Sexualidad

Toda la verdad sobre las mentiras que las mujeres cuentan sobre el sexo

Escrito por Redacción

Cuando la periodista Lux Alptraum decidió ponerse a investigar acerca de ese tópico que señala que las mujeres son mentirosas por naturaleza, sabía una cosa casi con total seguridad: que ellas no dicen la verdad y utilizan sus artimañas para embaucar a los hombres era una mentira que se ha transmitido de generación en generación a través de mitos fundacionales como el de Adán y Eva. No obstante, a medida que más y más mujeres de toda clase y condición comenzaban a engrosar su archivo de entrevistas, descubrió que, en realidad, estaba equivocada. Las mujeres mienten mucho. La clave se encuentran en que suelen tener muy buenas razones para hacerlo.

Ese es el punto de partida de ‘Faking It’, publicado este mes en EEUU y en el que la antigua responsable de Fleshbot, un blog sobre sexualidad, analiza el papel que la mentira juega en la supervivencia de las mujeres. “Mentimos porque eso hace nuestras vidas diarias más sencillas, mentimos porque así nos mantenemos a salvo, mentimos porque nadie nos cree cuando decimos la verdad”, escribe Alptraum en la introducción de su libro. “Pero sobre todo, mentimos porque el mundo espera que encajemos con un estándar imposible; a menudo, es la única manera que tenemos de ir por la vida con nuestra cordura intacta”. El problema no es que engañen, sino que nadie se pregunta por qué lo hacen.

Cuando la periodista Lux Alptraum decidió ponerse a investigar acerca de ese tópico que señala que las mujeres son mentirosas por naturaleza, sabía una cosa casi con total seguridad: que ellas no dicen la verdad y utilizan sus artimañas para embaucar a los hombres era una mentira que se ha transmitido de generación en generación a través de mitos fundacionales como el de Adán y Eva. No obstante, a medida que más y más mujeres de toda clase y condición comenzaban a engrosar su archivo de entrevistas, descubrió que, en realidad, estaba equivocada. Las mujeres mienten mucho. La clave se encuentran en que suelen tener muy buenas razones para hacerlo.

Ese es el punto de partida de ‘Faking It’, publicado este mes en EEUU y en el que la antigua responsable de Fleshbot, un blog sobre sexualidad, analiza el papel que la mentira juega en la supervivencia de las mujeres. “Mentimos porque eso hace nuestras vidas diarias más sencillas, mentimos porque así nos mantenemos a salvo, mentimos porque nadie nos cree cuando decimos la verdad”, escribe Alptraum en la introducción de su libro. “Pero sobre todo, mentimos porque el mundo espera que encajemos con un estándar imposible; a menudo, es la única manera que tenemos de ir por la vida con nuestra cordura intacta”. El problema no es que engañen, sino que nadie se pregunta por qué lo hacen.

Se espera que seas buenísima en el sexo sin haberlo practicadoLa idea más popular entre hombres y mujeres, explica, es que “alteramos nuestra apariencia para fingir que somos más atractivas y eliminamos grandes fragmentos de nuestros pasados sexuales para parecer más recatadas”. No solo eso, sino que “aparentamos desinterés, fingimos orgasmos, y cuando ya no nos queda nada más por hacer, nos inventamos violaciones en un intento de destruir a cualquier hombre que nos haya tratado mal”. La propia campaña presidencial de 2016, recuerda la periodista, estuvo centrada en el enfrentamiento entre la “mentirosa” Hillary y el sincero Trump, que no dejaba de calificar a su adversaria con el adjetivo “crooked” (“deshonesta”).

El sexo es el terreno donde esta trampa social se hace más manifiesta. Las mujeres mienten sobre sus orgasmos, sobre sus deseos, sobre su virginidad. “Especialmente en una relación de pareja, se espera que seas buenísima en el sexo, pero que nunca lo hayas practicado”, explica la colaboradora de medios como ‘The New York Times’, ‘The Guardian’ o ‘Cosmpolitan’, en una entrevista con ‘Salon’. Obviamente, es imposible satisfacer tal demanda. No es tan solo una cuestión de satisfacción sexual: en algunos contextos estas mentiras son incluso una cuestión de vida o muerte, como ocurre en Egipto con la virginidad.

Cuando la periodista Lux Alptraum decidió ponerse a investigar acerca de ese tópico que señala que las mujeres son mentirosas por naturaleza, sabía una cosa casi con total seguridad: que ellas no dicen la verdad y utilizan sus artimañas para embaucar a los hombres era una mentira que se ha transmitido de generación en generación a través de mitos fundacionales como el de Adán y Eva. No obstante, a medida que más y más mujeres de toda clase y condición comenzaban a engrosar su archivo de entrevistas, descubrió que, en realidad, estaba equivocada. Las mujeres mienten mucho. La clave se encuentran en que suelen tener muy buenas razones para hacerlo.

Ese es el punto de partida de ‘Faking It’, publicado este mes en EEUU y en el que la antigua responsable de Fleshbot, un blog sobre sexualidad, analiza el papel que la mentira juega en la supervivencia de las mujeres. “Mentimos porque eso hace nuestras vidas diarias más sencillas, mentimos porque así nos mantenemos a salvo, mentimos porque nadie nos cree cuando decimos la verdad”, escribe Alptraum en la introducción de su libro. “Pero sobre todo, mentimos porque el mundo espera que encajemos con un estándar imposible; a menudo, es la única manera que tenemos de ir por la vida con nuestra cordura intacta”. El problema no es que engañen, sino que nadie se pregunta por qué lo hacen.

Se espera que seas buenísima en el sexo sin haberlo practicadoLa idea más popular entre hombres y mujeres, explica, es que “alteramos nuestra apariencia para fingir que somos más atractivas y eliminamos grandes fragmentos de nuestros pasados sexuales para parecer más recatadas”. No solo eso, sino que “aparentamos desinterés, fingimos orgasmos, y cuando ya no nos queda nada más por hacer, nos inventamos violaciones en un intento de destruir a cualquier hombre que nos haya tratado mal”. La propia campaña presidencial de 2016, recuerda la periodista, estuvo centrada en el enfrentamiento entre la “mentirosa” Hillary y el sincero Trump, que no dejaba de calificar a su adversaria con el adjetivo “crooked” (“deshonesta”).

El sexo es el terreno donde esta trampa social se hace más manifiesta. Las mujeres mienten sobre sus orgasmos, sobre sus deseos, sobre su virginidad. “Especialmente en una relación de pareja, se espera que seas buenísima en el sexo, pero que nunca lo hayas practicado”, explica la colaboradora de medios como ‘The New York Times’, ‘The Guardian’ o ‘Cosmpolitan’, en una entrevista con ‘Salon’. Obviamente, es imposible satisfacer tal demanda. No es tan solo una cuestión de satisfacción sexual: en algunos contextos estas mentiras son incluso una cuestión de vida o muerte, como ocurre en Egipto con la virginidad.

¿Cuáles son las mentiras más habituales? Alptraum desvela, por ejemplo, que una bastante frecuente a la hora de acostarse con alguien en una relación casual es inventarse que se ha olvidado de tomar la píldora para obligar a los hombres a utilizar preservativo. También, salir por la tangente ante el flirteo de un hombre aduciendo que “ya tengo novio”. Esta última situación sintetiza la paradoja con la que deben convivir las mujeres: ellos se sienten ofendidos porque “quieren sentir que tienen acceso a cualquier mujer que no esté pillada”, pero las propias mujeres también se castigan a sí mismas al censurar esas mentiras prácticas por “traidoras”, especialmente desde cierto sector del feminismo.

El misterio del orgasmo

Para la periodista quizá no haya mejor mentira que los orgasmos fingidos, y la idea que de ellos se ofrece en medios de comunicación y conversaciones cotidianas, para comprender la trampa social que desde un lado y otro castiga a las mujeres a comportarse como no querrían. Alptraum no duda y se declara una firme defensora de fingir orgasmos. Quizá no sea lo ideal, recuerda, pero por lo general, se trata de un síntoma de que algo más profundo late bajo la superficie. Poner los ojos en blanco mientras se hace el amor aunque no se esté sintiendo nada no implica necesariamente ni que la que lo hace sea una traidora ni que tenga una vida sexual insatisfactoria.

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