EN HOMENAJE A LA MUJER
Por Manuel Francisco Matamala
García
Almería, a
8 de
marzo de 2010

Todos
los días 8 de marzo; en recuerdo de aquellas mujeres abrasadas en la fábrica
anglosajona por ser simplemente seres humanos con iguales derechos que todos
escribo algo...
En
esta ocasión mi imaginación mermada me hace rememorar un acontecimiento real
en mi consulta médica que con todo mi cariño os dedico a todas y todos.
Un
saludo entrañable
Manuel
Matamala
Único
socio hombre de la asociación de mujeres de Orcera (Jaén).
La imagen de Dios. (narrativa)
Era un día como los
habituales de consulta médica, toses, dolores, mocos, alguna febrícula y mil
papeles que rellenar para saciar la inagotable ansia burocrática de la
administración que demanda a los pacientes… antes enfermos…
La rutina informática
hacia que se me secaran los ojos y de tanto en tanto tuviera que parpadear
varias veces para aclarar la vista…
Entre tanta tarea sin
sentido entró en mi consulta médica una mujer joven acompañada por un niño,
su hijo único que como todos me tiró al suelo el instrumental, buscando los
palillos depresores de lengua que al fin agarró repartiendo el resto por el
suelo… lo miré de reojo y su madre que con voz dulce le dijo –“eso no se
hace” …
El crío era vivaz y
hablaba con gran locuacidad hecho que me llamó la atención. Después del
desmontaje de mi mesa se dirigió a mí con voz clara y me dijo: -“sabes que
yo conozco a Dios”; sin dejar intervalo de tiempo le pregunté: -“ ¿y cómo
es…?” : tan rápida como mi pregunta me contestó dando la respuesta: -“es un
señor con pelo blanco y barba grande…”.
Por un momento el
ambiente quedó en silencio y después lo interrumpí diciendo –“creo que te
equivocas…”; ante mi frase abrió mucho los ojos y su madre cruzó las
piernas y los brazos expresando corporalmente un cierto disgusto…
Tras otro silencio y
quietud del pequeño y tensa espera de la madre que lo había traído porque
tenía mocos me dirigí al pequeño sin dejar de mirar de reojo a su mamá y
dije –“ dice un proverbio que los niños siempre han comido pan con mocos”…
la madre se mostró más hierática aún en su pose...
En un afán de relajar
el ambiente me dirigí de nuevo al pequeño personaje y le volví a decir
–“como he dicho antes, creo que te equivocas en la imagen de Dios”…; volvió
a abrir sus hermosos ojos almendrados y la mirada de la madre pareció
penetrarme.
–“Sí Dios no es un
hombre barbudo de pelo canoso y largo…” ; se hizo el silencio y la
expectación…--;“¿a que no sabes donde está Dios ahora?”; sin dilación me
responde el pequeño -“pues en el cielo”.
Mirándolo con ternura
le dije estas sentidas palabras –“hijo, eso es lo que te han contado, porque
a Dios la tienes sentada detrás de ti; es una mujer que lo da y daría todo
por ti y me parece que se parece bastante a tu mamá…”.
No hizo falta que le
mandara nada para los mocos porque las lágrimas que surgieron de los ojos
aquella madre fueron tras el abrazo que recibió de su hijo la medicina que
curó su banal enfermedad…
No he vuelto a verlos
pero creo que Dios está ahí, en el ser que más nos quiere y es mujer.
Por Manuel Matamala
García
Almería, a 8 de marzo
de 2010