jesús Martínez Álvarez. 24 de mayo de 2009

jema444@gmail.com

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Jesús Martínez Álvarez

El cinismo, la corrupción y la impunidad, se han convertido en virus mortales que han dañado y seguirán dañando a este país, hasta que algún gobierno tenga el valor de erradicarlos a fondo.  

El cinismo se encuentra por todas partes. Desde luego, los que llaman la atención son aquellos personajes públicos que mediante el engaño y la mentira han logrado medrar y treparse en los cargos públicos o esconderse en partidos políticos.  

Mienten con una gran facilidad. No se advierte en su actitud el más mínimo asomo de pena o de vergüenza. Logran hacerlo con gran naturalidad, como si fuera parte de su ser. No les importa el daño que ocasionan, lo importante es alcanzar el poder o resolver su problema económico. 

La corrupción aparece por todos lados, llámese sector público o privado. Pareciera ser que el clásico “el que no tranza no avanza” se ha convertido en algo natural en todos los niveles de las estructuras políticas, sociales y económicas del país.  

Qué bueno que la gran mayoría de los mexicanos no se encuentra en esta situación. Qué grave que muchos de los que actúan bajo esta divisa ocupen cargos que son sustantivos para la buena marcha de un país. 

Hace ya algunos años, el destacado jurista español Carlos Castrezana, autor de las denuncias que interpuso la Unión Progresista de Fiscales contra los militares de Argentina y de Chile, afirmó: “la impunidad es dos cosas. Primero, es el agujero negro de la justicia por donde se nos caen las víctimas, víctimas que sufren ataques gravísimos y después no encuentran protección y en segundo lugar, es la hipoteca de la democracia”.  

La impunidad existe en México, porque no vivimos en un Estado de Derecho. Requerimos que gobernantes y gobernados se sometan al imperio de la ley, empezando por los primeros. No se tiene una cultura de la legalidad. 

Qué importante es el hecho que nuestro país haya podido atender con oportunidad el virus de la influenza. Qué importante es que la Organización Mundial de la Salud haya reconocido el esfuerzo realizado por el pueblo y gobierno de México.  

Pero cuando se trata de temas de educación, salud, marginación, pobreza, desigualdad, inseguridad, definitivamente nos encontramos calificados en los peores lugares. La causa: la ausencia de una sociedad civil organizada, comprometida, exigente y vigilante de la actuación gubernamental. 

La culpa la tenemos como ciudadanía, porque hemos preferido, ante hechos evidentes, quedarnos callados en lugar de protestar, denunciar o señalar a todos aquellos que han hecho del cinismo, la corrupción y la impunidad su modo de vida. 

De basarnos en las declaraciones y la publicidad oficial que se transmite, parecería que en México se vive en un mundo feliz, porque probablemente quienes han gobernado y siguen gobernando, viven en un mundo aparte que no coincide con la realidad. 

Hace apenas unos días, el poderoso presidente de la Cámara de los Comunes de Inglaterra, se vio obligado a renunciar a su cargo por el escándalo suscitado por “gastos excesivos” como son mantenimiento de su alberca particular, comida para el perro, pañales y otros, como lo publica la prensa inglesa. 

En el caso de México, cualquier funcionario paga estos gastos y otros muy superiores, con su caja chica, con toda normalidad y sin responsabilidad alguna. Eso sin considerar el presupuesto que tiene asignado y del que en muchas ocasiones se desvían millonarias cantidades de recursos públicos. 

La pasividad ciudadana que crece cada día, es la que han aprovechado personajes como López Obrador, que toda su trayectoria se ha visto siempre marcada por el cinismo, la corrupción y la impunidad. 

Resulta risible que haya festinado el libro de Carlos Ahumada, porque se “pudo demostrar el complot”, haciendo a un lado, cínicamente, los señalamientos que ya sabíamos, y que pueden resumirse en graves actos de corrupción de su ex-secretario particular y de su operador financiero. 

Todos recordamos los videos que fueron transmitidos. A nadie le quedó duda de la corrupción de los más cercanos colaboradores de López Obrador. Éste, jamás hizo señalamiento alguno en su contra por la sencilla razón de que formaba parte de la misma. 

Cuando López Obrador se atrevió a mencionar, de manera muy leve, a Bejarano, recibió como mensaje la siguiente declaración “No soy el único en esto. Actué por solicitud expresa de algún personaje político”, que públicamente hizo este personaje el 17 de marzo de 2004. 

A Gustavo Ponce se le permitió llevar toda la información de la Secretaría de Finanzas, porque seguramente ahí estaban las pruebas del desvío de recursos que se hacía en el gobierno de la ciudad. 

Debemos poner un alto a este tipo de prácticas. Los medios de comunicación juegan un papel definitivo. Una sociedad mal informada o desinformada, está condenada a ser una sociedad secuestrada.