CABO DE GATA, CON LOS OJOS CERRADOS

Autor: Miguel Ángel Blanco Martín (periodista)

 

Miguel Ángel Blanco Martín (periodista)

(Periodista, miembro de la Junta Rectora del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar)

(Publicado: IDEAL, 6 de enero, 2008, páginas 18 y 19)

Publicado en Almediam.org bajo expresa autorización del autor. 

Edición digital Almediam.org. 04-08-09

‘La agonía del paisaje de Cabo de Gata es inmortal’ y ‘Al principio, el horizonte fue el silencio’, son dos pensamientos que sirven de guía al lector del libro ‘El espíritu del Cabo’ (Batarro, IEA, Almería 1997). Paisaje y silencio definen el encuentro del viajero con un paisaje desde una mirada interior, una visión con los ojos cerrados. Sólo así se comprende la razón de ser de este paisaje frágil y de una belleza sorprendente. Es su principal razón de ser, con el paso del tiempo, condenado desde su fragilidad a un destino trágico, fatalista, de supervivencia. Han pasado veinte años desde su declaración como Parque Natural (23 de diciembre de 1987) y diez años de la declaración de Reserva de la Biosfera (1997). Y las razones que se esgrimieron, valores y amenazas, para su protección y conservación, permanecen todavía en pleno siglo XXI. Y más si cabe. Nunca como ahora la configuración de este territorio se ha visto tan observada y amenazada.

Con la transición a la democracia se dan los primeros pasos del movimiento ecologista, que pone su mirada vigilante en el paisaje del Cabo. En Diputación se lanza un proyecto ‘demencial’, que afortunadamente se paralizó, una carretera por la costa para unir Carboneras, San José y Cabo de Gata, respondiendo a un turismo de masas y un urbanismo especulador. En 1982 aparece el libro ‘Cabo de Gata. Guía de la Naturaleza: Perfil ecológico de una zona árida’ (Editorial Everest). Sus autores, Lorenzo García Rodríguez, Laureano Castro Nogueira, Hermelindo Castro Nogueira y José Manuel Miralles, tres biólogos y un fotógrafo de la Naturaleza, advierten ya sobre las amenazas que se ciernen sobre el territorio y estudian sus valores naturales, que son despreciados desde una óptica marcada por los modelos de la densidad arbórea del Norte. El autor del prólogo, el profesor Francisco José Purroy (Universidad de León), escribe que ‘‘para apreciar y valorar un paisaje hay que compenetrarse y descubrirlo hasta en sus destalles más humildes… Solar perseguido por la leyenda negra de la desolación, recibimos una bocanada de aire fresco al leer este informe ecológico que nos documenta sobe el peculiar ambiente de la Sierra y las Salinas de Cabo de Gata. Trabajo pionero en su género en Almería’’. Los autores estudian los dos ecosistemas del Cabo: Sierra, ‘‘auténtico laboratorio natural’’ y modelo de biotopo subdesértico mediterráneo; y las Salinas, ‘‘la zona húmeda más importante de la provincia y quizás de toda Andalucía oriental, si exceptuamos la malagueña laguna de Fuente de Piedra’’. Según el estudio, es esencial la singularidad geológica, climática, botánica y zoológica del Cabo, desde estudios sectoriales de J. A. Valverde, Antonio Cano, Rufino Sagredo, José Jaime Capel Molina.

Las amenazas principales apuntan a ‘‘incendios estivales (2.000 hectáreas de matorrales destruidas en 1979), presencia de automóviles y personas, cerca de las zonas de aves; sobrevuelo de helicópteros y avionetas”; y como principal amenaza, ‘‘la especulación de uno de los últimos tramos del litoral todavía virgen y de valores estéticos incomparables que quedan en el Mediterráneo español’’, a la par que denuncian el ‘‘caos urbanístico en San José y la construcción de la carretera de la costa’’. Los autores critican la ‘industrialización neocolonial’ de Carboneras, que ‘‘hipoteca cualquier intento de desarrollo racional de todo su entorno’’. Los autores del libro defienden ‘la belleza extraordinaria del paisaje (calas, volcanes, acantilados)’, demandan ‘‘una toma de conciencia general en busca de una fórmula jurídica que garantice la conservación de los valores de la comarca’’ y resaltan la ‘‘importancia cultural de la región como ‘laboratorio natural’ para estudios geológicos y biológicos sobre zonas áridas y como área de iniciación a la naturaleza para estudiantes de todos los niveles educativos’’.

En una reivindicación paralela el Grupo Ecologista Mediterráneo (GEM) lanza una campaña contra el proyecto de carretera de la costa y pide la declaración de Parque Natural y de Zona de Reserva Marítima. La marcha del GEM por Cabo de Gata pone el sentido colectivo ecologista en primer plano, con algunos nombres, que permanecen: José Rivera, José Guirao Cabrera, Hermelindo Castro, José Guirado, Manolo Carmona, Antonio Fernández Compán, José Luis Martínez Vidal, Manuel Falces, José Jaime Capel y un largo etcétera. El GEM informa que ‘‘como consecuencia de la falta de agua, la costa de Níjar está virgen’’ y que la agricultura intensiva y de enarenados está sacando a la zona de la secular postración. Junto al ‘gran valor ecológico y paisajístico’, están las amenazas: el proyecto de carretera de la costa; el Plan de Ordenación de la Oferta Turística de la provincia (1979) que prevé asentar 400.000 habitantes en los 200 kilómetros de costa, lo que crearía una demanda de 60 millones de litros de agua por día; falta de control urbanístico en el plan de ordenación urbana de Níjar; movimientos de tierra de Michelín; y el anuncio de prospecciones petrolíferas por la multinacional francesa Elf-Acquitania. Y una afirmación: ‘‘El turismo, tal y como se practica, es fundamentalmente antisocial’’. La marcha del GEM pide sobre todo, ‘‘garantizar la integridad física de la costa’’.

Un año después (24 de septiembre de 1988), el poeta José Ángel Valente (Ourense 1929, Ginebra, Suiza, 2000) promovió en Isleta del Moro un manifiesto que reivindicaba la identidad del Cabo, ‘‘espacio donde la naturaleza parece todavía reconocerse a sí misma y donde el hombre puede aún reconocerse en ella. Espacio que invita a la quietud del ánimo, a la contemplación o al lento movimiento sumergido en que toda creación tiene su origen’’, que aglutinó a escritores, artistas, intelectuales, creadores en general, y que fue entregado el 28 de septiembre de 1988 por José Ángel Valente a Beate Webe, presidenta de la Comisión Europa de Medio Ambiente, reunida en Almería. El ‘Manifiesto de la Isleta del Moro’ tiene como finalidad: ‘‘conservar uno de los escasos e insólitos parajes de la costa mediterránea española todavía no barbaramente destruidos, una inapreciable reserva de belleza natural’’. Y alerta sobre las amenazas, ‘‘provienen fundamentalmente de la especulación bastarda sobre el suelo, de ideas periclitadas y funestas acerca de la explotación turística y de la falta de una estructura de guarda y vigilancia de la zona’’.

Ha pasado el tiempo y, ya en el siglo XXI, nuevas amenazas urbanísticas (Algarrobito, la Fabriquilla, Marina de Aguamarga) conviven con las luces de la conservación.

Y como hace veinte años, la agonía permanece y Cabo de Gata sobrevive.

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Miguel Ángel BLANCO

(Periodista, miembro de la Junta Rectora del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar)

(Publicado: IDEAL, 6 de enero, 2008, páginas 18 y 19)