LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

 

Desde México, por Jesús Martínez Álvarez. 19 de julio de 2009

jema444@gmail.com

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Jesús Martínez Álvarez

Tenía cierto hombre una gallina que cada día ponía un huevo de oro. Creyendo encontrar en las entrañas de la gallina una gran masa de oro, la mató; mas, al abrirla, vio que por dentro era igual a las demás gallinas. De modo que, impaciente por conseguir de una vez gran cantidad de riqueza, se privó él mismo del fruto abundante que la gallina le daba. 

Si esta fábula lo hizo pensar en Andrés Manuel López Obrador, no es casualidad. En el proceso electoral del año 2006, obtuvo un enorme capital político.  

No quiso aceptar la resolución de las autoridades electorales. Debería ser él el Presidente de la República a como diera lugar y a partir de ese momento se empeño en matar las ilusiones de todos sus simpatizantes: perdió todo su patrimonio político.  

En el año 2006, AMLO obtuvo más de 14 millones de votos, equivalentes al 35.31% de la votación. En el pasado proceso electoral del 5 de julio, escasamente obtuvo el 1.26% de los votos como resultado de su actividad política a favor de los partidos del Trabajo y Convergencia. 

Lo explico. En la elección del año 2003, similar a la realizada el pasado 5 de julio, el PT y Convergencia participaron de manera independiente, obteniendo el 2.40% y 2.26% respectivamente. Es decir, la suma de estos dos partidos, nos da el 4.66% del total de la votación. 

En la elección del 5 de julio de 2009, el PT obtuvo el 3.56% y Convergencia el 2.36%, que sumado nos da el 5.92%, lo que confirma que los votos que pudo haber incrementado López Obrador a esas franquicias, representan el 1.26%. 

Por su parte, el Partido de la Revolución Democrática, en el que aparentemente milita Andrés Manuel López Obrador, obtuvo en la pasada elección una votación escasamente superior al 12%.  

El PRD se reunió hace unos días en Michoacán, y seguramente aprovechó para realizar un diagnóstico de lo ocurrido, para tratar de corregir los errores, enmendar las fallas y tomar decisiones. 

Algunos de los asistentes a la reunión han confirmado que se habló sobre lo fundamental que resulta la unidad del partido por lo que no habrá “ajustes de cuentas” y, como sucede siempre que no se quiere tomar una decisión de fondo, se creará una comisión para “refundar el partido”. 

En esa reunión se habló de todo, sin embargo decidieron soslayar y no tratar el tema que debería haber sido el más importante: los costos y/o beneficios para el partido por la actuación de AMLO.  

Alguno de ellos se habrá preguntado ¿cuál es el costo para el PRD tras ser descalificado por uno de sus militantes más conocidos? ¿Acaso este partido no cuenta con estatutos que deben ser respetados por sus militantes? ¿Cómo afectaron las constantes riñas entre el PRD y AMLO en la votaciones? ¿Cuáles fueron los errores de las dirigencias nacional y estatales?  

Estas son preguntas que se antojan elementales, no responderlas sería tan grave como sentar el precedente de que cualquier militantes puede mandar al diablo a su partido, apoyar a otros y regresar tan campante como si nada hubiera sucedido. 

El PRD estaría cometiendo un grave error al seguir considerando a López Obrador como el principal activo de su partido. Está demostrado que no lo es y que, por el contrario, se ha convertido en el tema central de la discusión, que puede reducirse a dos alternativas: o se acepta que López Obrador puede actuar y manejar este partido como le dé la gana, o bien, se valora con todo detenimiento los costos que representaría el contar, dentro de sus filas, con un militante que más que aportar votos pareciera que tiene el objetivo de destruirlo. 

El grave error que ha cometido AMLO es no aceptar la realidad y negarse a aceptar que vivimos en un país de leyes e instituciones, sumado al rencor y la soberbia que despilfarra en sus giras y entrevistas. 

Recordemos que una vez terminada la campaña presidencial del año 2006, en un acto insólito, realizado en el zócalo de la ciudad, se auto designó “Presidente Legítimo de todos los mexicanos”, investido de la banda presidencial y como corresponde, procedió a designar a todo su gabinete. 

Nadie escapó a su furia, no había comunidad o lugar en donde el discurso no estuviera centrado en descalificaciones o mandando al diablo a las instituciones. 

Convencido de que su misión era salvar a este país, no se daba un momento de descanso. Visitaba plazas y todos aquellos lugares en donde estaban dispuestos a escucharlo. Su elevada misión no le permitía darse cuenta de que cada día eran menos los asistentes. Las alturas por las que está acostumbrado a transitar; su arrogancia le impedía voltear la vista hacia la realidad. 

Moraleja: en un momento determinado tenemos todo a nuestro alcance y  solo basta perder el piso para destruirlo todo.