ALGO SE ESTÁ QUEBRANDO

 

Desde México, por Jesús Martínez Álvarez. 7 de julio de 2009

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Jesús Martínez Álvarez

Después de varios días de tensión política en Honduras, se dio un golpe de Estado. Parecía que los golpes militares eran cosa del pasado. La causa: la intención del presidente Manuel Zelaya de modificar la Constitución, buscando continuar en el poder.  

Desde luego, es condenable el golpe de estado.  El caso Honduras  debe servir de lección: un conflicto entre las élites de poder, que pone de manifiesto la fragilidad de las democracias en la región.   

Para que las lecciones tengan un efecto práctico y constructivo, es importante recordar la historia. El continente americano prácticamente se encuentra dividido en dos partes: una al norte, de origen-evolución-y progreso rápido. Y otra, la más extensa, que tropieza, avanza, retrocede, se reinventa y vuelve a caer, su nombre: América Latina. 

Al norte, los pueblos se unieron para formar naciones de empuje, legalidad y diálogo que fue generando dos sociedades democráticas. Al sur, las heridas han sido largas y dolorosas a pesar de que a veces se piensa que las democracias están consolidadas y que los problemas se encuentran superados. 

Es importante mencionar que en América Latina diversos gobiernos habían llegado al poder tras un golpe de estado, mientras que en los demás casos, habían sido producto de una guerra civil, revoluciones y desapariciones o apariciones de una nación. 

Se estima que el 30% de los golpes de estado ocurridos entre los siglos XIX y XX, desde México hasta Argentina, tuvieron apoyo de países desarrollados. Si el cálculo se delimita sólo a Centroamérica y el Caribe el porcentaje aumenta a 70. 

Un caso representativo fue el ocurrido en 1973 en Chile, aquel perpetrado por Augusto Pinochet en contra de Salvador Allende, y que recibió apoyo del gobierno estadounidense para consumarse.  

En aquellos años, era común ver a los países ricos apoderándose de los países pobres con riquezas naturales, así como a países con geografía limitada instaurando gobiernos en zonas geopolitcamente importantes. 

Estos acontecimientos permitieron que México se viera obligado a establecer y definir una política exterior de Estado, basada en principios históricos de nuestro país, entre ellos, la frase inmortal de Benito Juárez, cuando en 1867 define con toda claridad que “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.  

Tomando como referente los acontecimientos que se presentaban en América Latina, México establece en 1930 la Doctrina Estrada, siendo Secretario de Relaciones Exteriores Genaro Estrada, que en esa época envía una carta-posición a todos los embajadores de México. 

La Doctrina Estrada favorece dos principios de ética política y diplomacia internacional que pueden resumirse en lo que conocemos como: la libre autodeterminación de los pueblos y la no intervención. 

Esta Doctrina es una de las contribuciones más poderosas de México al Derecho Internacional, marca el respeto que México debe brindar a las cuestiones internas de otro país, a su régimen económico, al político, al social así como a no aprobar o reprobar el ascenso de un gobierno en perjuicio de otro por medios violentos.  

Como país externo al conflicto, refiere la Doctrina, México no debe calificar y puede ejercer su derecho de legación para promover un diálogo entre las partes involucradas. El documento mexicano, alcanzó aceptación internacional. México, como país, logró contar con prestigio y liderazgo internacional, principalmente en América Latina. 

El clima de concertaciones políticas al interior de los Estados, sumado al creciente fortalecimiento de la comunidad internacional, empezaron a trazar otros caminos para resolver los conflictos dentro de los países de América Latina. A partir de 1983, los golpes de estado se desvanecieron de manera significativa, aunque siempre han permanecido latentes. 

A partir de 1986, se han producido once golpes de estado en diferentes países de América Latina, destacando Venezuela, con tres y Bolivia, que se ha caracterizado por una inestabilidad constante durante el siglo XX. Todo esto sin considerar la veintena de golpes llamados fríos y no de estado que sufrió Argentina entre 1955 y 1970. 

Parecía que en la región habíamos entrado en una etapa de diálogo, concertación y negociación, que nos permitía resolver los conflictos de manera civilizada y en el marco de la ley. 

El pueblo hondureño sufre hoy de la violación a sus derechos humanos por la falta de entendimiento entre los distintos niveles de gobierno, por la cerrazón de unos y la obstinación de otros. 

Lamentable, porque más allá de si Manuel Zelaya se lo merecía o no, o si Roberto Micheletti hizo justicia o no, la falta de acuerdo y diálogo ha colocado al pueblo hondureño en una situación de confrontación y conflicto.   

México debe rescatar y aplicar invariablemente la Doctrina Estrada, que se perdió a partir del año 2000. Es fundamental recuperar el prestigio y liderazgo que ya se tenía en materia de política internacional.