LA UNIVERSIDAD: ENTRE LA NEUTRALIDAD Y LA REPRESIÓN 

Oscar Amaya Armijo. Agosto 2009  

Sin esperarlo, la represión tocó las puertas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras UNAH, y de nada valió el escudo de la neutralidad, adoptado por las autoridades universitarias, para evadir los golpes esgrimidos por el régimen de facto.  

Nadie escapa a ello cuando se vive una realidad signada por la ilegalidad y la brutalidad, propias del salvajismo.  

Para quienes han adoptado como patrón de vida la violencia, no significan nada el iluminismo y la ilustración. Es más, se sospecha de la inteligencia, de la investigación científica; ambas son subversivas en un régimen totalitario como este.  

Es inamisible para quienes han adoptado el humanismo como norte, ver rodar por el suelo a la más alta representación de una universidad: El rector. Y, sobretodo, cuándo la rectoría la encarna una mujer como Julieta Castellanos, con suficientes méritos profesionales y técnicos para ostentar tan alto y digno cargo.  

Se puede incluso, disentir con ella sobre las formas de conducción de una universidad o no compartir sus visiones ideológicas; pero jamás ser tolerantes cuando la fuerza bruta se ensaña contra ella, como cuando el hombre vivía en el limité de la animalidad.  

Lo sucedido en la UNAH es una gran lección: no se puede ser neutral ni en el ámbito de la ciencia ni en el social. La universidad debe plegarse a la razón, a lo que debe ser, a lo que enseña la realidad. Si la verdad, después de contrastarla, es  abrumadoramente  en una dirección, y justificada por los hechos empíricos, no queda otra que plegarse a esos hechos, aunque estos no coincidan con las percepciones individuales.  

Por supuesto, no se desconoce el sueño de “neutralidad” del que hablaban los científicos positivitas de no sesgar los resultados de la investigación, pero en una sociedad dividida en clases sociales como esta, los usos de los productos científicos  se inclinarán hacia quienes ejerzan dominio económico y social.  

También se conocen los esfuerzos de los cientistas sociales de no sesgar el conocimiento adquirido, mediante la investigación social, cualquiera que sean sus métodos de acercamiento. Postura que no esconde su  inclinación al positivismo.  

En realidad, desde cualquier ángulo que se estudie la realidad hondureña, y más concretamente en el ámbito de las ciencias sociales, nadie concluirá que  no se vive una situación caracterizada por la mentira oficial, la manipulación de los hechos, la confrontación de clases, la ilegalidad implantada mediante la negación de todas las normas del derecho constitucional y la represión económica social, política y sicológica contra la mayoría de los hondureños, en beneficio de unos cuantos.  

La pureza no existe en ciencia, por esos sus verdades son relativas. La ciencia niega los paradigmas y verdades absolutas. De aquí, que la neutralidad es una entelequia desde que Kund revolucionó las formas de apreciar la ciencia.  

De allí que las autoridades universitarias deben abandonar esa neutralidad y orientar, como es su papel fundamental, de acuerdo con lo que medie entre la realidad y los hechos y no sesgarlos a priori, por las simpatías partidarias infecundas.  

Y la verdad es aplastante: la ciencia, y en gran medida la social, no respalda a quienes, aferrados a sus mezquinos intereses, convierten la vida de un pueblo en una aberración, en una pesadilla, aún cuando esto sea apoyado por un sector alienado por el cerco mediático.